{"id":136,"date":"2014-05-14T01:08:00","date_gmt":"2014-05-13T23:08:00","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/?p=136"},"modified":"2015-09-24T14:07:04","modified_gmt":"2015-09-24T12:07:04","slug":"sultana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/sultana\/","title":{"rendered":"Sultana"},"content":{"rendered":"<p>Para aprender a escribir, hay que leer. Esta condici\u00f3n me parece una suerte.<\/p>\n<p>Pero sucede que algunos j\u00f3venes van demasiado r\u00e1pido. Intuitivos, talentosos, apenas leen alguna cosa, se lanzan a la carrera, queriendo decir lo suyo; m\u00e1s tarde, cuando dejen de ser tan r\u00e1pidos e intuitivos, y descubran que no est\u00e1n solos en el mundo, entonces -si son sensatos- ir\u00e1n interes\u00e1ndose por escritores que han rondado esos mismos asuntos, y los leer\u00e1n, y en algunos casos disfrutar\u00e1n mucho m\u00e1s de lo que jam\u00e1s hubieran pensado; comprender\u00e1n que a lo largo del tiempo, <i>lo suyo<\/i> ha sido dicho mil veces mejor, habiendo sido tratado por otros con solvencia, originalidad y belleza. \u00a0Empezar a leer temprano no es una p\u00e9rdida de tiempo, todo lo contrario.<\/p>\n<p>Leer (bien), o escribir (bien): dos bell\u00edsimas disciplinas que requieren dedicaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los j\u00f3venes de hoy viven asediados por una tremenda cantidad de obligaciones, asignaturas y \u00a0distracciones, y raramente encuentran sosiego para leer por placer, o escribir un rato. \u00a0Sometidos a tal cantidad de est\u00edmulos, falta un tiempo de concentraci\u00f3n, de recogimiento. En otro orden de cosas, ir\u00e1n cumpliendo a\u00f1os, y tambi\u00e9n para ellos, si no lo previenen, la curiosidad habr\u00e1 de volverse corta e intermitente.<\/p>\n<p>Pero es que leer (bien) o escribir (bien) nunca fue f\u00e1cil.<\/p>\n<p>Sin embargo, a\u00f1o tras a\u00f1o, algunos j\u00f3venes vuelven a intentarlo, como la primavera.<\/p>\n<p>Sultana Wahn\u00f3n, profesora de la Universidad de Granada. Me maravillaba lo mucho que sab\u00eda, el silencio que se formaba a su alrededor nada m\u00e1s entrar en clase. S\u00f3lo era respeto. No asist\u00edamos demasiados, pues ten\u00eda fama de ser draconiana con el asunto de las evaluaciones. Qu\u00e9 importaba. Preferir\u00eda mil veces un cinco raspado, incluso un suspenso de esta mujer, que un sobresaliente con un profesor al uso, de los que tanto abundan. Todos los que est\u00e1bamos all\u00ed pens\u00e1bamos esto mismo.<\/p>\n<p>La historia de las Ideas. Plat\u00f3n, Descartes, Kant, Dostoyevski. Pero tambi\u00e9n Baudelaire, Habermas. Hab\u00eda una secuencia, una continuidad. La muerte no arrasaba con las ideas, s\u00f3lo se trataba de una pausa en un di\u00e1logo inacabado; exist\u00edan nexos entre nosotros y la Antig\u00fcedad cl\u00e1sica. Era capaz de llevarnos, tirar de un hilo sagrado y asociar bellamente una cosa y otra. Aquella mujer inspiraba, y me di cuenta de que lo que all\u00ed se dec\u00eda rebasaba con mucho lo acad\u00e9mico. El suyo, <i>un modo de estar en el mundo<\/i>.<\/p>\n<p>Cuando terminaba la clase, me divert\u00eda pensar que no sabr\u00eda arregl\u00e1rselas en una panader\u00eda;\u00a0 le atribu\u00eda enormes dificultades para fre\u00edr unos huevos, o sacar al perro; como si por el hecho de conocer tantas cosas, hubiese tenido que renunciar a otras, pagando un costoso peaje en su cotidianidad.\u00a0 Mas nunca supe nada. Acaso cultivase una huerta, o practicara artes marciales.<\/p>\n<p>Pero esto ya es literatura. Ante todo, Sultana fue una erudita. \u00a0La \u00fanica que he conocido. La mejor. Una mediadora seria y generosa. Creedme si os digo que de aquellos muertos excelsos hablaba casi con familiaridad, aunque uno percib\u00eda que se hab\u00eda ganado ese derecho, estudiando, dej\u00e1ndose la piel. A fin de cuentas, aquella devoci\u00f3n por los antiguos s\u00f3lo pod\u00eda haber nacido de una marca de amor. A estos, yo me los imaginaba ahormados en sus tumbas, un poco menos muertos, bes\u00e1ndonos con sus labios de piedra. Tambi\u00e9n los imaginaba agradecidos de que unos cuantos jovencitos curiosos se interesasen por sus ideas. La inteligencia de aquellos devuelta un rato a la vida. De eso se encargaba Sultana. Y el fruto ser\u00eda para nosotros. Nosotros, que sab\u00edamos tan poco, y que pi\u00e1bamos llenos de vida cuando sal\u00edamos al patio, a que nos diera el sol.<\/p>\n<p>Ahora que van pasando los a\u00f1os, me parece que Sultana nos invit\u00f3 secretamente a formar parte de aquello, a contar eso mismo, alg\u00fan d\u00eda, cuando nos llegara el turno. Y escucho una voz que dice: si no lleg\u00e1is a ser tan listos como yo, tan serios y responsables, al menos impulsad la curiosidad de los que vengan, contagiadles vuestro entusiasmo.<\/p>\n<p>Y ahora soy yo el profesor. Y trato de atender la voz de Sultana.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Para aprender a escribir, hay que leer. Esta condici\u00f3n me parece una suerte. Pero sucede que algunos j\u00f3venes van demasiado r\u00e1pido. 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