Miradas de peces

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Foto de Ania Beltrán

Es como si el corazón se hubiese descolgado ,o hubiese caido por su propio peso, para pasar a bombear sangre desde el lugar en que habitualmente se ubica el estómago. El hilo por el que se ha efectuado el descenso parece atascado en la garganta, y la imposibilidad de respirar con normalidad me despierta súbitamente a las dos menos cuarto de la mañana. Maldito reloj biológico programado a horas intempestivas, para las segundas partes diabólicas, aunque éstas no lleguen nunca. Muros de silencios para palabras que se rompen por distancias que se agrandan. Castañeo de dientes de una víctima súbita de hipotermia.Desazón ante la discordancia de recuerdos que se entremezclan con historias que empiezan a encajar. Maraña oscura de negros y grises para noches largas que dejan miradas de peces. Cavidades de un azul amoratado, donde se alberga el veneno que busca un sitio visible a los ojos del mundo. Dicen que entronca con los vasos comunicantes que llevan a las pupilas. Será por eso que me resulta tan terapeútico llorar, para purificarme, o borrarte con H2O como si fuera un desinfectante. Y que cada gemido no placentero formule un conjuro para ahuyentar el dolor, para que te pierdas con él y yo pueda  estar así en paz con el vacío.

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Marta Lázaro Soler

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