{"id":3889,"date":"2015-05-01T20:08:13","date_gmt":"2015-05-01T18:08:13","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/el-valor-del-desierto\/"},"modified":"2015-05-01T20:08:13","modified_gmt":"2015-05-01T18:08:13","slug":"el-valor-del-desierto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/el-valor-del-desierto\/","title":{"rendered":"El valor del desierto"},"content":{"rendered":"<p>Mortimer B experimenta la muerte tonta y necesaria eventualmente. Los domingos, para ser exactos. Hay algo tr\u00e1gico en el d\u00eda despu\u00e9s, todo un protocolo de excepci\u00f3n para la ca\u00edda del alma desde la azotea de su mente al fr\u00edo cemento de la materia, que contempla una boca seca y el descanso eterno en la colina de Si\u00f3n. De la cama al ba\u00f1o y del ba\u00f1o a la nada. Mortimer B sabe que todo terminar\u00e1, pero para ello debe sufrir la condena de su carnalidad. Unas horas m\u00e1s, aguanta, tan s\u00f3lo unas horas m\u00e1s.<\/p>\n<div id=\"attachment_1198\" style=\"width: 1034px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-1198\" class=\"size-large wp-image-1198\" alt=\"Above the Clouds\" src=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/estratocumulus-1024x614.jpg\" width=\"1024\" height=\"614\" srcset=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/estratocumulus-1024x614.jpg 1024w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/estratocumulus-300x180.jpg 300w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/estratocumulus.jpg 2000w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><p id=\"caption-attachment-1198\" class=\"wp-caption-text\">Clase de nube: estratocumulus.<\/p><\/div>\n<p>Mortimer B tiene la ligera sospecha de que la humanidad conjura contra \u00e9l. Hay algo ah\u00ed, en el envoltorio circunstancial de cada domingo, que no entiende y le horripila. Por qu\u00e9 hago esto, qu\u00e9 han hecho de m\u00ed, en qu\u00e9 me han convertido, cu\u00e1l es la naturaleza de este castigo. No entiende nada. Por no entender, no entiende ni su cara. Esta cara no es la m\u00eda, se dice. Estos brazos se mueven, toman conciencia por s\u00ed mismos. El horror, el horror soy yo. Un error semanal.<\/p>\n<p>Mortimer B rectifica. Intuye que hay algo que ha conjurado contra la humanidad desde la noche de los tiempos. S\u00ed, Mortimer B ha mirado y ha visto. Es la materia, el reino de las cosas f\u00edsicas, el espacio y el tiempo. Todo lo apreciable y cuantificable est\u00e1 ah\u00ed para definirlo a \u00e9l, para cosificarlo como lo que es, un Dasein sintiente, plenamente consciente de su finitud.Todo lo contingente conjura para asirle, atraparle, raptarle y asfixiarle. Pero Mortimer B sabe que no sentir\u00eda nada si cada domingo fuese un d\u00eda normal.<\/p>\n<p>Para Mortimer B todo sale a la superficie en la ag\u00f3nica quietud de una resaca. Todo lo que racional y conscientemente ha metido en su cabeza, esas ideas y personajes, conjuran contra \u00e9l durante el d\u00eda. Soy una revoluci\u00f3n andante, piensa, una cabeza a punto de estallar, de la cama al ba\u00f1o y del ba\u00f1o a la morada de los muertos. Con la boca seca y el reclamo del descanso eterno. Soy un mot\u00edn a bordo, se dice. Cada domingo. Vuelve. Otra vez. Un mot\u00edn a bordo. Soy pulsiones, soy el paciente de Freud. Soy la camilla de Freud. Soy el pensamiento est\u00fapido y sobrante de un tal Freud.<\/p>\n<p>La mente escapa, ans\u00eda abandonar el cuerpo absurdo de Mortimer B. Es m\u00e1s, si pudiera, la mente se inmolar\u00eda contra el cuerpo conformando un bell\u00edsimo espect\u00e1culo representante de la dualidadmateria-esp\u00edritu en la conformaci\u00f3n ontol\u00f3gica del ser humano. Se expondr\u00eda en el MoMa, si pudiera. Ser\u00eda la gran obra art\u00edstica del siglo y en la Sorbona har\u00edan c\u00e1tedra varios progres de oscuro gab\u00e1n para teorizar sobre las entra\u00f1as inmoladas de Mortimer B. Soy una obra de arte en domingo. Etc\u00e9tera.<\/p>\n<p>Mortimer B no puede ir en contra de la circunstancialidad que le sujeta. Bueno, en realidad s\u00ed puede, pero eso significar\u00eda el suicidio. Quitarse de en medio. Un funeral, l\u00e1grimas, vidas cruzadas y un apelativo en el pueblo. Mortimer B sabe que lo que limita su existencia es el horror absoluto yno traspasable de su propia muerte. Quitarse de en medio es incluso m\u00e1s horrible que seguir existiendo.<br \/>\nMortimer B me mira. Quiere que le mate. Hay algo tr\u00e1gico en todo esto.<\/p>\n<div id=\"attachment_1201\" style=\"width: 1034px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-1201\" class=\"size-large wp-image-1201\" alt=\"nubes de magallanes\" src=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/nubes-de-magallanes-1024x651.jpg\" width=\"1024\" height=\"651\" srcset=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/nubes-de-magallanes-1024x651.jpg 1024w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/nubes-de-magallanes-300x190.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><p id=\"caption-attachment-1201\" class=\"wp-caption-text\">Galaxias hermanas conocidas como nubes de Magallanes<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Le he matado. Ya no existe. Le he liberado de s\u00ed mismo. El cad\u00e1ver de Mortimer B yace en la fosa com\u00fan de mi mente. Ojos abiertos mirando al cielo. As\u00ed ser\u00e9 yo, alg\u00fan d\u00eda, pienso. Y t\u00fa tambi\u00e9n, por justicia divina. Quieto y en paz perpetua. Se va a descomponer como todos los dem\u00e1s que cre\u00e9, todos y cada uno de los personajes que fui e imagin\u00e9 ser en tercera persona. Porque todo consiste en narrarse. En relatarse para no verse aqu\u00ed y ahora, encerrado en esta sala de espera con la puerta siempre abierta. Para no verse y aceptarse a uno mismo, sino para creerse una entidad m\u00ednimamente libre y esperanzada. Algo justificado en esta colecci\u00f3n de biograf\u00edas ejemplares.<\/p>\n<p>\u00bfTe acuerdas de Jos\u00e9? Ha dado la vuelta al mundo en pedal\u00f3n. Con \u00e9l fue Pedro, y se ha casado con una espectacular mujer polinesia campeona de salto a la comba. Ahora son felices. Y Carlos, \u00bfa qu\u00e9 no sabes que ha hecho el bueno de Carlos? \u00a1Es un puto crac! Se ha comprado una casa en Olduvai, \u00a1dice que quiere sentirse como el hombre mono! Todo son halagos e interjecciones hasta que el hast\u00edo termina poseyendo a nuestros personajes, hasta que Mar\u00eda toma una dosis excesiva de antidepresivos o Ram\u00f3n se pone una soga al cuello. Bueno, pens\u00e1ndolo bien, incluso la muerte en tercera persona puede resultar atractiva. Rom\u00e1ntica. Quiz\u00e1s porque atribuyendo las andanzas existenciales a los otros escapamos de nuestra subjetividad, del mundanal tedio que es la base de nuestra conciencia, de nuestro abrumador ego que conspira Contra nosotros mismos. S\u00f3lo as\u00ed nos libramos moment\u00e1neamente de este protagonismo que se nos ha otorgado sin contrato previo y vemos que hay libertad en el mundo. Libertad para ponerse una soga al cuello y morir antes de tiempo.<\/p>\n<p>Todo lo que puedo hacer aqu\u00ed es esperar que alguien me relate mientras yo relato la vida de los otros. Mortimer B tan s\u00f3lo era yo relat\u00e1ndome a m\u00ed mismo. Alivi\u00e1ndome. Pero me he vuelto a suprimir. J&#8217;accuse. Me acuso. Uno debe asumir que nunca ser\u00e1 due\u00f1o absoluto de s\u00ed mismo. Simplemente porque la construcci\u00f3n de nosotros mismos, de nuestro ansiado autoconpeto, original e intransferible, est\u00e1 en manos de los otros. Es ah\u00ed, en la dictadura de las miradas donde soy cosificado como cosa, a trav\u00e9s de los sentidos y atrapado en la grava del lenguaje. El infierno son los otros, dec\u00eda el otro. No, digo yo. Soy yo, en mi subjetividad, en mi isla, el infierno. Lo soy para m\u00ed, para esta nave, que es lo \u00fanico que percibo, es mi cogito, es mi sum, y ah\u00ed claudico, porque se me va hacia la nada y no puedo hacer nada. En esta arena movediza todos caemos, y nadie quiere ver c\u00f3mo es tragado lentamente por la tierra. No miren el cad\u00e1ver en las v\u00edas, advert\u00edan a \u00c1ngelaen Tesis. Es normal, pienso. Poco higi\u00e9nico. L\u00f3gico y profundamente inmaduro.<\/p>\n<p>S\u00ed. Contrario a la vida, digo, porque enemist\u00e1ndonos con la muerte, nos enemistamos con la vida. Y no decoro mi carpeta de instituto con im\u00e1genes del loco de Tur\u00edn. Eso ya se me pas\u00f3 porque, como dije una vez, si a\u00fan no te has enterado de que pap\u00e1 no fue a por tabaco, ve a buscarlo al cementerio. Porque all\u00ed estar\u00e1 \u00e9l. Y yo. Y t\u00fa. Me refiero a que todo lo que nos queda aqu\u00ed es entre-tenernos, tenernos mutuamente, sujetarnos, asirnos, mientras volamos en gr\u00e1cil ca\u00edda desde el campo de centeno del que cay\u00f3 Caulfield.<br \/>\nY como todo est\u00e1 dicho en este globo cansado, me gustar\u00eda repetir algo de alguien que entr\u00f3 y sali\u00f3 como alg\u00fan d\u00eda har\u00e9 yo. Dec\u00eda Unamuno que los pueblos viven en el sentimiento tr\u00e1gico de la vida, en la encrucijada entre la fe y la raz\u00f3n, en esa contradicci\u00f3n esencial, en esa tragedia que es querer y no poder trascender, que es fuente de angustia existencial. Fuente de vida. Y yo, Miguel, te digo que no puedo. No llego a Dios. Soy incapaz de llegar a esa revelaci\u00f3n sentimental e imaginativa. De amor, de fe. Porque a todo lo que puedo llegar es a la raz\u00f3n que dicta este texto. La raz\u00f3n s\u00ed, la &#8220;raz\u00f3n nihilista, aniquiladora&#8221; de la que advert\u00edas. Y c\u00f3mo me gustar\u00eda que as\u00ed no fuera. Mi raz\u00f3n tan solo puede sustentarse sobre lo m\u00e1s absolutamente irracional: la muerte. Un destello de raz\u00f3n bailando sobre lo ignoto e indefinible. El gran misterio. La desaparici\u00f3n de mi conciencia. Mi huida, quien sabe si mi fin. Mi desvinculaci\u00f3n de todas vuestras caras, cuerpos y nombres.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_1199\" style=\"width: 1034px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/nimboestratos.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-1199\" class=\"size-large wp-image-1199\" alt=\"Nimbostratus virga. Bearbeitung: Unscharf maskieren auf HS_V_, Weiche Kanten.\" src=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/nimboestratos-1024x680.jpg\" width=\"1024\" height=\"680\" srcset=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/nimboestratos-1024x680.jpg 1024w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2015\/04\/nimboestratos-300x199.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-1199\" class=\"wp-caption-text\">Clase de nube: Nimbostrato.<\/p><\/div>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Mi raz\u00f3n es una isla rodeada por las aguas de la muerte. Puedo elucubrar sobre los mundos posibles m\u00e1s all\u00e1 de los horizontes que alcanza mi insuficiente vista, pero para saber si realmente hay algo tendr\u00e9 que morir primero. Y habiendo muerto ya no ser\u00e9 yo, habr\u00e9 dejado esta isla, no ser\u00e9 la raz\u00f3n que se desangra en cada palabra de este texto. Habiendo muerto podr\u00e9 hablar, postularme sobre el m\u00e1s all\u00e1 que habitar\u00e9, pero mi falsa poes\u00eda terrenal habr\u00e1 atravesado el umbral que me impulsa a escribir. No puedo afirmarlo, pero quiero pensar que mi muerte no la experimentar\u00e9 en mi raz\u00f3n, sino que el maravilloso y dantesco espect\u00e1culo del raciocinio humano caer\u00e1 sobre los otros cuando yo me vaya. Por mucho que razone mi epitafio no ser\u00e9 yo quien lo esculpa sobre la piedra que conformar\u00e1 mi l\u00e1pida.<\/p>\n<p>Y es que a m\u00ed me duele la vida, se me escapa cuando la razono, igual que un pez que se escurre entre mis manos terrestres. A Unamuno le dol\u00eda Dios porque lo quer\u00eda y lo ansiaba. Pero ahora Dios es pol\u00edticamente incorrecto. Desde Nietzsche la convenci\u00f3n ha proscrito a Dios de la Tierra, lo que no hace sino afirmar que todo est\u00e1 solapado por el incesante ruido. A m\u00ed me duele Dios, como le dol\u00eda a Miguel hace cien a\u00f1os. Quiero decir que me duele verme envuelto constantemente en la lucha con la teleolog\u00eda -t\u00e9rmino menos manido que ese tal Dios de larga barba y, por ende, m\u00e1s desconcertante para el lector de labia f\u00e1cil-, que es lo que creo ha creado a Dios. Enotras palabras, me duele mi finalidad aqu\u00ed entre vosotros. Nuestra finalidad y, ante todo, nuestra actitud ante ello. El silencio de la existencia y el silencio del hombre ante su existencia. Porque al no serme revelado mi thelos todo es anhelo. Soy anhelo. Y que me duela es un s\u00edntoma de que estoy vivo. Y que lo ignor\u00e9is es un s\u00edntoma de que est\u00e1is muertos.<\/p>\n<p>Cuantos no creen en Dios o creen no creer en \u00c9l, creen en cualquier diosecillo, o siquiera en un demoniejo, o en un ag\u00fcero, o en una herradura que encontraron por acaso al azar de los caminos, y que guardan sobre su coraz\u00f3n para que les traiga buena suerte y les defienda de esa misma raz\u00f3n de que se imaginan ser fieles servidores y devotos.<\/p>\n<p>Son tantas ya las herraduras. Tantos los desayunos de un lunes por la ma\u00f1ana, un partido de f\u00fatbol y un reloj en la pared. Tantas las maneras de no enfrentarse a uno mismo. A la finitud constante de todo este escenario. A la fugacidad y el desaparecer inminente del instante ansiado. Y la belleza est\u00e1 escondida aqu\u00ed, en cada esquina, en el espect\u00e1culo de la m\u00e1gica extinci\u00f3n. Ella tambi\u00e9n est\u00e1 condenada a morir. La belleza se apaga, muere en pocos segundos, de forma bella y triste, como el crep\u00fasculo, para confinarnos en el yermo p\u00e1ramo de lo vulgar. Nos deja aqu\u00ed, abandonados, generando el mundanal ruido que pueda acallar el amenazante tic-tac. Somos de una desesperanzada Gran Belleza.<\/p>\n<p>Todo est\u00e1 resguardado bajo la ch\u00e1chara y el ruido. El silencio y el sentimiento. La emoci\u00f3n y el miedo. Los demacrados e inconstantes destellos de belleza. La decadencia, la desgracia y el hombre miserable.<\/p>\n<p>Habitamos ruido. V\u00edctimas de nuestras miradas, de nuestras palabras, de nuestras interacciones. Ruido, m\u00e1s ruido. Somos anhelo que fracasa y genera ruido. Todo lo que nos queda es la posibilidad de narrarnos. Escribir la propia biograf\u00eda en tercera persona. Como Julio C\u00e9sar y sus guerras. Como Stalin. Porque desde fuera nuestra banal y asfixiante subjetividad puede metamorfosearse. Podemos ser diferentes, aparentar ser algo. Salv\u00e9monos en los otros, en sus ojos, en su infierno. Con tal de no enfrentar este preciso momento. Aqu\u00ed y ahora. Nunca m\u00e1s.<\/p>\n<p>T\u00fa y yo. Nos proyectamos. Somos planes. Somos Jos\u00e9 en pedal\u00f3n y Pedro en Polinesia. Somos egos violando el futuro y negando nuestro presente. Escapando. Porque aqu\u00ed s\u00f3lo queda una verdad: la circunstancia es el horror. S\u00ed, el mundo nos alcanza, nos atrapa, nos conquista y no podemos escondernos. Deseamos escapar de nosotros mismos y no encontrar nuestro yo. Nunca. Porque espanta verse en el espejo y ver que la piel cae y que nos podrimos lentamente como un filete.<\/p>\n<p>Y hay as\u00ed tantas personas en m\u00ed. Tantas tambi\u00e9n en ti. Tanto sufrimiento encriptado en estas sonrisas de disparo autom\u00e1tico que nos regalamos mutuamente para tapar el misterio elemental. Todo consiste en si uno es capaz de mirar y ver como Mortimer B. Si as\u00ed hacemos, comprenderemos que no somos distintos a nadie, somos Harrison en la India, somos Hesse en los Alpes, somos Byron en Grecia, somos Gauguin en Tahit\u00ed o Zweig en Brasil. Somos el pr\u00edncipe Harry disfrazado de nazi. Somos lo que hacemos con lo que otros hicieron de nosotros. Lo que se desprendi\u00f3 violentamente en el parto, las migas de pan en el plato que esperan no ser comidas, las criaturas que esperan est\u00fapidamente ser ignoradas por la ley universal. Mirando a otro lado, incapaces de romper el contrato existencial que alguien firm\u00f3 por nosotros y que nos puso aqu\u00ed. Aqu\u00ed y ahora.<\/p>\n<p>Provoca una \u00edntima pena pensar lo infructuoso del ag\u00f3nico empe\u00f1o por justificar una vida. Todos los hombres y mujeres que se irguieron cada ma\u00f1ana, en esta tierra o aquella, todos sintieron algo alguna vez. Y ahora no queda nada, si es que alguien tuvo el detalle de escribir su nombre en alg\u00fan libro. No s\u00e9 qu\u00e9 es lo que genera esta inercia existencial ni lo que justifica una vida. Sinceramente.<\/p>\n<p>Pero todo lo que me queda es esta hoja y un tr\u00e1gico sentido del humor. Y mi raz\u00f3n, mi contundente conciencia cartesiana apegada a toda la materia corruptible. Y esta feliz resignaci\u00f3n con la que me entretengo a m\u00ed mismo. Creo que nos deshumaniza ignorar el sentimiento tr\u00e1gico de la vida, la feliz tragedia de no poder salvar la conciencia en su camino a la eternidad. Por eso mismo, es did\u00e1ctico, pienso, morir en cada esquina. As\u00ed que ya sabes, lo que necesitas es algo simple. Simple y llanamente, necesitas la muerte de otro para ir asimilando el propio tr\u00e1nsito.<\/p>\n<p>Al fin y al cabo, para vivir, todo hombre necesita un funeral.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mortimer B experimenta la muerte tonta y necesaria eventualmente. Los domingos, para ser exactos. 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