{"id":3969,"date":"2017-02-02T16:14:30","date_gmt":"2017-02-02T15:14:30","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/el-norte\/"},"modified":"2017-02-02T16:14:30","modified_gmt":"2017-02-02T15:14:30","slug":"el-norte","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/el-norte\/","title":{"rendered":"El Norte"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<div id=\"attachment_1865\" style=\"width: 1034px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-1865\" class=\"size-large wp-image-1865\" src=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/c17-1024x680.jpg\" alt=\"Fotograf\u00eda de I. 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A\u00fan era capaz de evocar el franqueo de la decadente fachada de Ranjanas Ceramic, las danzantes siluetas sobre los muros de la f\u00e1brica ahora inerte.<\/p>\n<p>No siempre me resultaba f\u00e1cil trazar los movimientos que realic\u00e9 en el pasado:<br \/>\nrecuperar el sonido del viento, del inclinarse de la palmera, de los tiros. Ocurre esto a menudo, pues en el distrito de Vavuniya nadie es capaz de sentir la Bah\u00eda de Bengala. Sin embargo, uno se sabe cercado por innumerables checkpoints militares que dan la bienvenida a Manik Farm. Es por ello que, a veces, decidimos romper el silencio, renombrar el dolor interno al apoyar nuestras manos en la estructura de alambre. Empujamos as\u00ed, apenas con los dedos, el cansancio infinito. El hast\u00edo que supone haber olvidado c\u00f3mo era la distribuci\u00f3n de nuestras casas, cuando ahora resulta tan sencillo delinear las formas que la alambrada toma alrededor del terreno. Llega la noche y detr\u00e1s de cada una se asoma su memoria, la familia, la distancia.<\/p>\n<p>Poco a poco reordeno las historias que mi madre me cuenta acerca de la vida en Jaffna, aunque para m\u00ed un rinc\u00f3n sean todos los rincones: Vanni, el este. El norte del norte en mi recuerdo no existe. All\u00ed vivi\u00f3 aquel a quien hubiera llamado Appa, pero Appa falleci\u00f3 el 21 de octubre. Concili\u00f3 as\u00ed su deuda con la muerte pero no pudo subsanar todos los errores. Ese mismo a\u00f1o, en 1987, naci\u00f3 conmigo el yerro de un padre tamil. Me hubiera gustado estar en Jaffna para poder haber querido el este. Quiz\u00e1, de ese modo, no hubiera echado a perder mis d\u00edas de aqu\u00ed para all\u00e1. Sin embargo, finjo habitualmente a\u00f1orar lo vivido y reconstruyo as\u00ed mi imagen frente a los dem\u00e1s. Cada vez que me preguntan, por ejemplo, c\u00f3mo eran las jornadas de pesca, recurro a la narraci\u00f3n vacua de lo compartido. Cuento habitualmente que los hombres de Trincomalee, entre los<br \/>\nque estaba mi t\u00edo, volv\u00edan al mediod\u00eda. Cuando la j\u00e1bega ven\u00eda cargada arrastr\u00e1bamos con fuerza la embarcaci\u00f3n hacia la orilla, igual que la embarcaci\u00f3n hab\u00eda -horas antes- arrastrado el pescado. A veces, si el viento soplaba fuerte, la empuj\u00e1bamos hacia dentro de la playa, lo m\u00e1s profundo posible. Una vez all\u00ed, descarg\u00e1bamos las redes y nos encarg\u00e1bamos de desenganchar a los peces que hubieran quedado atrapados en ellas. Adem\u00e1s, las desenred\u00e1bamos y dobl\u00e1bamos para que la ma\u00f1ana pr\u00f3xima, cuando volvieran a salir a faenar, pudieran estar a punto. Mi madre me ense\u00f1\u00f3 tambi\u00e9n a remendarlas. Pero esto no lo cuento. Me guardo la imagen de mis manos cortando primero los retazos sueltos, para despu\u00e9s volver a crear rombos perfectos cosiendo unos a otros.<\/p>\n<p>Tuve que ir a menudo en busca de combustible para la embarcaci\u00f3n. Nadie en el pueblo quer\u00eda venderme sus reservas, por miedo a quedarse tambi\u00e9n sin ellas. Mi debilidad por las analog\u00edas tornaba esta experiencia en proceso cognitivo. Me ayudaba a recuperar la memoria de mi madre y, aunque ilusoriamente, experimentaba la escasez afrontada previamente por Appa. Ve\u00eda sin ver su silueta en el vac\u00edo dejado por los trabajadores que tem\u00edan la inminencia de la operaci\u00f3n militar del ej\u00e9rcito indio. Mi t\u00edo siempre dec\u00eda que hab\u00eda sido Rajiv Gandhi quien hab\u00eda tra\u00eddo al IPKF; eso ahora viene a dar igual. Lo que yo anhelaba era volver a encontr\u00e1rmelo. Appa: maya. Puede que esta vez estuviera sentado, mecido por el canturreo de melod\u00edas delicadas, dibujando con sus pies circunferencias indescriptibles.<\/p>\n<p>La radio recomend\u00f3 la huida. Las tropas indias ya hab\u00edan atacado desde el mar y los Tigres desde tierra. Mi hermano me escribi\u00f3 dici\u00e9ndome que las cosas a\u00fan estaban tranquilas en Batticaloa. Subimos al primer autob\u00fas que part\u00eda para all\u00e1. El llanto de Amirtha era incesante y sin embargo provocaba en m\u00ed un efecto calmante. En medio del traqueteo, de la agitaci\u00f3n latente velada por la m\u00fasica de Wijeratne Warakagoda, le daba el pecho. Durante el trayecto, a medida que avanz\u00e1bamos un kil\u00f3metro y otro y otro, me desped\u00eda de mi juventud. Todos trajimos nuestras vidas a Manik y aqu\u00ed nos afligen cuando anochece, cuando sonora y lejana contin\u00faa incesante la lluvia. Nada regresa.<\/p>\n<p>Palpo el coco, dejo que mis yemas trepen por su corteza, despacio. Mientras subo hasta lo alto de la roca de Swami me giro para ver el puerto de Trinco. Cuando vuelvo a caminar siento a Shiva m\u00e1s cerca. Me aproximo al templo de Koneswaram. Marcho de nuevo y quiero despedirme. Dejo que el ecuador del coco repose sobre la roca. Respiro.<\/p>\n<p>Qu\u00e9 breve ser\u00e1 la imagen de la tormenta cuando la alambrada anuncie un nuevo viaje. Acudir\u00e9 a dec\u00edrselo a Amirtha e inventar\u00e9 una nueva distribuci\u00f3n para nuestra casa. Dicen que todav\u00eda no podremos volver a all\u00ed de donde partimos, pero el hogar est\u00e1 en nosotras. Recupero la imagen de la palmera, el sonido del viento. De nuevo un autob\u00fas. Flores en el salpicadero. Nos acercar\u00e1 tal vez Kombavil al paso del Elefante, a la pen\u00ednsula de Jaffna.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1 se deshagan hoy en el horizonte las fronteras. Me apetece sentir Koneswaram. Fluye el tiempo y mis manos vuelven a estar h\u00famedas. Levanto levemente el coco de la roca. Lo sostengo, lo giro y lo golpeo. Resbalan las gotas. Siempre nos reunir\u00e1n las im\u00e1genes del pasado de camino a casa. Muevo mis pies alrededor de la pila esbozando circunferencias conc\u00e9ntricas. Appa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; &nbsp; Sucedi\u00f3 esta misma ma\u00f1ana: el encuentro a solas con su imagen empa\u00f1\u00f3 el aire. Cerrando los ojos record\u00f3 c\u00f3mo aquella palmera se inclinaba a la derecha, resistente aun vencida por el viento, en la calzada elevada que lleva de Jaffna a Mandaitivu. 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