{"id":4872,"date":"2023-05-11T10:00:04","date_gmt":"2023-05-11T08:00:04","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/?p=4872"},"modified":"2023-05-24T11:18:15","modified_gmt":"2023-05-24T09:18:15","slug":"el-nino-que-leia-miguel-strogoff","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/el-nino-que-leia-miguel-strogoff\/","title":{"rendered":"El ni\u00f1o que le\u00eda Miguel Strogoff"},"content":{"rendered":"\n<p>Leo llevaba m\u00e1s de 40 minutos rebuscado por todos los rincones de su casa en b\u00fasqueda de aquel viejo llavero que casi ya ni recordaba. Cansado, derrotado y hastiado de su mala memoria, se dej\u00f3 caer en la cama sin saber por donde seguir buscando. Hacia solo una hora de la llamada que hab\u00eda desencadenado todo. Tan solo 60 minutos desde que el m\u00e9dico de la residencia le comunic\u00f3 el fallecimiento de su madre. Intent\u00f3 recordar cu\u00e1ndo hab\u00eda sido la \u00faltima vez que la visit\u00f3, pero le fue imposible. La enfermedad de su madre estaba muy avanzada y cada visita era una pu\u00f1alada en el alma. Mar\u00eda, su madre, no le reconoc\u00eda, se negaba a hablar con desconocidos y cuando Leo consegu\u00eda ser visto como alguien de confianza, Mar\u00eda solo le repet\u00eda las mismas preguntas una y otra vez; \u00bfd\u00f3nde est\u00e1n Olga y Elena? \u00bfcu\u00e1ndo vienen a visitarme? Leo nunca pudo responder, sobre todo porque a pesar de sus esfuerzos nunca supo a quienes se refer\u00eda su madre. Por mucho que lo intentaba, no recordaba a nadie con aquellos nombres. A Leo todo aquello le parec\u00eda una locura, aunque el m\u00e9dico le tranquilizaba diciendo que no hab\u00eda que darle importancia, que eran retazos de una memoria deshilachada que de vez en cuando se expresaba sin sentido a trav\u00e9s de las preguntas de Mar\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Decidi\u00f3 bajar al s\u00f3tano donde a\u00fan ten\u00eda varias cajas sin desembalar de su \u00faltima mudanza. Ten\u00eda un presentimiento sobre donde pod\u00eda estar el viejo llavero de publicidad que durante mucho tiempo fue su compa\u00f1ero inseparable. Lo encontr\u00f3 nada m\u00e1s abrir aquella antigua caja de metal. Lo cogi\u00f3 entre sus dedos, reconociendo perfectamente su tacto, su peso y el particular sonido de las llaves al chocar entre s\u00ed. Sali\u00f3 del s\u00f3tano con las llaves en la mano y la determinaci\u00f3n de visitar al d\u00eda siguiente la casa de su madre, recoger algunas cosas personales y dejar aquel viejo llavero en manos de la inmobiliaria.<\/p>\n\n\n\n<p>La vibraci\u00f3n del m\u00f3vil le despert\u00f3 a la ma\u00f1ana siguiente. El sol iluminaba la habitaci\u00f3n y el odioso momento de despertarse mejoraba considerablemente. No ten\u00eda mucho tiempo, as\u00ed que desayuno r\u00e1pido, se visti\u00f3 de forma informal y una hora m\u00e1s tarde, conduc\u00eda su coche deportivo hacia la casa de su madre en los suburbios. Nada m\u00e1s salir de la autov\u00eda y pasar junto al antiguo dep\u00f3sito de aguas, se encontr\u00f3 de frente con la iglesia de San Francisco. Aquella iglesia a la que su madre, mientras estuvo l\u00facida, acud\u00eda todos los domingos y donde hace m\u00e1s de 30 a\u00f1os Leo marc\u00f3 el inicio de su adolescencia neg\u00e1ndose a acompa\u00f1arla, solamente para dejar claro que era \u00e9l, y no otro, quien decid\u00eda como pasar las ma\u00f1anas de domingo. Hab\u00edan pasado m\u00e1s de 15 a\u00f1os desde su \u00faltima visita y el barrio segu\u00eda casi igual, envuelto en una cierta nostalgia rancia. Nada m\u00e1s doblar la esquina tras la tienda de muebles, encontr\u00f3 un sitio libre para aparcar. Se baj\u00f3 del coche y recorri\u00f3 con rapidez los pocos metros que le separaban del portal, deseando que ning\u00fan vecino lo reconociese. Tuvo suerte y lleg\u00f3 indemne al portal. Sac\u00f3 las llaves del bolsillo y durante un segundo, al mirarlas, se record\u00f3 en aquel mismo lugar 30 a\u00f1os m\u00e1s joven. Acudieron a su mente historias casi olvidadas, que sin embargo hab\u00edan sido determinantes para convertirlo en lo que era, uno de los profesionales m\u00e1s exitoso en el complejo mundo de las finanzas internacionales.<\/p>\n\n\n\n<p>Con resoluci\u00f3n abri\u00f3 el portal y decidi\u00f3 subir por las antiguas y estrechas escaleras. Lleg\u00f3 casi sin resuello a aquel rellano del cuarto piso donde su madre y sus vecinas compart\u00edan tantas confidencias, risas y l\u00e1grimas. All\u00ed se detuvo varios minutos, recordando a Mar\u00eda, Silvina y Raquel. Mujeres que durante a\u00f1os se convirtieron en familia y en cuyas casas pas\u00f3 cientos de horas entre desayunos, meriendas y cumplea\u00f1os \u00bfQu\u00e9 hab\u00eda sido de aquellas mujeres? \u00bfSeguir\u00e1n vivas? Las hab\u00eda olvidado durante a\u00f1os, pero all\u00ed, en aquel rellano oscuro y antiguo, reconoci\u00f3 la impronta que aquellas mujeres y sus cuidados hab\u00edan dejado en \u00e9l. El ruido del ascensor le sac\u00f3 de estos pensamientos y se dispuso a abrir la vieja puerta del 4D. La llave gir\u00f3 sin esfuerzo y al entrar en la casa, la luz que entraba por la ventana del sal\u00f3n le ayud\u00f3 a situarse en el peque\u00f1o hall. Levant\u00f3 las viejas persianas de madera del resto de las habitaciones y comenz\u00f3 a revisar la casa en b\u00fasqueda de alguna cosa que mereciese conservar.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos horas despu\u00e9s, a falta de revisar la c\u00f3moda de su madre, la bolsa solamente conten\u00eda varios pendientes y dos colgantes. Al abrir el primer caj\u00f3n de la c\u00f3moda, le sorprendi\u00f3 encontrar una vieja fotograf\u00eda suya con unos 10 a\u00f1os leyendo en su habitaci\u00f3n. Se fij\u00f3 un poco m\u00e1s en la imagen, intentando descubrir el motivo que hab\u00eda llevado a su madre a conservarla, pero no encontr\u00f3 nada especial en la imagen. Solamente era una fotograf\u00eda de un ni\u00f1o sentado en su mesa leyendo su comic favorito, Miguel Strogoff. Le encantaba aquel comic. \u00a1Cu\u00e1ntas veces en su infancia quiso ser el correo del zar! A\u00fan recordaba con bastante nitidez muchas de las vi\u00f1etas del c\u00f3mic, los textos, la p\u00e1gina del desenlace\u2026. Sali\u00f3 de la habitaci\u00f3n de su madre en busca del comic y nada m\u00e1s entrar en su antiguo cuarto lo vio. Se sent\u00f3 en el borde de su cama con \u00e9l entre las manos. A pesar de las portadas descoloridas por el paso del tiempo, manten\u00eda todo su poder para transportar a Leo a otro tiempo feliz y lejano. Pero \u00bfpor qu\u00e9 guardaba a\u00fan su madre aquel c\u00f3mic cuando el resto de libros hab\u00edan desaparecido? Aquel libro no solo segu\u00eda all\u00ed, sino que adem\u00e1s estaba colocado en un lugar destacado. Se dio cuenta que la trasera del libro estaba completamente despegada, as\u00ed que intent\u00f3 doblar el papel sobrante para protegerla cuando vio una peque\u00f1a tarjeta pegada en el cart\u00f3n de la tapa posterior oculta hasta entonces. Parec\u00eda la tarjeta de pr\u00e9stamo de una biblioteca, pero sorprendentemente parec\u00eda estar escrita en ruso. Fotografi\u00f3 la tarjeta con su m\u00f3vil y el traductor le dio la siguiente informaci\u00f3n: \u201cBiblioteca Nacional de la Rep\u00fablica de Karelia. Petrozavodsk, Republic of Karelia, Rusia\u201d. \u00bfPor qu\u00e9 aquel libro que tantas horas estuvo entre sus manos pertenec\u00eda a una biblioteca rusa? R\u00e1pidamente investigo un poco m\u00e1s sobre aquella ciudad y encontr\u00f3 varias entradas en el buscador que hablaban ella como lugar de acogida de los ni\u00f1os que hu\u00edan de la guerra civil espa\u00f1ola. Encontr\u00f3 una peque\u00f1a noticia que hablaba del aniversario de la partida del Sontay con m\u00e1s de 1500 ni\u00f1os refugiados a Rusia y su reparto en varias ciudades, entre las que destacaba Petrozavodsk. Pero \u00bfcu\u00e1l era la relaci\u00f3n del libro de origen ruso y su familia? \u00bfQu\u00e9 ten\u00edan que ver en su historia familiar los ni\u00f1os exiliados de la guerra? Leo no entend\u00eda nada. Nunca, en ning\u00fan momento de su vida, recordaba haber hablado de ese tema con su familia. No recordaba ninguna conversaci\u00f3n con sus padres sobre la guerra civil. Sin embargo, all\u00ed estaban el libro y la fotograf\u00eda entre las escasas cosas de su infancia que su madre a\u00fan conservaba. La alarma de su reloj le avis\u00f3 que ten\u00eda que regresar. Cogi\u00f3 la bolsa y meti\u00f3 en ella la fotograf\u00eda y el comic. Entr\u00f3 de nuevo a la habitaci\u00f3n de su madre, a coger la caja de los documentos personales guardados en el segundo caj\u00f3n de la c\u00f3moda. No sab\u00eda muy bien que iba a hacer con ellos, pero no pod\u00eda dejarla en la casa que iba a poner inmediatamente a la venta. As\u00ed que, sin abrirla la meti\u00f3 en la bolsa y cerrando la puerta se despidi\u00f3 de la casa de su madre. Baj\u00f3 al coche y sali\u00f3 r\u00e1pidamente de aquel barrio para dirigirse a su casa en la mejor zona de la capital.<\/p>\n\n\n\n<p>Nada m\u00e1s entrar en su apartamento, se sent\u00f3 en el sof\u00e1 y extrajo de la bolsa la fotograf\u00eda, el c\u00f3mic de Miguel Strogoff y la peque\u00f1a caja con toda la documentaci\u00f3n de su madre. En la caja encontr\u00f3 todo aquello que imaginaba, el libro de familia, la fotocopia del DNI, las libretas del banco pulcramente actualizadas&#8230; Pero adem\u00e1s, se top\u00f3 con un sobre rosa con letra infantil que desentonaba con resto de documentos. Abri\u00f3 el sobre con curiosidad sacando el contenido de su interior. El primer documento, maltratado por el tiempo, era un billete de un viaje en barco, donde aparec\u00eda Sontay como el nombre del nav\u00edo, Leningrado como destino y el 1305 como n\u00famero de identificaci\u00f3n del pasajero. Junto con el billete hab\u00eda un documento identificativo del pasajero, con una foto de su madre con no m\u00e1s de siete a\u00f1os y todos sus datos, as\u00ed como su n\u00famero de identificaci\u00f3n, el 1305. Tuvo que mirar varias veces los documentos para ser consciente de su significado. Su madre fue una de las ni\u00f1as de la guerra que partieron en el Sontay destino a Leningrado durante la guerra civil. No pod\u00eda creerlo. Su madre siempre contaba que nunca hab\u00eda salido de su pueblo hasta que se cas\u00f3 y que la primera vez que fue a un pa\u00eds extranjero fue para visitar a Leo en su trabajo en la City londinense. No obstante, los documentos que ten\u00eda en sus manos demostraban que su madre hab\u00eda viajado Rusia en aquellos tiempos tan duros. Por \u00faltimo, el sobre tambi\u00e9n conten\u00eda una fotograf\u00eda en la que se ve\u00eda a su madre acompa\u00f1ada por otras dos ni\u00f1as, delante de un edificio enorme en cuya fachada se le\u00eda \u201c\u0431\u0438\u0431\u043b\u0438\u043e\u0442\u0435\u043a\u0430\u201d, \u201cbiblioteca\u201d como le tradujo su m\u00f3vil r\u00e1pidamente. Las dos ni\u00f1as, una morena y otra rubia rodeaban a su madre, mir\u00e1ndola con una enorme sonrisa que transmit\u00eda alegr\u00eda, felicidad, amistad profunda&#8230; Se fij\u00f3 que en la fotograf\u00eda su madre llevaba algo en la mano, pero no lograba distinguir que era. Abri\u00f3 la aplicaci\u00f3n de lupa de su m\u00f3vil y consigui\u00f3 aumentar la imagen para descubrir que lo su madre llevaba en sus manos era el c\u00f3mic de Miguel Strogoff. El mismo comic que Leo ten\u00eda sobre la mesa. Volte\u00f3 la foto y vio una peque\u00f1a nota que dec\u00eda. \u201cEn la biblioteca el d\u00eda de mi cumplea\u00f1os con mis mejores amigas, Olga y Elena. Petrodonask, febrero 1939\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Su madre hab\u00eda estado en Rusia y hab\u00eda hecho profundas amistades y \u00e9l nunca hab\u00eda conocido esa historia. Rebusc\u00f3 en el sobre, encontrando un \u00faltimo documento, una peque\u00f1a postal escrita en caracteres cir\u00edlicos firmada por Olga y Elena con una direcci\u00f3n de Petrozavodsk. No ten\u00eda ning\u00fan otro documento que le pudiese dar m\u00e1s informaci\u00f3n sobre aquella historia. Tampoco pod\u00eda preguntar a nadie en su familia, ya que sus dos t\u00edas maternas hab\u00edan fallecido hace m\u00e1s de una d\u00e9cada. Rebusco entre el resto de los papeles de la caja de documentos, pero no encontr\u00f3 nada que le pudiese contar algo m\u00e1s de la historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente volvi\u00f3 de nuevo a casa de su madre, pero tampoco encontr\u00f3 ninguna referencia ni a Rusia, ni a las dos amigas de la infancia, ni al tiempo de la guerra civil. Tras dos d\u00edas buscando en la peque\u00f1a casa de 60 metros cuadrados, se convenci\u00f3 que all\u00ed no hab\u00eda ninguna informaci\u00f3n m\u00e1s sobre aquel episodio en Rusia. Leo se arrepinti\u00f3 de no haber compartido m\u00e1s tiempo con su madre, de no haberle preguntado nunca por su vida y haber dado por supuesto que ella no ten\u00eda nada de especial que contar y el, ninguna historia \u00fanica que escuchar.<\/p>\n\n\n\n<p>En aquella fr\u00eda ma\u00f1ana, el taxi fren\u00f3 sobre el hielo al llegar a su destino. Leo se cerr\u00f3 el abrigo y se ajust\u00f3 los guantes de piel, prepar\u00e1ndose para el frio del exterior. No estaba acostumbrado a caminar sobre el hielo, as\u00ed que le cost\u00f3 poder recorrer los pocos metros que le separaban de la entrada de la peque\u00f1a casa adosada. Con sumo cuidado, sac\u00f3 la postal de su bolsillo para comprobar que se encontraba en la direcci\u00f3n correcta. El descolorido y viejo cartel en la fachada de la casa se lo confirm\u00f3. Sin guardar la postal, Leo se quit\u00f3 el guante derecho y toc\u00f3 el timbre en aquella desconocida ciudad rusa de la que hace dos semanas ni siquiera hab\u00eda o\u00eddo hablar. Oy\u00f3 el sonido del cerrojo interior y una anciana abri\u00f3 la puerta mientras le dec\u00eda \u201c\u0414\u043e\u0431\u0440\u043e\u0435 \u0443\u0442\u0440\u043e, \u041b\u0435\u043e, \u044f \u0431\u044b\u043b \u0443\u0431\u0435\u0436\u0434\u0435\u043d\u0430, \u0447\u0442\u043e \u043f\u0435\u0440\u0435\u0434 \u0441\u043c\u0435\u0440\u0442\u044c\u044e \u0443 \u043c\u0435\u043d\u044f \u0431\u0443\u0434\u0435 \u0448\u0430\u043d\u0441 \u0432\u0441\u0442\u0440\u0435\u0442\u0438\u0442\u044c\u0441\u044f \u0441 \u0442\u043e\u0431\u043e\u0439. \u042f \u0432\u0441\u0435\u0433\u0434\u0430 \u0433\u043e\u0432\u043e\u0440\u0438\u043b\u0430 \u044d\u0442\u043e \u0442\u0432\u043e\u0435\u0439 \u043c\u0430\u043c\u0435\u201d. Leo le intent\u00f3 decir que no sab\u00eda ruso, pero antes de poder acabar la frase, la mujer le repiti\u00f3 la frase en un correcto castellano \u201cBuenos d\u00edas Leo, estaba convencida que antes de morir iba a tener la oportunidad de conocerte. Siempre se lo dije a tu madre\u201d. Por primera vez en su vida sinti\u00f3 que la situaci\u00f3n le superaba. Con muchas dudas, se acerc\u00f3 a la anciana y d\u00e1ndole un abraz\u00f3, comprendi\u00f3 que quer\u00eda recorrer ese camino nuevo y desconocido que le brindaba su madre, le llevase a donde le llevase.<\/p>\n\n\n\n<p>_<br>Texto de Eduardo Aguilar, segundo premio del XXVI certamen de relato corto en modalidad castellano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leo llevaba m\u00e1s de 40 minutos rebuscado por todos los rincones de su casa en b\u00fasqueda de aquel viejo llavero que casi ya ni recordaba. 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