{"id":1958,"date":"2017-05-18T20:29:18","date_gmt":"2017-05-18T18:29:18","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/?p=1958"},"modified":"2017-05-18T11:29:30","modified_gmt":"2017-05-18T09:29:30","slug":"decir-y-contar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/decir-y-contar\/","title":{"rendered":"Decir y contar"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_618\" style=\"width: 1034px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-618\" class=\"size-large wp-image-618\" src=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/Ramiro-Pinilla-in-memoriam-1024x591.jpg\" alt=\"In memoriam de Naiel Ibarrola\" width=\"1024\" height=\"591\" srcset=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/Ramiro-Pinilla-in-memoriam-1024x591.jpg 1024w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/Ramiro-Pinilla-in-memoriam-300x173.jpg 300w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2014\/10\/Ramiro-Pinilla-in-memoriam.jpg 1754w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><p id=\"caption-attachment-618\" class=\"wp-caption-text\">In memoriam de Naiel Ibarrola<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Ramiro, en el Taller, cuando alguien le\u00eda en voz alta, se apoyaba contra el respaldo de su sill\u00f3n orejero, cerraba los ojos haciendo un esfuerzo de atenci\u00f3n y estiraba el cuello como una tortuga milenaria que volviese a\u00f1o tras a\u00f1o a la misma playa. Seguramente, esto formaba parte de su oficio, el oficio de narrador.<br \/>\nCu\u00e1nto me asombraba su capacidad de escucha. Asimismo, me maravillaba por esta cualidad su mano derecha en el Taller, mi amigo Biktor. Ambos captaban al vuelo tramas y argumentos, tono y lenguaje; por momentos, parec\u00eda que s\u00f3lo hubiese que observar.<br \/>\nResulta dif\u00edcil seguir un texto le\u00eddo de viva voz, sobre todo, cuando el escuchante trata simult\u00e1neamente de distinguir entre forma y contenido. Una destreza que se consigue a base de horas y de un cierto talento.<br \/>\nUna vez finalizada la lectura, hay que decir algo, el lector-escritor espera de vuelta alg\u00fan comentario por parte de la concurrencia.<br \/>\nLas opiniones de Ramiro no eran elaboradas. Era directo, claro, inapelable. Luego, callaba. No debat\u00eda.<br \/>\nDurante una \u00e9poca, le recuerdo saliendo presuroso del Taller a las diez menos tres minutos. Era cuando daban en la televisi\u00f3n esos programas de cine en la 2 que presentaba Garci. Vaya, no le bastaban dos horas de Taller, a\u00fan no ten\u00eda suficiente, necesitaba m\u00e1s historias antes de acostarse. Me suced\u00eda cosa parecida, pero lo m\u00edo no resultaba raro, porque yo era un jovencito con ganas de saber y conocer, mientras que Ramiro era un viejo incombustible, que tiene m\u00e1s m\u00e9rito. Me gustaba imaginar que yo le acompa\u00f1aba y ve\u00eda con \u00e9l el programa, solo, en mi casa, reconfortado de que hubiese un escritor a unos pocos kil\u00f3metros disfrutando con una pel\u00edcula de Scorsese, o de quien fuera.<br \/>\nAs\u00ed que los viejos, pensaba yo, no se aburren forzosamente de nuevas historias. En \u00e9l, su modo de interesarse por el otro, por los dem\u00e1s, parec\u00eda inextinguible y para m\u00ed, Ramiro se convirti\u00f3 en un modelo.<br \/>\nTen\u00eda una idea muy clara de c\u00f3mo se debe escribir. Yo le escuchaba y aprend\u00eda, pero con el tiempo, fui d\u00e1ndome cuenta de que no siempre estaba de acuerdo, me parec\u00eda que pod\u00edan existir otros modos, otras formas.<br \/>\nLo sigo pensando. Sin embargo, Ramiro se ha fundido en mi cerebro, es una suerte de Pepito Grillo, una conciencia suplementaria que se aparece como el fantasma del padre y me asalta con frases del tipo \u201cY esto, \u00bfad\u00f3nde va?\u201d Es una voz que ronda durante las clases que imparto, pero tambi\u00e9n es una voz que se presenta en mi propia escritura, y me sigue importando y me hace pensar.<br \/>\nEntonces, en aquel c\u00edrculo del Taller, recuerdo que ante la frasecita uno pod\u00eda echarse a temblar. O no. Pero \u00bfc\u00f3mo no considerarla? Ramiro me ense\u00f1\u00f3 que en esta vida, al menos por escrito, es pecado aburrir al pr\u00f3jimo.<\/p>\n<p>Me gustaba encontrarme con \u00e9l en Algorta, paseando, fuera del Taller. Era f\u00e1cil verle sobre las diez de la ma\u00f1ana, por el paseo de la Galea.<br \/>\nEn una ocasi\u00f3n, hace unos pocos veranos, nos encontramos a la altura del molino de Aixerrota. Yo hab\u00eda quedado con mi padre en La Salvaje y le dije a Ramiro que ir\u00eda caminando por el paseo de los acantilados. Esto \u00faltimo no le interes\u00f3 gran cosa, pero lo de reunirme con mi padre en la playa me pareci\u00f3 que le enternec\u00eda. Para \u00e9l, este hecho cobraba un sentido y una profundidad que a m\u00ed se me escapaba. Era t\u00edmido y pudoroso, pero tambi\u00e9n sentimental a su modo, y me cont\u00f3 que dar\u00eda un brazo por volver a pasar un d\u00eda de playa con sus hijos cuando eran peque\u00f1os. \u201cEn cualquier caso, est\u00e1 bien que un hijo acuda a la playa junto a su padre\u201d, y nos despedimos.<br \/>\nMe gustaba mirarle a la cara. F\u00edsicamente, Ramiro ten\u00eda para m\u00ed algo familiar. De hecho, guardaba un inquietante parecido con mi abuela materna, Do\u00f1a Nieves G\u00e1rate. Eso nos lo dec\u00edamos mi hermana y yo con media sonrisa, entre extra\u00f1ados y divertidos.<br \/>\nEn el Taller, Ramiro dedic\u00f3 much\u00edsimas horas de su vida a escuchar a gentes diversas. Por ese c\u00edrculo pasaron durante generaciones personas de lo m\u00e1s variopintas, a menudo encerradas en su soledad, y \u00e9l los recib\u00eda.<br \/>\nCada lunes, antes de que Biktor llegase con las llaves en compa\u00f1\u00eda de Ramiro y nos abriese la puerta del local, nos agolp\u00e1bamos enfrente del escaparate (en aquel momento, el Taller se reun\u00eda en la trastienda de un bar). Yo rumiaba intrigado en lo que se le pasar\u00eda por la cabeza a quien nos viese apostados en ese n\u00famero de la Avenida de Basagoiti: \u00bfA qu\u00e9 se dedicar\u00e1n, qu\u00e9 clase de actividad es esta? No es un grupo de k\u00e1rate, no parecen deportistas, desde luego; tampoco mormones; no es un txoko, ni un coro, ni un grupo de parroquia. Hay altos y bajos, mujeres y hombres, viejos y j\u00f3venes. No visten ni remotamente parecido, unos pasan de puntillas sin hacer el menor ruido, otros no callan; \u00bfa qu\u00e9 club, a qu\u00e9 gremio, a qu\u00e9 orden pertenecen? Dentro, minutos despu\u00e9s, habr\u00eda un escritor mayor prest\u00e1ndonos toda su atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>Por \u00faltimo, \u00e9l nunca le\u00eda en el Taller nada que hubiese escrito. Yo le he escuchado tanto que no le he le\u00eddo como debiera. Para m\u00ed, a\u00fan resuena pr\u00f3xima su voz.<br \/>\nMientras, voy haciendo sitio en mi biblioteca para cada uno de sus libros. Ya vendr\u00e1 el momento justo de leerlos, s\u00e9 que me esperan.<br \/>\n\u00bfQu\u00e9 me gustar\u00eda ir aprendiendo de Ramiro? La lecci\u00f3n de la perseverancia, del escribir pese a todo, del confiar en las fuerzas de la creaci\u00f3n, en el trabajo de una vida.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Ramiro, en el Taller, cuando alguien le\u00eda en voz alta, se apoyaba contra el respaldo de su sill\u00f3n orejero, cerraba los ojos haciendo un esfuerzo de atenci\u00f3n y estiraba el cuello como una tortuga milenaria que volviese a\u00f1o tras a\u00f1o a la misma playa. 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