{"id":4870,"date":"2023-05-12T10:00:02","date_gmt":"2023-05-12T08:00:02","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/?p=4870"},"modified":"2023-05-24T11:18:32","modified_gmt":"2023-05-24T09:18:32","slug":"canto-por-una-ausencia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/canto-por-una-ausencia\/","title":{"rendered":"Canto por una ausencia"},"content":{"rendered":"\n<p>Existen vidas que se van sin avisar, sin saber que nos habitaron. Yo no sab\u00eda que dentro de m\u00ed hab\u00eda otros latidos. Una a veces no comprende de d\u00f3nde viene, ni tampoco a d\u00f3nde quiere ir, el tiempo a veces va demasiado deprisa y otras, lento, quiz\u00e1 demasiado.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo canto por una ausencia, yo no sab\u00eda que un cuerpo enfermo tambi\u00e9n pod\u00eda engendrar una vida. Era demasiado peque\u00f1a, tan peque\u00f1a que la m\u00e9dica me miraba con ojitos de miedo cada vez que me ten\u00eda que pesar. Yo tambi\u00e9n ten\u00eda miedo de esa b\u00e1scula que en cuarenta y nueve segundos ten\u00eda m\u00e1s informaci\u00f3n de m\u00ed que lo que yo hab\u00eda alcanzado a conocer a lo largo de veinte a\u00f1os. \u201cOjal\u00e1 se regalen los kilos\u201d le dec\u00eda a mi madre. \u201cHija, intenta comer un poco m\u00e1s\u201d me respond\u00eda ella. Pero no, no pod\u00eda. Mi cuerpo cada vez ocupaba menos espacio, la culpa, sin embargo, era cada vez mayor.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo quiero volver al campo, quiero volver al trigal, al centeno, quiero volver a palpar las ovejas y mantenerme ah\u00ed, con ellas. Cuando vienes de mujeres del campo, la ciudad a veces te parece un lugar en el que nadie sabe realmente qu\u00e9 es lo que quiere hacer. Donde no se valora a quienes estuvieron antes, donde no se rinde el recuerdo a quienes allanaron este camino. No necesito mucho, s\u00f3lo tener cerquita, mira, as\u00ed de cerquita el campo y un tractor, mi tractor azul. Un huerto, una laguna, un camino y un bosque. S\u00f3lo eso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cS\u00f3lo eso\u201d repito lentamente. Pero ahora, s\u00f3lo tengo una habitaci\u00f3n blanca y compa\u00f1eras que tambi\u00e9n han enfermado por falta de amor, ajeno, pero sobre todo, propio. La cura parece f\u00e1cil, todo el mundo parece saber qu\u00e9 debo, qu\u00e9 debemos hacer para estar bien. \u201cCome un poco m\u00e1s, come un poco menos, deja de vomitar, no hagas ayunos que duren d\u00edas, qui\u00e9rete. Qui\u00e9rete porque mira qu\u00e9 guapa eres, qu\u00e9 lista, qu\u00e9 sonrisa, qu\u00e9 pelo, qu\u00e9 belleza, qu\u00e9 especial\u201d. He crecido, porque hemos crecido con comentarios constantes sobre el cuerpo. Pero yo no quiero eso, yo no quer\u00eda que al ir al campo o al aparcar en la ciudad me reconocieran por mi cuerpo. Todo el mundo parece tener la soluci\u00f3n, pero nadie se sienta para hablar de la culpa o de d\u00f3nde brota \u00e9sta. La culpa, la culpa, la gran culpa. Esta planta la habitamos mujeres que durante toda la vida nos ha atravesado la culpa y todav\u00eda no hemos dado con la forma de expulsarla de nosotras.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero yo no canto por o a la culpa. Yo canto por una ausencia. Canto por la vida que engendr\u00e9 y que cosechando, perd\u00ed. Porque yo estaba cosechando cuando sent\u00ed un pinchazo, luego otro, despu\u00e9s otro y uno \u00faltimo, en el vientre, en la lumbar y despu\u00e9s en un costado. Despu\u00e9s las n\u00e1useas, el v\u00e9rtigo. Creo que fue entre esos dos \u00faltimos cuando me alcanz\u00f3 la p\u00e9rdida. Yo intentaba sostenerla, contraje los muslos y la entrepierna. Quiz\u00e1 era tarde, no pude socorrer ni sostener toda la sangre que brotaba de m\u00ed. \u201cQu\u00e9 es esto, qu\u00e9 est\u00e1 pasando, qu\u00e9 ocurre, de d\u00f3nde viene, de d\u00f3nde sale esto, qui\u00e9n se va\u201d pens\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQui\u00e9n sangraba? \u00bfSangraba yo o sangraba aquella vida? Quiz\u00e1s \u00e9ramos las dos. Quiz\u00e1 mi hija y yo est\u00e1bamos sangrando a la vez, quiz\u00e1 lo \u00fanico que pude hacer despu\u00e9s del primer sangrado fue compenetrarme con ella para intentar sostenerla un poco m\u00e1s, aunque fuera diminuta, casi tan diminuta como dos semillas de trigo compactadas. No lo s\u00e9, jam\u00e1s llegar\u00e9 a saberlo. La realidad es que estaba sola en el campo, y me temblaban las piernas, la voz, la sangre y el cuerpo. Mi existencia temblaba en una tierra que hab\u00eda alimentado a mis ancestros. Puede entonces que no estuviera sola, quiz\u00e1 toda esa gente estuviera conmigo en ese momento. \u201cQuiz\u00e1 no est\u00e9s sola en esto\u201d me dec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 no estuviera sola, pero en ese momento me sent\u00eda en soledad, vulnerable, sucia, vac\u00eda, hueca. Nunca hab\u00eda sentido huecos dentro de m\u00ed, pero desde entonces existe un espacio a veces demasiado grande en mi vientre.<\/p>\n\n\n\n<p>Supongo que a veces ocurren cosas que no percibimos, como el nuevo ternero que ha nacido hoy. Como el olivo de casa, que ha vuelto a brotar. Como el abrazo que pap\u00e1 quiere darme. Como aquel mirlo que busca a su hermano. Como esa mujer, que tiene miedo y no se atreve a decirlo. Tambi\u00e9n hay cosas que se pueden reconstruir. Como las carreteras, los puentes. Como los v\u00ednculos. Como la memoria, la ajena, la propia y la hist\u00f3rica.<\/p>\n\n\n\n<p>Dar vida, sin saberlo. Perder una, sin saber que la est\u00e1s perdiendo. Habitar una casa, un cuerpo y dejarnos crecer ah\u00ed. Puede que esa sea la moraleja de nuestra existencia, aprender a habitar, habitarnos a pesar de los abandonos, de las ausencias, de los vac\u00edos no sostenidos.<\/p>\n\n\n\n<p>No me desped\u00ed de aquella peque\u00f1a vida, pero \u00bfc\u00f3mo se dice adi\u00f3s a una cosa sumamente peque\u00f1a? No s\u00e9 si fue la mejor idea, pero en mitad del campo tuve una visi\u00f3n: deb\u00eda entregar los rastros que aquella peque\u00f1a vida hab\u00eda dejado entre mis dedos y mis piernas al olivo. Hablo del olivo que durante siglos ha pertenecido a nuestra familia. Hablo del olivo en que todos, pero sobre todo las mujeres de mi linaje hemos tenido como referencia. Porque el olivo escucha. El olivo hace germinar nuevos brotes en todo lo que enterremos a su vera. Bajo \u00e9l: conversaciones eternas, recuerdos congelados, cordones umbilicales, historias de violencia, enamoramientos, duelos, muertes y ahora, tambi\u00e9n vidas. En mitad del campo sent\u00ed la necesidad de llegar r\u00e1pido a aquel olivo. De arrodillarme ante \u00e9l, susurrarle y cavar con mis propias manos un peque\u00f1o hueco donde aquella peque\u00f1a vida cupiera.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfCu\u00e1nto deb\u00eda cavar para algo tan peque\u00f1o? \u00bfDeb\u00eda ser profundo el hoyo? \u00bfO largo y estrecho? No lo supe, no supe detallar o justificar mentalmente cu\u00e1nto espacio deb\u00eda cederle. \u00bfCu\u00e1nto ocupaba esa p\u00e9rdida dentro de m\u00ed? \u00bfEra una ausencia profunda? \u00bfEs un hueco permanente? \u00bfSer\u00e1 una herida eterna dentro de m\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>Intento pensar, intento recordar qu\u00e9 d\u00eda engendr\u00e9 yo aquella vida. Intento recordar con qui\u00e9n compart\u00ed mi cuerpo enfermo. Intento pensar en el deseo, pero la verdad es que en aquel tiempo yo no deseaba, sino que necesitaba sentirme deseada. Aquella criatura que engendr\u00e9 no brot\u00f3 del acto del deseo mutuo, sino del deseo del querer merecer. Hablo del querer merecer el cari\u00f1o, el afecto, el v\u00ednculo. Porque cuando un cuerpo enferma de falta de amor propio todo se mide en el: \u00bfQu\u00e9 merezco?. Como si comer, beber, querer, amar fuera un acto del merecer. Como si tuviera, tuvi\u00e9ramos que pedirnos permiso para atraer las cosas buenas. Como si tuviera, tuvi\u00e9ramos que merecer el alimentarnos. Como si tuviera, tuvi\u00e9ramos que vivir pidiendo, pidi\u00e9ndonos, pidi\u00e9ndoles permiso. Es triste, vivir as\u00ed a lo largo de tantos a\u00f1os es triste.<\/p>\n\n\n\n<p>A veces cambio la palabra \u201causencia\u201d por \u201cherida\u201d. Herida por el acto de apertura de algo dentro de m\u00ed, por aquella abertura por la que aquella vida se fue. Herida dentro del vientre. Porque la p\u00e9rdida, evolucion\u00f3 a ausencia, y la ausencia en una herida fracturada.<\/p>\n\n\n\n<p>La cuesti\u00f3n es que yo silenci\u00e9 este suceso. Al resto, a las amigas, a la familia y a m\u00ed misma. Durante meses negu\u00e9 lo sucedido, silenci\u00e9 aquella toda sangre. Silenci\u00e9 algo impronunciable: \u201cun cuerpo enfermo engendr\u00f3 una vida\u201d. Nadie se lo creer\u00eda, \u00bfqui\u00e9n se lo iba a creer?. Nuevamente, la culpa, aqu\u00ed, mira, mirad, dame, dadme vuestras manos, aqu\u00ed mira, mirad, aqu\u00ed en el centro del pecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Me negu\u00e9 a aceptar que mi cuerpo enfermo pudiera llegar a dar vida. Parecen sencillas estas palabras, pero no lo son. Despu\u00e9s, en el hospital negu\u00e9 la posibilidad de hablar del aborto, porque en aquellos tiempos nadie hab\u00eda hecho alusi\u00f3n nunca a este tema. Por lo que segu\u00ed silenciando aquella peque\u00f1a vida, aquella sangre, mi capacidad de generar vida, mi capacidad de perderla tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>La cuesti\u00f3n es que una semana antes de fallecer mi t\u00eda, dej\u00e9 mi ciudad y fui al pueblo, al campo. Al llegar, le abrac\u00e9 fuerte. Y en aquel abrazo sent\u00ed como parte de la herida de mi vientre se cerraba. Me emocione, nos emocionamos. No s\u00e9 si ella tambi\u00e9n sinti\u00f3 el amago de una cura. \u201cPuede que ella tambi\u00e9n perdiera una vida\u201d pens\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi t\u00eda se fue en primavera, aquel abrazo fue sin saberlo, una despedida. Aquel d\u00eda conoc\u00ed la capacidad que mi cuerpo ten\u00eda de cuidar y de abrazar. De abrazar hasta sentir el arraigo, el sost\u00e9n. Porque los cuerpos enfermos pueden amar. Porque el abrazo entre dos cuerpos es capaz de arraigarte a la vida. Porque quiz\u00e1 este cuerpo hubiera podido cuidar de aquella vida. Porque quiz\u00e1 este cuerpo pueda amar.<\/p>\n\n\n\n<p>No fue f\u00e1cil volver al hospital con dos heridas y dos ausencias. Hablar de la muerte de mi t\u00eda fue m\u00e1s sencillo. Lo fue, hasta que una terapeuta con cautela me pregunt\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfPor qu\u00e9 hablas cogi\u00e9ndote del vientre, te tranquiliza hacerlo, te regula?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Nervios\/ p\u00e1nico\/ v\u00e9rtigo\/ pinchazo\/ miedo\/ rotura\/ asfixia<\/p>\n\n\n\n<p>-\u201dPuede que haya perdido una vida\u201d le respond\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Ha pasado un a\u00f1o desde que acab\u00f3 mi hospitalizaci\u00f3n, tuve que crear una nueva identidad para el cuerpo enfermo que poco a poco quiso dejar ir la culpa y el odio.<\/p>\n\n\n\n<p>Volv\u00ed, porque volv\u00ed al campo y volv\u00ed tambi\u00e9n al olivo y un peque\u00f1o brote quer\u00eda salir de entre la tierra. Algo germin\u00f3 de aquellos rastros que llegu\u00e9 a sostener y que luego enterr\u00e9. Algo germin\u00f3 de aquella peque\u00f1a vida, de aquella herida que cada vez se achicaba m\u00e1s y m\u00e1s. Puede que hayamos alcanzado la vida al mismo tiempo, sin enfermedad. Puede que mi cuerpo haya conseguido el perd\u00f3n. Puede que haya perdonado a mi cuerpo. Puede que estemos brotando a la vez. Puede que de una ausencia broten flores. Puede entonces, que sin saberlo, tengamos campos con nuestro nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>_<br>Texto de Dafne Gonz\u00e1lez, primer premio del XXVI certamen de relato corto en modalidad castellano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Existen vidas que se van sin avisar, sin saber que nos habitaron. Yo no sab\u00eda que dentro de m\u00ed hab\u00eda otros latidos. Una a veces no comprende de d\u00f3nde viene, ni tampoco a d\u00f3nde quiere ir, el tiempo a veces va demasiado deprisa y otras, lento, quiz\u00e1 demasiado. 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