{"id":5272,"date":"2025-02-19T11:38:27","date_gmt":"2025-02-19T10:38:27","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/?p=5272"},"modified":"2025-07-22T12:12:32","modified_gmt":"2025-07-22T10:12:32","slug":"victorias-y-frustraciones-de-las-maquinas-expendedoras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/victorias-y-frustraciones-de-las-maquinas-expendedoras\/","title":{"rendered":"Victorias y frustraciones de las m\u00e1quinas expendedoras"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><a href=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/kenny-eliason-C0V7dWFVnec-unsplash.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1920\" height=\"1280\" src=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/kenny-eliason-C0V7dWFVnec-unsplash.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5288\" srcset=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/kenny-eliason-C0V7dWFVnec-unsplash.jpg 1920w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/kenny-eliason-C0V7dWFVnec-unsplash-300x200.jpg 300w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/kenny-eliason-C0V7dWFVnec-unsplash-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/kenny-eliason-C0V7dWFVnec-unsplash-768x512.jpg 768w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2025\/02\/kenny-eliason-C0V7dWFVnec-unsplash-1536x1024.jpg 1536w\" sizes=\"auto, (max-width: 1920px) 100vw, 1920px\" \/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">Foto de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/es\/@neonbrand?utm_content=creditCopyText&amp;utm_medium=referral&amp;utm_source=unsplash\">Kenny Eliason<\/a> en <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/es\/fotos\/coca-cola-y-botellas-de-coca-cola-en-maquina-expendedora-negra-C0V7dWFVnec?utm_content=creditCopyText&amp;utm_medium=referral&amp;utm_source=unsplash\">Unsplash<\/a>.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p>El escenario, en silencio. Los mares, en calma. Un foco solitario entre personas calladas atisbando la oscuridad rompe la espera y la vida, que conten\u00eda el aliento, es reanudada con aplausos. Se aten\u00faan las toses. El p\u00fablico del teatro se concentra.<\/p>\n\n\n\n<p>Un actor irrumpe en la luz con el estr\u00e9pito de lo predecible que finalmente ha ocurrido. Es joven; va abrigado; carga una mochila pesada como un horno Bessemer y m\u00e1s densa que una estrella. Son los rasgos t\u00edpicos de un <em>homo sapiens<\/em> que ser\u00e1 presa en el futuro del dolor de espalda. Para ser precisos, son las condiciones de vida de un estudiante de incipiente miop\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Un tipo vestido de negro para que no se le vea trae a escena un armario con ruedines. El protagonista humano de la obra bosteza. Inserta una moneda. Aguarda. Exagera un ce\u00f1o fruncido. Gru\u00f1e. Grita:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Que todos los Infiernos viertan sobre esta m\u00e1quina las torturas y plagas m\u00e1s crueles que ha concebido el hombre en asociaci\u00f3n con los diablos que cr\u00eda en su cerebro invernadero! \u2014Luego susurra\u2014: No acepta monedas de dos c\u00e9ntimos, \u00bfqu\u00e9 voy a hacer? \u2014Y a\u00f1ade\u2014: \u00a1Acepta mis disculpas, trasto de mierda!<\/p>\n\n\n\n<p>Asesta una fibrosa patada de capoeira al cristal. \u00c9ste exhibe el temblor de un pavo real trasl\u00facido y friolero al salir de la ducha en invierno. La m\u00e1quina expendedora, que se llama Vending en el gui\u00f3n, se ofende con la raz\u00f3n de un Immanuel Kant. Declama su indignaci\u00f3n a los espectadores cantando con voz de contralto, as\u00ed que se trata de un musical:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00f3lo monedas de a partir de cinco c\u00e9ntimos, la, la, la.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo pone bien clarito en una de las pegatinas del cristal, bajo todos los patrocinadores. \u00abLa sociedad es una excreci\u00f3n\u00bb. No, \u00e9sa no es la pegatina, es una pintada en rotulador permanente hecha por alg\u00fan antisocial chorlito en el rostro mec\u00e1nico de Vending. En la pegatina pone, en palabras de diplom\u00e1tico ruso, que la empresa no quiere monedas de dos c\u00e9ntimos ni para financiar becarios.<\/p>\n\n\n\n<p>Vending contin\u00faa su canci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Todos sabemos que hoy en d\u00eda los j\u00f3venes no leen. Me siguen faltando al respeto y dando empujones, a pesar de que el vicedecano les ha pedido por correo que no lo hagan. Conque esas tenemos\u2026 No pienso volver a tiraros dos productos por el precio de uno, mandriles, b\u00e1rbaros, ga\u2026 ga\u2026 \u00a1garrulos! Trala, la, la, la, la.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, el duelo a muerte sin cuchillos est\u00e1 lejos de haber acabado. Los dos contendientes de la transacci\u00f3n se miran. Desd\u00e9n, rencor, alevos\u00eda, chantaje; fr\u00edo proveniente de la nevera supermercado; una sed ardiente por parte del estudiante escasamente sensibilizado con la etiqueta de comprar bebidas, que se acaricia la nariz como plante\u00e1ndose lo que se podr\u00eda lograr con un moco. La ansiedad se respira en sus conexiones sin\u00e1pticas entorpecidas. Abusa del az\u00facar, ausente de la homeostasis rota del organismo presionado. Con dedos nerviosos, arranca de su cartera las monedas de mayor val\u00eda. Recuerda que sus \u00faltimos dos euros se disolvieron en la nada al entreg\u00e1rselos a un s\u00e1ndwich mixto de la cafeter\u00eda. Sopesa el poderoso peso de la \u00faltima moneda de un euro, pero reserva el disco dorado para cerrar la taquilla del gimnasio, un tr\u00e1mite crucial del que dependen su imagen, su reputaci\u00f3n, su honor.<\/p>\n\n\n\n<p>El presionado estudiante mete moneda chiquitita tras moneda chiquitita en la ranura. Vending escupe una radiante lata de Aquarius de naranja. El brillo azul anega la visi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El tel\u00f3n desciende. La luz permanece.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo acto hablar\u00e1 de las absolutamente contempor\u00e1neas, miserables, sucias y lamentables condiciones de trabajo de los lavabos, el Dios escondido en los pomos mojados de las puertas de los ba\u00f1os y dilemas morales sobre la importancia del altruismo en edificios con escasez de papel higi\u00e9nico.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El escenario, en silencio. Los mares, en calma. 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