{"id":1996,"date":"2017-06-20T22:02:39","date_gmt":"2017-06-20T20:02:39","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/?p=1996"},"modified":"2017-06-20T22:02:39","modified_gmt":"2017-06-20T20:02:39","slug":"vispera-de-festivo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/vispera-de-festivo\/","title":{"rendered":"V\u00edspera de festivo"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-1997\" src=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Torre_Iberdrola_Bilbao-765x1024.jpg\" alt=\"Torre_Iberdrola_Bilbao\" width=\"765\" height=\"1024\" srcset=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Torre_Iberdrola_Bilbao-765x1024.jpg 765w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Torre_Iberdrola_Bilbao-224x300.jpg 224w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Torre_Iberdrola_Bilbao-768x1028.jpg 768w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2017\/06\/Torre_Iberdrola_Bilbao.jpg 1936w\" sizes=\"auto, (max-width: 765px) 100vw, 765px\" \/><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Llov\u00eda. Era lunes. Y yo ten\u00eda que volver a pulsar el bot\u00f3n n\u00famero 14 de aquel ascensor.<\/span> <span style=\"font-weight: 400;\">Qui\u00e9n sabe cu\u00e1ntos otros aut\u00f3matas que se ganaban la vida dentro de ese edificio, hab\u00edan puesto ya sus dedos sobre esa circunferencia de pl\u00e1stico gris\u00e1ceo. <\/span><b>\u00a0\u00a0<\/b><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Por lo menos, el d\u00eda siguiente era festivo y la mayor\u00eda de la gente estaba de puente. La jornada se presentaba tranquila. Sin las forzadas conversaciones a las que nos obligan los primeros compases de la semana.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Entonces, el ruido del ascensor al detenerse me sobresalt\u00f3. No hab\u00eda pasado ni de la entreplanta. Mi viaje al cielo de Bilbao hab\u00eda sido interrumpido sin ninguna misericordia. Como si fuesen un tel\u00f3n rojo, las puertas se abrieron para presentar a un personaje digno de la m\u00e1s decadente tragicomedia. Ah\u00ed estaba \u00e9l, con su pinta de vendedor a puerta fr\u00eda. Los pantalones le quedaban cortos, dejando entrever unos calcetines ro\u00eddos por el uso. El cintur\u00f3n hab\u00eda sido doblegado por esa panza que demostraba que la entrop\u00eda crece y el universo se expande continuamente. Las arrugas de la camisa dejaban en evidencia que no hab\u00eda sido planchada en mucho tiempo. Posiblemente, ese desgraciado estaba pasando alg\u00fan divorcio traum\u00e1tico y durante toda su vida se hab\u00eda considerado demasiado machote para dedicarse a labores dom\u00e9sticas. Entonces, repar\u00e9 en su cara y comprend\u00ed que solo un milagro le hubiese permitido tener pareja. No dir\u00e9 que fuese feo, ya que en su rostro hab\u00eda cierta simetr\u00eda. Pero\u2026 transmit\u00eda pocas ganas de vivir. Como si todos los d\u00edas junto a \u00e9l fuesen un lunes lluvioso como aqu\u00e9l.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Cuando nuestras miradas se cruzaron, trat\u00e9 de apartar la m\u00eda. Pero fue demasiado tarde. En su rostro se dibuj\u00f3 un intento de sonrisa. Una mueca m\u00e1s articulada que la de una marioneta de ventr\u00edlocuo. Y, ah\u00ed, en la comisura de sus labios, un rastro de saliva. Materia acumulada durante a saber cu\u00e1nto tiempo hasta formar una consistente masa blanquecina. Nunca una cosa tan min\u00fascula me hab\u00eda parecido tan desagradable. Y sin embargo, resultaba hipn\u00f3tica. Como un grano en la nariz que se elude mirar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Me concentr\u00e9 con todo mi empe\u00f1o en los n\u00fameros que marcaba la pantalla digital. 2,3. La pr\u00f3xima vez subir\u00eda por las escaleras. 4,5. \u00bfPor qu\u00e9 de entre todos los ascensores ha elegido \u00e9ste? 6,7. Y el ascensor se detuvo. \u00a1Menos mal! Alguien compartir\u00eda mi desdicha. Todo ser\u00eda m\u00e1s llevadero. Pero\u2026 las puertas no se abr\u00edan. Y tras unos segundos que me parecieron horas:<\/span><\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\"><span style=\"font-weight: 400;\">-Ser\u00e1 un clich\u00e9, pero siempre he querido follar en un ascensor.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Definitivamente, deb\u00eda tratarse de una pesadilla. No pod\u00eda creer lo que hab\u00eda escuchado. Ese ser era capaz de hablar y de articular nada m\u00e1s y nada menos que la palabra follar. Me qued\u00e9 inm\u00f3vil, como si la fuerza que me empujaba a soltarle un paraguazo se compensase con la que me impulsaba a apretar el botoncito amarillo hasta destrozarme los dedos. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">Y \u00e9l permanec\u00eda inmutable, como si hubiese dicho: \u201cvaya d\u00eda que se ha quedado\u201d o \u201cma\u00f1ana mejora\u201d. Es m\u00e1s, se atrevi\u00f3 a dar un paso hacia m\u00ed. Y entonces, lo ol\u00ed.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">\u00a1Qu\u00e9 subestimado est\u00e1 el sentido del olfato! Y qu\u00e9 importancia tiene. El aroma que desprenden unas pocas gotas de agua al caer sobre la tierra nos devuelve en ocasiones, al pueblo de nuestra infancia. El rastro de algunas fragancias activa el resorte que dibuja rostros y recuerdos guardados en el caj\u00f3n m\u00e1s oculto de nuestra memoria. Del mismo modo, el olor de ese hombre me transport\u00f3 al lugar de mis m\u00e1s s\u00f3rdidos pecados.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\">A ese antro, sin un triste r\u00f3tulo de ne\u00f3n en la entrada que advierta que en su interior se da rienda suelta a cualquier tipo de fantas\u00eda. A mi v\u00e1lvula de escape, a mi \u00fanica salida de esta asfixiante rutina, donde, tras el anonimato de una m\u00e1scara, las almas solitarias podemos mostrarnos como realmente somos. All\u00ed, hab\u00eda sentido su olor con anterioridad. Y \u00e9l, el m\u00edo. Una vez hab\u00edamos estado a\u00fan m\u00e1s cerca que ahora, lo m\u00e1s cerca que dos personas puedan estar.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-weight: 400;\"> Y en ese momento me dej\u00e9 llevar. Lo siguiente que recuerdo con cierta claridad es la cara de asombro y rubor de aquel pobre reparador de ascensores al que le tocaba hacer guardia en v\u00edspera de festivo.<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Llov\u00eda. Era lunes. Y yo ten\u00eda que volver a pulsar el bot\u00f3n n\u00famero 14 de aquel ascensor. 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