{"id":1733,"date":"2016-12-13T21:04:47","date_gmt":"2016-12-13T20:04:47","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/?p=1733"},"modified":"2021-10-02T19:23:20","modified_gmt":"2021-10-02T17:23:20","slug":"el-arco-de-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/el-arco-de-la-vida\/","title":{"rendered":"El arco de la vida"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_1734\" style=\"width: 693px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-1734\" class=\"wp-image-1734 size-large\" src=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/5169561291_a720741f45_b-683x1024.jpg\" alt=\"5169561291_a720741f45_b\" width=\"683\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/5169561291_a720741f45_b.jpg 683w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2016\/12\/5169561291_a720741f45_b-200x300.jpg 200w\" sizes=\"auto, (max-width: 683px) 100vw, 683px\" \/><p id=\"caption-attachment-1734\" class=\"wp-caption-text\">Fotograf\u00eda de <a href=\"https:\/\/www.flickr.com\/photos\/julius2043\/\">Julio Arrieta<\/a><\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>El parque hab\u00eda cambiado. Ya no era aquel solar de cemento, interrumpido por un kiosco de barandilla ro\u00f1osa. Ahora era un parque limpio y claro. Hab\u00eda unas suaves colinas de hierba, hab\u00eda ni\u00f1os y sobre un suelo acolchado de color granate, giraban unos columpios el\u00e1sticos, irrompibles, con forma de insecto inofensivo.<!--more--><\/p>\n<p>Nunca hubo una tirolina m\u00e1s codiciada. Los ni\u00f1os de la regi\u00f3n obligaban a desplazarse a sus padres desde otros barrios, a miles de parques de distancia, para probar la famosa tirolina.<\/p>\n<p>Verdadero prodigio de urbanismo y jardiner\u00eda, zanjaba un cursi decimon\u00f3nico.<\/p>\n<p>El abuelo era un atildado anal\u00edtico, de una cierta perspicacia. \u00abDate cuenta. El arco de la vida. Abarca al ni\u00f1o, al joven, al viejo.\u00bb En efecto: en un extremo, columpios y toboganes; un poco m\u00e1s all\u00e1, canastas y mesas de ping-pong; por \u00faltimo, dispersos, un arsenal de aparatos de gimnasia para viejos desesperados.<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ndo, en qu\u00e9 momento se consum\u00f3 el cambio?<\/p>\n<p>El trabajo de los a\u00f1os. No fue cosa de un d\u00eda.<\/p>\n<p>El mismo parque donde veinte a\u00f1os atr\u00e1s, escap\u00e1bamos del instituto a fumar unos canutos, a estrenar los primeros desv\u00edos y a ensayar caras adultas de desolaci\u00f3n. Aquella ma\u00f1ana, Julen divagaba bajo el kiosco y tras pegar una calada, vino la r\u00fabrica del salivazo. Cabeti juraba que el pegote blanco rebot\u00f3 en el suelo hasta tres veces, como un animal. As\u00ed fue, casi nos da algo. Nos atragant\u00e1bamos muertos de risa, y al menos, aquella ma\u00f1ana se acabaron para siempre las caras largas.<\/p>\n<p>En el parque, m\u00e1s atr\u00e1s en el tiempo, a Pablo le hicieron una cura de urgencia una noche de verbena. Era un s\u00e1bado de agosto. El kiosco soportaba a un grupo de punkis enrabietados. Abajo se form\u00f3 una mel\u00e9 absurda y oligofr\u00e9nica, y mi amigo se llev\u00f3 una patada en la boca.<br \/>\nRondaba una ambulancia, a Pablo le dieron unos puntos de sutura en la barbilla. Le qued\u00f3 una marca fea que ahora besa su hija.<\/p>\n<p>M\u00e1s lejano todav\u00eda, en ese parque yo conocer\u00eda a Lola. Nuevamente una noche de verano, en similar festival excitante y semisiniestro. Lo recuerdo porque fing\u00ed, porque no sol\u00eda hacerlo y aquella vez me hice pasar por borracho, por m\u00e1s borracho de lo que estaba, con vistas a no recibir una paliza y esquivar la bofetada de su novio o colega, un malencarado de barba y pelo largo, pero tambi\u00e9n \u2013y esto es lo verdaderamente importante\u2013 para no alejarme de ella. Sentado en el suelo, presuntamente desorientado, a tan s\u00f3lo unos metros de ellos. Tal vez un comportamiento indigno. Como poco, una argucia. En cualquier caso, me hab\u00eda quedado prendado de aquella hembra que flotaba entre cagarros y cascos de botella, y no dar\u00eda un paso hasta conseguir su tel\u00e9fono.<\/p>\n<p>Lola. Salimos juntos durante un par de a\u00f1os e hicimos corriendo de todo en todos los lugares.<\/p>\n<p>Esta primavera, vi a una ardilla saltando de chopo en chopo en el parque resucitado. No era algo que pudiese decir a nadie. Algorta no es un pueblo de ardillas, del mismo modo que la Galea no es un lugar para avistar zorros. Nos pas\u00f3 una noche a m\u00ed y a \u00d3scar, despu\u00e9s de haber probado una marihuana muy rica. Decidimos que era in\u00fatil anunciarlo. A cambio, por el s\u00f3lo hecho de ver aquella cola tupida en forma de plumero, pasamos tres horas contentos flotando entre los acantilados.<\/p>\n<p>La semana pasada volv\u00eda del trabajo. Era tarde, llov\u00eda. S\u00f3lo quedaba cruzar el parque para llegar a casa. Una farola con el foco escrutador iluminaba los columpios, el suelo granate esponjado y unas franjas chillonas, azules y rojas. Chas, chas, la lluvia sobre el balanc\u00edn. Los ni\u00f1os dorm\u00edan en sus casas, pues nada tienen que ver los ni\u00f1os con la noche y la mojadura de los parques. Yo aminor\u00e9 el paso, detenido al borde de la l\u00ednea granate, y apret\u00e9 el mango de mi paraguas, que en ese instante me pareci\u00f3 el mejor de los inventos. Sonre\u00ed, pero me supo a poco. Bast\u00f3 con imaginar el columpio en movimiento para re\u00edr como un escualo.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 se hizo de aquel verano, de aquel solar pret\u00e9rito, de mis ardillas fugaces y predilectas? No importaba.<\/p>\n<p>De pronto, una bomba de relojer\u00eda. Supe que el parque habr\u00eda de matarme de pena. Comprend\u00ed que ese parque tan moderno, tan cuidado, estaba hecho para durar. Mis hijos crecer\u00edan \u2013\u00c1lvaro y Le\u00f3n. Un d\u00eda lejano todav\u00eda, me encoger\u00eda de tristeza, sin ni\u00f1os ya. Acaso para entonces corran ni\u00f1os nuevos \u2013pens\u00e9\u2013, pero nada me importan hoy los ni\u00f1os del ma\u00f1ana. Chas, chas. El columpio quieto e iluminado. Yo, que llevaba siendo feliz tres a\u00f1os y cuatro meses, odi\u00e9 el futuro con todas mis fuerzas mientras deseaba ver que este se cumpl\u00eda, y vivir, y caer a su debido tiempo de rodillas en ese mismo suelo alfombrado.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfVerdad que la cosa va para largo?\u00bb pronunci\u00e9.<\/p>\n<p>Entonces, reanud\u00e9 el paso, aunque no pude esquivar el charco.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; El parque hab\u00eda cambiado. Ya no era aquel solar de cemento, interrumpido por un kiosco de barandilla ro\u00f1osa. Ahora era un parque limpio y claro. 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