{"id":53,"date":"2014-05-14T19:30:17","date_gmt":"2014-05-14T17:30:17","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/?p=53"},"modified":"2014-07-30T12:31:28","modified_gmt":"2014-07-30T10:31:28","slug":"lapiedra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/lapiedra\/","title":{"rendered":"La piedra"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/Relato-Piedra1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-74     aligncenter\" title=\"By Naiel Ibarrola\" alt=\"Ilustraci\u00f3n por Naiel Ibarrola\" src=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/Relato-Piedra.jpg\" width=\"613\" height=\"437\" \/><\/a><\/p>\n<p>La casa es sencilla, humilde, pero no miserable. S\u00f3lo tiene dos estancias: la principal, y una habitaci\u00f3n com\u00fan. Hay varios ni\u00f1os de distintas edades por la casa, jugando, durmiendo. En la estancia principal, una chica joven sostiene en brazos al menor de los ni\u00f1os. En un rinc\u00f3n hay otro ni\u00f1o, de unos ocho a\u00f1os, que sigue con la mirada a su padre. \u00c9ste termina de vestirse en la habitaci\u00f3n, cruza la estancia principal y se dirige a la joven:<\/p>\n<p>&#8211; Cuida de tus hermanos.<\/p>\n<p>El padre, desde el quicio de la puerta, lanza una mirada triste al interior de la casa, a los ni\u00f1os. Se va.<\/p>\n<p>Pasados unos segundos, aprovechando que la hermana llora y no mira, el ni\u00f1o de ocho a\u00f1os sale corriendo por la misma, \u00fanica puerta. Sigue a su padre entre las callejuelas de trazado irregular y sin pavimentar, donde la tierra de las aceras se confunde con la tierra de la calzada, porque es la misma tierra, porque no hay calzadas ni aceras.<\/p>\n<p>El padre llega a una explanada sin \u00e1rboles donde hay un grupo de hombres en corro alrededor de un hoyo excavado junto a un mont\u00f3n de tierra. Muchas piedras repartidas en el suelo. Los hombres miran al padre, que tiene una expresi\u00f3n reconcentrada y seria. A distancia, tras la esquina desconchada de una casa, el ni\u00f1o ve llegar un furg\u00f3n del que salen unos hombres que sujetan con fuerza a una mujer demacrada y agotada, que tiene varios golpes y casi no se tiene en pie.<\/p>\n<p>Y el ni\u00f1o siente m\u00e1s miedo del que ha sentido en toda su vida.<\/p>\n<p>La mujer es llevada hacia el centro del c\u00edrculo que forman los hombres mientras \u00e9stos la empujan, le pegan pu\u00f1etazos y la golpean con la suela de los zapatos. El padre no se mueve, s\u00f3lo mira. Los hombres gritan:<\/p>\n<p style=\"padding-left: 30px;\">\u00a0\u00a1PUTA!<\/p>\n<p style=\"padding-left: 60px;\">\u00a0\u00a1RAMERA!<\/p>\n<p style=\"padding-left: 90px;\">\u00a0\u00a1AD\u00daLTERA!<\/p>\n<p>\u00a0El ni\u00f1o se acerca al grupo, a cierta distancia de su padre.<\/p>\n<p>La mujer cae de rodillas. Los hombres que la flanqueaban la sujetan, cogen una pieza de tela blanca de gran tama\u00f1o y empiezan a envolverla en ella, empezando por los pies que le atan con una cuerda. La mujer llora.<\/p>\n<p>Cuando los hombres est\u00e1n cubri\u00e9ndole la cara, despu\u00e9s de atarle una cuerda al torso envuelto, la mirada de la mujer se encuentra con la del ni\u00f1o, que se oculta entre las piernas de los hombres. Se miran. La mujer no tiene tiempo de decir nada. Le tapan la cara. Se revuelve. La levantan. Grita. La meten en el hoyo hasta la cintura. Los dos hombres se apartan.<\/p>\n<p>El grupo de hombres empieza a coger piedras. Se detienen, esperan. Un hombre lanza un grito. Una lluvia de piedras. Gritos.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o no grita ni llora. Mira a su padre, que tiene desde hace rato una piedra en la mano crispada. Su mand\u00edbula late. Lanza al fin la piedra, que se confunde con las otras.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o sigue mirando, inm\u00f3vil. Contempla c\u00f3mo una gran piedra acierta en la cabeza cubierta de la mujer provocando una gran mancha de sangre en la tela. El cuerpo envuelto se desploma, inerte. El ni\u00f1o mira fijamente esa piedra y el lugar en el que ha ca\u00eddo.<\/p>\n<p>Los hombres gritan a coro, jubilosos. Por un tiempo siguen lanzando piedras, hasta que algunos empiezan a irse. El padre ya no est\u00e1.<\/p>\n<p>Queda el ni\u00f1o solo, frente al cuerpo semihundido. Contempla c\u00f3mo los dos hombres retiran el cuerpo, c\u00f3mo lo cargan en el furg\u00f3n y se lo llevan.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o empieza a caminar entre las piedras. Se detiene ante aquella que dio el golpe mortal. La coge, contempla el dibujo de la sangre en la piedra. La encierra en su pu\u00f1o. Camina de vuelta a casa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Como cada noche, el ni\u00f1o descansa sobre el viejo colch\u00f3n que comparte con sus otros hermanos. Desde la sala principal llega una d\u00e9bil luz que apenas ilumina. El ni\u00f1o acaricia la piedra con el \u00edndice, recorriendo con ternura el reguero de sangre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La casa es sencilla, humilde, pero no miserable. S\u00f3lo tiene dos estancias: la principal, y una habitaci\u00f3n com\u00fan. Hay varios ni\u00f1os de distintas edades por la casa, jugando, durmiendo. En la estancia principal, una chica joven sostiene en brazos al menor de los ni\u00f1os. 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