{"id":1644,"date":"2016-11-22T20:23:59","date_gmt":"2016-11-22T19:23:59","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/?p=1644"},"modified":"2022-07-18T12:50:49","modified_gmt":"2022-07-18T10:50:49","slug":"musgo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/musgo\/","title":{"rendered":"Musgo"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_1645\" style=\"width: 900px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-1645\" class=\"size-large wp-image-1645\" src=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/unnamed-890x1024.jpg\" alt=\"Fotograf\u00eda de Ana Egea\" width=\"890\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/unnamed-890x1024.jpg 890w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/unnamed-261x300.jpg 261w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/unnamed-768x883.jpg 768w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2016\/11\/unnamed.jpg 1391w\" sizes=\"auto, (max-width: 890px) 100vw, 890px\" \/><p id=\"caption-attachment-1645\" class=\"wp-caption-text\">Fotograf\u00eda de Ana Egea<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Aquel mes de julio fue especialmente caluroso. El aire cargado de humedad tra\u00eda olor a pescado de la conservera de anchoas frente a nuestra casa. Yo llevaba una semana de vacaciones e intentaba olvidar a los quince ni\u00f1os de preescolar, con sus rabietas y sus llantos desolados. Creo que si hubiera tenido hijos, habr\u00eda abandonado una de las dos ocupaciones. Cada a\u00f1o terminaba m\u00e1s agotada y con un esp\u00edritu que nada ten\u00eda que ver con el del principio de curso. Aprovechaba las ma\u00f1anas para salir a caminar por el paseo mar\u00edtimo. El m\u00e9dico me dijo que eso no era un deporte, que estaba bien para los viejos, pero que a mi edad deb\u00eda ejercitar el coraz\u00f3n con algo m\u00e1s agresivo. \u00a1Est\u00fapido!, pens\u00e9, mientras observaba un peque\u00f1o busto de bronce que adornaba su mesa. Me vi golpe\u00e1ndole con \u00e9ste en la cabeza una y otra vez, gritando \u00bfas\u00ed, as\u00ed de agresivo le parece bien, o a\u00fan m\u00e1s agresivo? Deje tranquilo a mi pobre coraz\u00f3n, que ya tiene bastante\u2026<\/p>\n<p>Una ma\u00f1ana aparecieron unas manchas en el techo del sal\u00f3n, junto a la ventana. Al principio eran de un verde intenso, como el musgo, muy luminoso, pero con los d\u00edas se iban transformando en un color sucio e indefinido. Pasaba el tiempo y \u00e9l parec\u00eda no verlas. Un pa\u00f1o con lej\u00eda habr\u00eda bastado para eliminarlas pero a m\u00ed me gustaba pasar largos ratos all\u00ed, tumbada en el sof\u00e1, observ\u00e1ndolas y pensando que yo no era el \u00fanico ser vivo que habitaba bajo ese techo. Se me ocurri\u00f3 que podr\u00eda regarlas y que en unas semanas habr\u00edan alcanzado las cuatro paredes de la habitaci\u00f3n; de ellas, ir\u00edan naciendo helechos, enredaderas, juncos y quiz\u00e1 hasta alguna bestia salvaje. Y entonces me lo imaginaba a \u00e9l entrando por la puerta, encontr\u00e1ndose a su mujer en plena jungla junto a un rinoceronte. Lo m\u00e1s probable es que, con su mirada inexpresiva y sorteando los obst\u00e1culos, se sentara en el sof\u00e1 sin hacer ning\u00fan comentario y abriera el peri\u00f3dico por la \u00faltima p\u00e1gina. No s\u00e9 cu\u00e1ndo comenz\u00f3 a venir cada vez m\u00e1s tarde ni cu\u00e1ndo dej\u00f3 de verme.<\/p>\n<p>Lleg\u00f3 el uno de agosto, y como cada uno de agosto me march\u00e9 al pueblo. \u00c9l ya no ven\u00eda conmigo. Se quedaba en Santander trabajando porque \u201c<i>los negocios no saben de vacaciones<\/i>\u201d. En el autob\u00fas, despu\u00e9s de dos horas de viaje, volv\u00ed a hacerme la misma pregunta: \u00bfC\u00f3mo un paisaje tan verde y monta\u00f1oso pasa a otro seco y llano sin transici\u00f3n alguna? Siempre me digo que en el viaje de vuelta estar\u00e9 m\u00e1s atenta porque eso es imposible. Debo de quedarme dormida en alguna parte del trayecto.<\/p>\n<p>Ya en la casa, solt\u00e9 la maleta en la entrada y me apresur\u00e9 a abrir las ventanas. Me gusta ese momento. La luz hace que vaya surgiendo cada mueble, y por un instante, me parece no haberlos visto antes. Los observo con la atenci\u00f3n y el detenimiento de la primera vez. Paso mi mano y puedo sentir las grietas del tiempo en la madera, y m\u00edrala, ah\u00ed sigue, cada a\u00f1o m\u00e1s bella. Abro los cajones y veo objetos que me llevan a escenas de mi infancia con un aroma a entusiasmo y exaltaci\u00f3n. En el dormitorio, que tambi\u00e9n lo fue de mis padres y de mis abuelos, no abr\u00ed las contraventanas. Cerr\u00e9 la puerta con cuidado, y los ojos. Me acurruqu\u00e9 en la cama despacio, intentando no hacer ruido, que no sonara el colch\u00f3n: quer\u00eda que los muebles no se percataran de mi presencia, ni el silencio, ni la oscuridad. Deseaba ser parte de esa ausencia.<\/p>\n<p>Ese mes de agosto fue especialmente caluroso. Mi mujer se march\u00f3 al pueblo y unas manchas verdes salieron en el techo del sal\u00f3n. No soporto el campo, especialmente en verano, y esa casa huele a viejo, a recuerdos que no son m\u00edos. Poco a poco, el apartamento iba llen\u00e1ndose de un cierto desorden y empezaba a parecerme un hogar habitado. Acumulaba mi ropa sucia en la esquina del dormitorio y se me hac\u00eda m\u00e1s acogedor. Me sent\u00eda como un rey en plena conquista asaltando un castillo. Al mediod\u00eda, bajaba al bar y com\u00eda un men\u00fa. Mi copa de co\u00f1ac me la tomaba en casa y saborearla sin sentir su mirada me causaba un gran placer. Luego llegaba mi revancha con la segunda copa. Cuando vuelva del pueblo y descubra esas manchas, lo primero que har\u00e1 ser\u00e1 frotar con la bayeta como si concursara por el premio a las m\u00e1s limpia, pero a m\u00ed me gustan, porque conviven conmigo en silencio y sin reproches. Parecemos dos chiquillos c\u00f3mplices en nuestra maldad: yo callo si t\u00fa callas.<\/p>\n<p>Se acabaron las vacaciones y ella regres\u00f3 a su casa. Durante el trayecto estuvo muy atenta al paisaje y observ\u00f3 de qu\u00e9 manera, efectivamente, un paisaje despejado de tonos c\u00e1lidos y afables pod\u00eda pasar a otro abrupto y escarpado como si de un milagro se tratara. Bastaba con atravesar una monta\u00f1a y entonces desaparec\u00edan los campos de Castilla. De repente, sinti\u00f3 una ilusi\u00f3n que ven\u00eda de la idea de que todo era posible. Cogi\u00f3 un taxi en la estaci\u00f3n con \u00e1nimo de llegar cuanto antes y abrazarlo dici\u00e9ndole que volver\u00edan a empezar; que todo ser\u00eda como al principio, que ella se pondr\u00eda guapa y saldr\u00edan a bailar, que se reir\u00edan de nuevo robando aceitunas del perolo de su bar preferido, y que pasear\u00edan de la mano. Pag\u00f3 el taxi y mont\u00f3 en el ascensor como una ni\u00f1a con zapatos nuevos. Gir\u00f3 la llave y un tuc\u00e1n vol\u00f3 hacia ella oblig\u00e1ndola a agacharse bruscamente para sortearlo. Las flores trepaban por las paredes invadi\u00e9ndolo todo, de donde sal\u00edan p\u00e1jaros chillando que revoloteaban hasta el techo. Su marido, acuclillado y vestido de safari, inspeccionaba el rastro de un animal sobre la tierra rojiza. Dej\u00f3 caer la maleta y se arrodill\u00f3 en el suelo, tap\u00e1ndose la boca con las manos. De pronto, \u00e9l se incorpor\u00f3, apunt\u00f3 con el rifle hacia la puerta y seguido dispar\u00f3.<\/p>\n<p>Con la culata apoyada en el suelo, dijo: \u201ccari\u00f1o, ten\u00edas un le\u00f3n a tu derecha\u201d.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Aquel mes de julio fue especialmente caluroso. El aire cargado de humedad tra\u00eda olor a pescado de la conservera de anchoas frente a nuestra casa. Yo llevaba una semana de vacaciones e intentaba olvidar a los quince ni\u00f1os de preescolar, con sus rabietas y sus llantos desolados. 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