{"id":1843,"date":"2017-01-25T00:45:20","date_gmt":"2017-01-24T23:45:20","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/?p=1843"},"modified":"2021-11-07T23:46:33","modified_gmt":"2021-11-07T22:46:33","slug":"bacanal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/bacanal\/","title":{"rendered":"Bacanal"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-1854\" src=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/sweatfinal-3.jpg\" alt=\"sweatfinal (3)\" width=\"1120\" height=\"419\" srcset=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/sweatfinal-3.jpg 730w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2017\/01\/sweatfinal-3-300x112.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 1120px) 100vw, 1120px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Las burbujas viajan por el aire de un lado a otro, esquivando l\u00e1mparas forradas de terciopelo. Las cortinas y los doseles dividen la estancia, donde el aire es dulce y pesado, y parece desfigurar el perfil de los ocupantes.<\/p>\n<p>Las paredes, con tapices, los suelos, con alfombras, los cuerpos con seda y sudor. Todo est\u00e1 tapado, pero todo est\u00e1 a la vista. Las flautas dulces acompa\u00f1an los jadeos, que empa\u00f1an los cristales de los colgantes y tiaras.<\/p>\n<p>Las caderas van y vienen, los dedos suben y bajan, las bocas se acercan, los labios repasan. Las pipas de hach\u00eds y opio mudan de manos, viajan por las bocas.<\/p>\n<p>Una muchachita m\u00e1s dulce y bonita que el resto tiene tantas manos sobre ella que parece que lleva un vestido de carne y u\u00f1as, de anillos serpenteantes.<\/p>\n<p>En un rinc\u00f3n m\u00e1s apartado, una pareja se entrega sin reservas, y sus yemas lo recorren todo, lo encuentran todo, lo quieren todo. Es dif\u00edcil distinguir donde termina la carne de uno y comienza la del otro, qui\u00e9n es qu\u00e9. Y parece imposible pensar que una vez, estuvieron separados.<\/p>\n<p>Una mujer obesa est\u00e1 de pie, adoselada como los lechos de palacio. De sus pezones cuelgan sendos aros dorados, que acaricia con los dedos coraz\u00f3n, mientras las lenguas de los j\u00f3venes trepan por su espalda. Como perdidos en un mapa del tesoro, las cabezas recorren de un lado para otro su enorme cuerpo, sin olvidar el m\u00e1s rec\u00f3ndito escondite, dejando un cementerio de saliva a su paso.<\/p>\n<p>Siete, ocho, tal vez nueve personas, crean un rompecabezas imposible. Todos los movimientos se muestran y se esconden en el mismo instante, sobre las pieles del suelo se forma un banquete de mariposas carn\u00edvoras que picotean, rozan, devoran, acarician todo lo que encuentran a su paso.<\/p>\n<p>Los espectadores, suaves como los susurros en la cama, deambulan entre todos los amantes, entre todos los amados. Se dan placer a s\u00ed mismos, miran \u00e1vidos en derredor y captan el m\u00e1s m\u00ednimo detalle, a veces se unen a un grupo o a otro, a veces relevan a quien acaba de estallar. Otros, simplemente, flotan entre mareas de placer.<\/p>\n<p>Los huesos de las uvas se van acumulando en los rincones, arrastrados por los riachuelos de l\u00e1grimas, flujo y sudor. El olor del semen comienza a inundarlo todo.<\/p>\n<p>Las extremidades cada vez se mueven m\u00e1s r\u00e1pido. Los dientes cada vez est\u00e1n m\u00e1s afilados. Los besos se convierten en dentelladas, las caricias en tajos, pronto el fuego arde en el interior de todos los ojos.<\/p>\n<p>La sangre no tarda en manar; alguien ha tirado con fuerza de los aros de los pezones de la obesa y con un alarido sordo deja escapar r\u00edos rojos de sus voluminosos senos.<\/p>\n<p>Los amantes de la esquina comienzan a devorarse, entre gritos de dolor y placer van comi\u00e9ndose, y se unen m\u00e1s que antes si cabe, estando tan juntos que casi desaparecen.<\/p>\n<p>Uno de los espectadores vomita entre la muchacha bonita y las manos que le rinden culto, que esparcen la suciedad por su esbelto cuerpo, y tratando de recuperar la belleza sepultada, las u\u00f1as escarban entre los restos con ansia, con tal ansia que le arrancan la piel.<\/p>\n<p>El hedor ya es inaguantable, el miedo se apodera de los ca\u00eddos, que retorci\u00e9ndose entre la sangre, el v\u00f3mito y el semen defecan y lloran. Otros, se ciegan los ojos con las u\u00f1as, se arrancan las lenguas a mordiscos, conscientes de que nada de lo que hagan ser\u00e1 capaz de rivalizar con lo que hallan a su alrededor.<\/p>\n<p>Poco a poco, las burbujas van explotando y la fina pel\u00edcula que les daba vida se posa sobre las costillas desnudas, sobre los cr\u00e1neos abiertos, sobre los esqueletos afilados, sobre los ojos ciegos, sobre las extremidades arrancadas, sobre los dientes rotos de los invitados a la fiesta de la locura.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Las burbujas viajan por el aire de un lado a otro, esquivando l\u00e1mparas forradas de terciopelo. Las cortinas y los doseles dividen la estancia, donde el aire es dulce y pesado, y parece desfigurar el perfil de los ocupantes. Las paredes, con tapices, los suelos, con alfombras, los cuerpos con seda y sudor. 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