{"id":1605,"date":"2016-11-04T21:31:09","date_gmt":"2016-11-04T20:31:09","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/?p=1605"},"modified":"2022-07-18T12:50:46","modified_gmt":"2022-07-18T10:50:46","slug":"eduardo-galeano-murio-desnudo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/eduardo-galeano-murio-desnudo\/","title":{"rendered":"EDUARDO GALEANO MUERE DESNUDO"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_1607\" style=\"width: 730px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-1607\" class=\"wp-image-1607 size-full\" src=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/Dibujo-galeano-e1478287822116.jpg\" alt=\"Dibujo galeano\" width=\"720\" height=\"876\" srcset=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/Dibujo-galeano-e1478287822116.jpg 720w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/Dibujo-galeano-e1478287822116-247x300.jpg 247w\" sizes=\"auto, (max-width: 720px) 100vw, 720px\" \/><p id=\"caption-attachment-1607\" class=\"wp-caption-text\">Eduardo Galeano dej\u00f3 de escribirnos\u00a0al morir\u00a0de c\u00e1ncer de pulm\u00f3n el 13 de abril de 2015 en un hospital de Montevideo, ciudad en la que hab\u00eda nacido. Ten\u00eda 74 a\u00f1os.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Montevideo duerme su eterna siesta sobre las suaves colinas de la costa, indiferente al viento que la golpea y la llama, imperturbable ante los nacimientos y las muertes.<\/p>\n<p>El hechicero conoce las voces que llaman a los esp\u00edritus.<\/p>\n<p>Para enfermar a los sanos, sopla una concha de caracol hacia las frondas donde habitan el pecar\u00ed, el p\u00e1jaro del para\u00edso y el pez que canta.<\/p>\n<p>Para curar a los enfermos, mete en un pulm\u00f3n la mariposa de la vida.<\/p>\n<p>El hechicero sabe que no hay tierra, agua ni aire vac\u00edos de esp\u00edritus.<\/p>\n<p>La llamada remota de un moribundo lo ha guiado al\u00a0hospital CASMU 2 de la Avenida 8 de Octubre, 3.288, en el barrio de La Blanqueada.<\/p>\n<p>Entra en la habitaci\u00f3n de Eduardo y se sienta en el borde de la cama, que da a una ventana abierta.<\/p>\n<p>Duerme con m\u00e1scarilla de ox\u00edgeno. Est\u00e1 solo.<\/p>\n<p>El hechicero abre la mano en la que guarda un m\u00e9todo infalible para espantar a la muerte. Infalible s\u00f3lo antes de que la muerte se derrita y fluya por las venas. Es un colgante con una palabra grabada en una placa de aluminio. Le levanta un poco la cabeza y se lo cuelga. Tiene que protegerse con esa palabra noche y d\u00eda. Es la palabra ABRACADABRA, que en hebreo antiguo significa:\u00a0<em>Env\u00eda tu fuego hasta el final<\/em>.<\/p>\n<p>El efecto es instant\u00e1neo: deja de respirar. Demasiado tarde para salvarlo por la palabra. R\u00e1pidamente, se la descuelga para que recobre la respiraci\u00f3n.<\/p>\n<p>Prueba un \u00faltimo remedio: Quita la mascarilla, le abre la boca para acoplar la suya y le sopla la mariposa verde de la vida. Lo curar\u00e1 si despliega las alas en los pulmones. Entonces ver\u00edamos c\u00f3mo escapa por la boca una bola negra con multitud de ventosas. Saldr\u00eda por la ventana y volar\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de las copas de los ceibos de flores rojas, de los jacarand\u00e1s de flores viol\u00e1ceas, de los rascacielos de antenas grises. La perder\u00edamos de vista al internarse en las nubes.<\/p>\n<p>No sale la bola negra sino la mariposa verde, que cae al suelo con las alas pegadas. Las alas vibran hasta despegarse y la mariposa desaparece por la ventana.<\/p>\n<p>El hechicero lo despierta poniendo una mano en el pecho y le susurra al o\u00eddo:<\/p>\n<p>-Vengo de lejos, del otro lado de la mar. No te traigo la muerte: ella te trae a m\u00ed.<\/p>\n<p>El agonizante, concentrado en las flemas, sin fuerza para aclararse la garganta, escucha palabras sueltas. Ve un gigante inclinado hacia \u00e9l: Cabellos blancos de quien ha lidiado con El Peligro. Gruesas cejas grises de quien sabe protegerse. Dos hondas arrugas en el entrecejo: marcas de pensar demasiado. Larga y espesa barba blanca con bigote sobre el labio, como si ocultara algo. Un ojo despierto y expectante; el otro, somnoliento y melanc\u00f3lico. Cara serena y cabeza de padre eterno.<\/p>\n<p>El hechicero le habla al o\u00eddo:<\/p>\n<p>-El tuyo ha sido un largo camino hacia el desnudamiento de la palabra. Cu\u00e1ntas veces dijiste que las \u00fanicas palabras que merecen existir son las palabras mejores que el silencio. Que a veces, la \u00fanica manera de decir es callando. Hay cosas que no pueden ser palabreadas, como la muerte. As\u00ed y todo, \u00bfquieres decir algo?, hijo m\u00edo.<\/p>\n<p>Al escuchar la gravedad de la voz paterna, a\u00f1ora las palabras dulces y envolventes de su madre.<\/p>\n<p>Eduardo, ojos entreabiertos, cara y cuello hinchados, toses, silbidos al respirar con fatiga extrema, ruidos de burbujas con pececitos en los pulmones, fr\u00edo en las mejillas, siente que su cuerpo dolorido est\u00e1 queriendo mezclarse con la tierra americana.<\/p>\n<p>-Di una palabra al menos -insiste el hechicero.<\/p>\n<p>-Calla.<\/p>\n<p>El escritor no pronunciar\u00e1 m\u00e1s palabras, ni para pedir un cigarrillo.<\/p>\n<p>Se da cuenta de que nunca hubo un hechicero excepto en su cabeza. Ha necesitado sus palabras para calmarse ante la muerte, para salvarse de un morir mal vivido.<\/p>\n<p>Se siente como un reci\u00e9n nacido que, arropado por el calor de las palabras y canturreos de la madre, se deja entrar en el sue\u00f1o. Sue\u00f1a que es un beb\u00e9 que oye la voz de la madre cada vez m\u00e1s lejana, hasta extinguirse. La llama y se despierta.<\/p>\n<p>Se prepara en silencio para deslizarse por el tobog\u00e1n que termina en la muerte. Al principio de la bajada, siente la mano de la madre en la suya, hasta que se sueltan. Abandonar\u00e1 solo el tobog\u00e1n. La culada al caer en tierra ya no la notar\u00e1.<\/p>\n<p>Se acuerda de lo que le dec\u00eda a su madre:\u00a0<em>Yo no quiero morirme nunca, porque quiero jugar siempre<\/em>.<\/p>\n<p>Le descansa no querer jugar, ya ni siquiera con las palabras.<\/p>\n<p>Da un mandato a la muerte:\u00a0<em>Arr\u00e1nqueme, se\u00f1ora, las ropas y las dudas. Desn\u00fademe como a los reci\u00e9n nacidos, del cuerpo de la madre.\u00a0<\/em><em><em>Desn\u00fademe<\/em>\u00a0como a los hijos, de la mar<\/em>.\u00a0<em>Desn\u00fademe de m\u00ed.<\/em><\/p>\n<p>Entre dos aleteos, sin m\u00e1s explicaci\u00f3n, le parece que ha transcurrido su vida.<\/p>\n<p>Se consuela con que una vez muerto, se aliviar\u00e1 de la enfermedad y del morir. Qu\u00e9 sencillo ser\u00e1 entonces.<\/p>\n<p>Habr\u00e1 nada.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 serenidad, qu\u00e9 lucidez, de repente, por dejar de intentar imaginarse la Nada.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 dolor por el dolor que deja en quienes lo aman.<\/p>\n<p>Se harta de tanto parloteo sentipensante.<\/p>\n<p>Se sabe rodeado de su mujer, Helena; de sus hijos, Ver\u00f3nica, Florencia y Claudio; de sus nietos, Tom Nepomuceno, Lila&#8230; Tan cerca, tan lejos.<\/p>\n<p>Le acomete un pensamiento, con la conciencia de que es el \u00faltimo:\u00a0<em>Llevo mi libertad conmigo<\/em>.<\/p>\n<p>La boca le sabe a higo.<\/p>\n<p>En el aliento final, respira aromas de rosas reci\u00e9n abiertas.<\/p>\n<p>Las venas de Eduardo se abren: se desangran.<\/p>\n<p>Los dientes se convierten en granos de ma\u00edz, los huesos en tallos de yuca surcados de cicatrices, la carne se hace papa, boniato, zapallo\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<\/p>\n<p>Hay un relato de\u00a0<em>Memoria del fuego II:<\/em>\u00a0<em>Las caras y las m\u00e1scaras<\/em>\u00a0(1984), titulado\u00a0<em>No est\u00e1n nunca solos<\/em>, que escribo aqu\u00ed del rev\u00e9s como punto de partida. Mi cuento incluye textos de Galeano, en ocasiones modificados.<\/p>\n<p>Libros de Galeano de los que tomo citas:<\/p>\n<p>&#8211;<em>Memoria del fuego<\/em>\u00a0(Trilog\u00eda)<\/p>\n<p>&#8211;<em>El libro de los abrazos<\/em><\/p>\n<p>&#8211;<em>Los hijos de los d\u00edas<\/em><\/p>\n<p><em>-Espejos<\/em><\/p>\n<p><em>-Bocas del tiempo<\/em><\/p>\n<p>Citas de otros escritores:<\/p>\n<p>-\u201cComo los hijos de la mar.\u201d (Antonio Machado)<\/p>\n<p>-\u201cCabeza de padre eterno.\u201d (Guy de Maupassant en su descripci\u00f3n de Iv\u00e1n Turgu\u00e9niev)<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Montevideo duerme su eterna siesta sobre las suaves colinas de la costa, indiferente al viento que la golpea y la llama, imperturbable ante los nacimientos y las muertes. El hechicero conoce las voces que llaman a los esp\u00edritus. Para enfermar a los sanos, sopla una concha de caracol hacia las frondas donde habitan el [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":58,"featured_media":1607,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"om_disable_all_campaigns":false,"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"_uf_show_specific_survey":0,"_uf_disable_surveys":false,"_genesis_hide_title":false,"_genesis_hide_breadcrumbs":false,"_genesis_hide_singular_image":false,"_genesis_hide_footer_widgets":false,"_genesis_custom_body_class":"","_genesis_custom_post_class":"","_genesis_layout":"","footnotes":""},"categories":[9,17],"tags":[510,512,513,511,192,27],"class_list":{"0":"post-1605","1":"post","2":"type-post","3":"status-publish","4":"format-standard","5":"has-post-thumbnail","7":"category-articulo","8":"category-zona-critica","9":"tag-ernesto-maruri","10":"tag-higo","11":"tag-jugar","12":"tag-memoria-del-fuego","13":"tag-muerte","14":"tag-poesia-2","15":"entry"},"aioseo_notices":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1605","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/users\/58"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1605"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1605\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3945,"href":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1605\/revisions\/3945"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/media\/1607"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1605"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1605"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1605"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}