{"id":5425,"date":"2025-04-23T10:00:00","date_gmt":"2025-04-23T08:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/?p=5425"},"modified":"2025-07-22T12:23:50","modified_gmt":"2025-07-22T10:23:50","slug":"el-gato-henry-conoce-al-curioso-impertinente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/el-gato-henry-conoce-al-curioso-impertinente\/","title":{"rendered":"El gato Henry conoce al curioso impertinente"},"content":{"rendered":"\n<figure class=\"wp-block-image size-full\"><a href=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/rusty-watson-N7VUr4pF44k-unsplash-scaled.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"2560\" height=\"1707\" src=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/rusty-watson-N7VUr4pF44k-unsplash-scaled.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-5495\" srcset=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/rusty-watson-N7VUr4pF44k-unsplash-scaled.jpg 2560w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/rusty-watson-N7VUr4pF44k-unsplash-300x200.jpg 300w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/rusty-watson-N7VUr4pF44k-unsplash-1024x683.jpg 1024w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/rusty-watson-N7VUr4pF44k-unsplash-768x512.jpg 768w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/rusty-watson-N7VUr4pF44k-unsplash-1536x1024.jpg 1536w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2025\/04\/rusty-watson-N7VUr4pF44k-unsplash-2048x1365.jpg 2048w\" sizes=\"auto, (max-width: 2560px) 100vw, 2560px\" \/><\/a><figcaption class=\"wp-element-caption\">Foto de <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/es\/@rustyct1?utm_content=creditCopyText&amp;utm_medium=referral&amp;utm_source=unsplash\">Rusty Watson<\/a> en <a href=\"https:\/\/unsplash.com\/es\/fotos\/gato-blanco-con-ojos-azules-N7VUr4pF44k?utm_content=creditCopyText&amp;utm_medium=referral&amp;utm_source=unsplash\">Unsplash<\/a><\/figcaption><\/figure>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos un gatito desde hace una semana. La otra tarde, pas\u00e1bamos por la casa que est\u00e1 al borde de la curva, de camino a Barriopalacio. Fue Edelmiro el que nos lo ofreci\u00f3, y cuando nos quisimos dar cuenta, Le\u00f3n le hab\u00eda puesto el nombre de Henry y su hermano mayor asent\u00eda entusiasmado. Ya \u00e9ramos cinco en casa. Imagin\u00e9 lo placentero que ser\u00eda disponer de un tiempo largo y pausado para observar a este animal, y verlo crecer; pero de inmediato, me puse a buscar en internet informaci\u00f3n sobre gatos. Lo ten\u00eda delante de m\u00ed, enfoc\u00e1ndome; si hubiera querido saber solamente de Henry, hubiese bastado con devolverle la mirada y no quitarle los ojos de encima.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero al contrario que Tom\u00e1s el ap\u00f3stol, no conf\u00edo exclusivamente en mis ojos. En realidad, \u00bfpor qu\u00e9 habr\u00eda de existir conflicto entre la pura observaci\u00f3n y el divagar sobre el ser amado, en cualquiera de sus formas? Esto es lo que hacemos cuando leemos, vemos pel\u00edculas, o atendemos historias sobre terceras personas. En cualquier caso, no me limitar\u00eda a mirar a Henry; tomar\u00eda atajos; de esa forma, tal vez ganase tiempo, adem\u00e1s de entretenerme y distraerme. As\u00ed que leo aqu\u00ed y all\u00e1 en alg\u00fan blog de gatos. Le doy la espalda mientras escribo estas notas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ayer fuimos a desparasitarlo. En su primera visita a la veterinaria, disparo a quemarropa: \u00ab\u00bfse puede besar a un gato en los bigotes? Lo digo sobre todo por los ni\u00f1os\u00bb. Esto \u00faltimo era una verdad a medias. En aquella consulta, ten\u00edamos puesta la mascarilla. Me sent\u00eda en desventaja, pues solo puedo interpretar el rostro de una persona mir\u00e1ndole al morro, al hocico. Es lo que mejor conozco, se me da bien. Para m\u00ed, los ojos son un complemento inquietante, m\u00e1s o menos oscuro. En fin, con esto de las mascarillas, tendr\u00e9 que empezar de cero. Por fortuna, era una veterinaria expresiva. Los ojos le hac\u00edan chiribitas, mientras nos contaba que ten\u00eda gato en casa, y que hab\u00eda que besarlo, \u00abnada que temer, siempre que est\u00e9 vacunado y sea un gato dom\u00e9stico\u00bb. Sus ojos casta\u00f1os y una voz c\u00e1lida y amable se daban de tortas con la mascarilla; me fij\u00e9 en c\u00f3mo su aliento inflaba y desinflaba la tela al ritmo de su respiraci\u00f3n, formando un dibujo que yo trataba de desentra\u00f1ar, y as\u00ed hallar indicios de no se sabe qu\u00e9. Me divirti\u00f3 completar esos ojos pizpiretos con una boca de mi invenci\u00f3n. Ya se sabe, el juego que da la veladura, lo insinuado. Jurar\u00eda que ten\u00eda una cara bien simp\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la noche, consulto a un par de amigos que tienen gato -pienso en Likal, en Oihana-, y que tienen algo de gato, y que quisieran parecerse a un gato. Echo de menos el libro \u201cGatos\u201d, del poeta colombiano Dar\u00edo Jaramillo. Lo he dejado en Aiboa. Me lo imagino est\u00e9ril, cerrado en la estanter\u00eda. Consultar\u00e9 internet, revisar\u00e9 alg\u00fan que otro poema tem\u00e1tico. Todo atajos, pero es que, como Teseo, sospecho que lo que busco es perderme en el laberinto; saber cada vez un poco m\u00e1s, ligar una historia con otra, mientras renuncio a mirar a este gato concreto que tengo delante.<\/p>\n\n\n\n<p>Querido gato, conf\u00eda en m\u00ed; juro que aprender\u00e9 a quererte pese a tanto viaje de ida y vuelta. Sucede que a muchos no nos basta el mundo tal como se nos presenta a la vista. Y nos perdemos. Sin embargo, consuela saber que, tras el laberinto, siempre nos quedar\u00e1 la observaci\u00f3n pura y dura del ser amado. S\u00ed, amigo; disculpa, perm\u00edteme empezar de nuevo; tratar\u00e9 de borrar este batiburrillo reci\u00e9n aprendido sobre gatos; deja que entierre alg\u00fan poema de urgencia, y a esa panda de escritores que solo quieren hablar de s\u00ed mismos con la excusa del gato. Me doy cuenta de que vamos a vivir juntos, a compartir un tiempo. Habremos de mirarnos mutuamente, y eso me hace feliz y me emociona, aunque no haya c\u00e1maras. Todo ir\u00e1 bien, ya lo ver\u00e1s. Las cosas se ir\u00e1n haciendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero introduzco en el buscador \u201cmejor documental sobre gatos\u201d. Escojo uno que remite al antiguo Egipto. Cuenta que llevamos conviviendo cuatro mil a\u00f1os, como si fuese much\u00edsimo tiempo; no s\u00e9 qu\u00e9 pasa, pero no me impresiona. He hecho el c\u00e1lculo: si dividimos cuatro mil a\u00f1os entre los quince de media que vive un gato, da para doscientas sesenta y seis generaciones de roce entre personas y gatos. De los arenales del antiguo Egipto, a la casa de Edelmiro. Eso es todo lo alejado que est\u00e1 Henry del gato salvaje. Seg\u00fan Sole, en esa curva estaba destinado a convertirse en pur\u00e9 de gato.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace tiempo, tuve una perra amorosa. Me asomaba y le ol\u00eda la boca; esto lo hago cuando quiero mucho a un animal, pero tambi\u00e9n a una persona. Entonces, tengo la sensaci\u00f3n de hacerme con algo m\u00e1s que una idea; es una huella \u00edntima que atesoro, una forma de identidad que permanece incluso cuando estamos separados. A m\u00ed me funciona. Leo en Joubert: \u00abEl gusto aumenta la memoria; existe la memoria del gusto: nos acordamos de lo que nos ha gustado. Existe tambi\u00e9n la de la imaginaci\u00f3n: nos acordamos de lo que nos ha encantado\u00bb. Al final de la boca de Henry, un gatito reci\u00e9n estrenado, con unos dientes de leche en punta, percib\u00ed que ol\u00eda muy, pero que muy remotamente, a pescado podrido. Todo en orden. Lo m\u00edo es un vicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Tuve una perra entregada, una caniche apricot. Estoy convencido de que esa entrega mutua que nos dedicamos no supuso el menor menoscabo para su psicolog\u00eda ni para la m\u00eda. Al contrario; se nos ve\u00eda fuertes, lozanos, radiantes. Probablemente, \u201centrega\u201d no sea la palabra. Cierto que ella era m\u00eda, y yo, de ella. As\u00ed de sencillo. Tampoco \u201cposesi\u00f3n\u201d ser\u00eda el concepto m\u00e1s preciso para definir aquello. Reconozco que hab\u00eda algo de territorial, pues all\u00e1 donde dos se aman existe una suerte de c\u00edrculo y se tiende a protegerlo; sin embargo, no es esto lo que mejor aclarar\u00eda por lo que pas\u00e1bamos.<\/p>\n\n\n\n<p>En fin, nunca tuvimos claro si era ella quien me permit\u00eda dormir en la cama, o era yo el que ced\u00eda; la compart\u00edamos, nos junt\u00e1bamos ah\u00ed al anochecer; eso era todo. Por otro lado, nunca se le pas\u00f3 por la cabeza que cuando yo la sosten\u00eda como un beb\u00e9, y ella cerraba los ojos, y me ofrec\u00eda su vientre c\u00e1lido para que lo acariciase, pod\u00eda haberla soltado. Se hubiera pegado un costalazo padre contra el suelo, dot\u00e1ndola para siempre de otra relaci\u00f3n conmigo y con el mundo. Aunque ella no lo supiera, este pensamiento s\u00ed que nos separaba a ambos. Pero yo, \u00bfc\u00f3mo iba a evitar la fantas\u00eda? Humano, demasiado humano. Ella, \u00bfqu\u00e9 sab\u00eda del mal? Incapaz de concebir el crimen, el pecado, ni siquiera consideraba la posibilidad de un accidente. Yo, s\u00ed. Solamente por esto, viv\u00edamos en dos mundos distintos. \u00bfQu\u00e9 le vamos a hacer, si nos entretenemos con esto, con la virtud, pero tambi\u00e9n con la cantidad de mal que podr\u00edamos haber hecho y no hicimos?<\/p>\n\n\n\n<p>Creemos fehacientemente que ella no ser\u00eda capaz de imaginar cosa parecida, y solo por eso, nos sentimos bien a su lado, y hasta puede que la consideremos mejor que nosotros mismos. Una perra; buscamos una santa suave, despojada por fin de nuestra virtud maloliente y humana.<\/p>\n\n\n\n<p>Pese a todo, se dio una forma de igualdad entre nosotros. Ese punto era lo m\u00e1s alto y conmovedor de nuestra relaci\u00f3n, de lo que sucedi\u00f3 entre los dos, y de lo que pocas veces he alcanzado en la vida; de c\u00f3mo lo ve\u00eda ella, no guardo palabras, aunque me lo hiciera saber. Definitivamente, \u201camor\u201d es la palabra que conviene.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo, como siempre, hubiese preferido una hembra, pero Edelmiro dijo que Henry era macho. En fin, que venga sano. Sin embargo, con apenas dos meses, el minino era tan peque\u00f1o que a\u00fan cab\u00eda un margen de error. Yo segu\u00eda esperanzado. Adem\u00e1s, empec\u00e9 a llamarle Enriqueta a escondidas, y no tan a escondidas: \u00abKeta, Keta\u2026\u00bb Era tal mi deseo que, cuando consultaba la pantalla del ordenador, lo que ve\u00eda casaba con el dibujo de una hembra; todo, salvo ese par de bultitos casi invisibles, impertinentes. Sin embargo, no perd\u00eda la ilusi\u00f3n, hasta que se acerc\u00f3 una mujer del pueblo a ver c\u00f3mo iba el muro de la cerca y, cuando oy\u00f3 nuestras dudas y ech\u00f3 un vistazo al animal, lanz\u00f3 una risa corta y sonora, nos llam\u00f3 ignorantes, y se dio la media vuelta. Mir\u00e9 a Henry, definitivamente bautizado por esta comadrona deslenguada; de s\u00fabito, los suyos me parecieron unos testiculazos, y yo, un tonto irredento, aunque se me cruzase por la cabeza alguna pulla contra la se\u00f1ora, pues a nadie le gusta que le llamen ignorante.<\/p>\n\n\n\n<p>Bueno, no lleva en casa ni una semana, y le decimos Gatete, Gatuni\u2026 Por lo que sea, el nombre de Henry no asienta en mi cabeza, en la de Sole, ni siquiera en la de los ni\u00f1os; tampoco me preocupa; no creo que este l\u00edo de apodos vaya a dotar al gato de una personalidad escindida. Probablemente, un perro se sienta m\u00e1s apegado a su nombre, aunque tampoco de esto estoy seguro. De pronto, nos acordamos de la banda de psic\u00f3logos insistiendo en que repitamos a menudo el nombre de nuestro interlocutor, que miremos a sus ojos -en mi caso, ser\u00eda al hocico- para que este afloje, baje la guardia y se derrita. Reconozco que suele funcionar. Pero es que no buscamos de las personas lo mismo que buscamos en Henry, o en la que fue mi perra.<\/p>\n\n\n\n<p>Parad\u00f3jicamente, el primer indicio de que existe confianza entre personas, en la intimidad, es que el nombre que nos pusieron nuestros padres no sirve; tal vez lo obtuvi\u00e9ramos en el registro civil, tras mucho batallar. Da lo mismo. Para quien nos ama, no sirve en absoluto.<\/p>\n\n\n\n<p>Requer\u00ed ayuda de Likal. Adem\u00e1s de charlar por tel\u00e9fono, me envi\u00f3 un correo. Tiene cuarenta a\u00f1os y lleva conviviendo con gatos desde los once. \u00abSi el amo muere, un perro velar\u00e1 su cad\u00e1ver hasta que la inanici\u00f3n y la tristeza se lleven tambi\u00e9n el alma fiel del pobre animal; un gato, ante tal coyuntura, devorar\u00e1 el cuerpo del difunto humano tan pronto este exhale su \u00faltimo aliento -si no antes-.\u00bb Mi amigo los adora, suspira por convertirse en pienso para gatos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ayer vi otro documental que resaltaba el instinto cazador del gato y su proverbial crueldad. En Nueva Zelanda, dice la voz en off, apenas hay depredadores naturales. Entonces, sale una pareja de p\u00e1jaros incautos que incuba unos hermosos huevos blanqu\u00edsimos en una playa de arena oscura. Esta especie se encuentra protegida y goza de las atenciones de un grupo de estudiosos que observa alarmado c\u00f3mo merma la poblaci\u00f3n, al desaparecer una gran cantidad de huevos cada noche. Hasta que instalaron unos infrarrojos; hab\u00eda un gato bandido, descendiente de los que llegaron en barco de la Europa de hace un siglo, haciendo de las suyas. El comentarista hablaba de \u00abestropicio macabro\u00bb porque el gato se com\u00eda solo la cabeza y dejaba el resto.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego cambiaron de continente y apareci\u00f3 Maisie. Esta era una gata fondona de lo rural ingl\u00e9s. \u00bfSabes lo que hizo Maisie el \u00faltimo verano?, \u00bfves esa casa de campo con estanques, pajaritos, setos, conejos y ratas? Por mucho que una pareja de jubilados la alimentara dos veces al d\u00eda con un pienso sublime y la pensionaran, pese a su cuna mullida y a que Maisie pod\u00eda holgar a su antojo, sin embargo, al caer la noche, impelida por su instinto, la gata sal\u00eda a cazar al jard\u00edn. Era otra clase de instinto el que le llevaba a la due\u00f1a a abrir su congelador, y mostrarnos pormenorizadamente el producto de las correr\u00edas de Maisie durante la \u00faltima semana. Y por supuesto, estaba el instinto del que filmaba y nos lo contaba todo en un tono m\u00e1s o menos horrorizado. Mientras, la gata, subida en la alacena, se frotaba contra su due\u00f1a. Sobre la encimera, un par de docenas de cad\u00e1veres menudos envueltos en papel de celof\u00e1n, inventariados con su correspondiente pegatina. No s\u00e9 qu\u00e9 tipo de r\u00e9cord veraniego ostentaba Maisie; algo as\u00ed como el de la gata m\u00e1s mort\u00edfera de pajarillos, ratones y conejos del condado de Devon, incluso del Sur de Inglaterra. La se\u00f1ora confesaba mirando a c\u00e1mara que no sab\u00eda si sentirse orgullosa o espeluznada. Apostar\u00eda que se inclinaba por el orgullo. Se lo vi en la boca, soy un moderado experto interpretando bocas.<\/p>\n\n\n\n<p>Frente al amor comunista del perro, que desaf\u00eda la utop\u00eda y se convierte en una m\u00e1s que plausible versi\u00f3n del cielo en la tierra, convivir con un gato podr\u00eda significar lo contrario: tomar en consideraci\u00f3n nuestras propias faltas y vicios, como pudieran ser el ego\u00edsmo, la molicie, el ensimismamiento. Y es que no siempre somos serviciales, bonachones, o desprendidos, como tantos perros. Mientras lo vamos aceptando de nosotros, Henry pasea encima de nuestra mesa escritorio, ajeno. Nosotros nos deterioramos de minuto en minuto, incluso moralmente; \u00e9l luce bello, el\u00e1stico. Adem\u00e1s, lleva consigo ese aire contemplativo, y nos preguntamos qu\u00e9 ha visto, qu\u00e9 ha alcanzado; qu\u00e9 tiene que nosotros no tenemos, en definitiva. Con \u00e9l, en vez de certezas, nos entran dudas. Nos inclinamos a pensar que s\u00ed, que nos quiere, mientras nosotros le deseamos. Dame esa cosa que no tengo, d\u00e9jame vivir junto a ti por si se me pega. \u00bfVerdad que me quieres, minino? No somos iguales, nunca lo seremos.<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda suceder que un amo displicente mostrase aburrimiento de lo bueno, y se cansase de la lealtad perruna. Ser\u00eda esta una suerte de perversi\u00f3n. Se ven cosas parecidas en el amor entre humanos. Esto no ocurre con los gatos. Deseas tocarle, hacerlo tuyo. Gatuni, probar\u00e1s mi mano larga y nervuda, sabr\u00e9 ser paciente; perseguir\u00e9 tu ronroneo y una vez alcanzado, no me detendr\u00e9 y te seguir\u00e9 dando m\u00e1s y m\u00e1s gusto; veremos entonces qu\u00e9 pasa. A m\u00ed, cu\u00e1nto me gusta que te guste. Me acuerdo de mi perra; yo no hac\u00eda m\u00e1s que intensificar esos amores para, as\u00ed, descubrir algo juntos. Ahora s\u00e9 lo que hicimos: no solo crear un v\u00ednculo, sino vivir en \u00e9l. A\u00fan procuro practicar esto mismo con alg\u00fan otro ser de los que me rodean; pero relajado. Sin embargo, cuando llega mi hijo a la habitaci\u00f3n, a la butaca, me aparta impaciente y me quita al gato de encima. Le pido por favor que no arranque a Henry de mis brazos, que se espere. \u00abVale, pap\u00e1.\u00bb Un instante despu\u00e9s, es todo suyo. Pero ten cuidado, le digo. Da gusto ver a los ni\u00f1os; c\u00f3mo le tocan, las voces que ponen, c\u00f3mo le buscan. Todo eso viene de su casa. Su casa somos nosotros. Est\u00e1n aprendiendo a tocar, y a proteger; a dar y a recibir placer. Alguna vez, Henry se marcha molesto; ha tenido suficiente. No pasa nada, al gato le tiene que apetecer. No vale con atraparle, con imponerte. Ahora ha vuelto para que le acaricies, ya est\u00e1 ronroneando. Por otra parte, Le\u00f3n nos viene contando muy serio desde los dos a\u00f1os que antes de conocernos, estuvo viviendo en otra casa con una familia de gatitos. Los dos hermanos se ir\u00e1n haciendo cargo de Henry, vamos a aprender muchas cosas. En el amor, si acaso, dar m\u00e1s que recibir. A\u00fan no me atrevo a dec\u00edrselo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Montaigne jugaba con su gato en la biblioteca del torre\u00f3n, se preguntaba qui\u00e9n jugaba con qui\u00e9n. Subo a Henry a la colcha y azuzo su instinto de cazador. Convoco sus destrezas jugando al p\u00e9ndulo con un calcet\u00edn; se agazapa excitado; ataca y retrocede. Jugar es imaginar, ir m\u00e1s lejos. \u00bfCu\u00e1ndo parar? Luego, esto tambi\u00e9n es juego, volvemos al sosiego. Es bello y terrible adivinar las posibilidades de un gato, igual que las posibilidades de un humano.<\/p>\n\n\n\n<p>Aseguran en el documental que los gatos no ven bien las letras. Por alguna raz\u00f3n, me tranquiliza saber que el gato no es capaz de leer. Quiz\u00e1 \u00e9l no lo necesite. Si yo tuviera esa capacidad de observar con esas \u201cprunelles mystiques\u201d, que dijo Baudelaire, y luego entornase los ojos, y acaso meditase, hasta desviarme hasta la modorra\u2026 En cambio, yo, que me s\u00e9 pasto de la muerte, leo, cada vez m\u00e1s miope, y apenas entiendo lo que leo, y tampoco s\u00e9 de meditaci\u00f3n, ni de poner la mente en blanco; esto \u00faltimo, ni siquiera me lo permito.<\/p>\n\n\n\n<p>De vez en cuando, se arrima a la pantalla. Busca el calor que desprende el aparato, sienta su culo sobre las teclas. As\u00ed completa los textos a su manera. Tiene Henry algo de animal tecnol\u00f3gico, fr\u00edo y elegante, de reclamo publicitario de Apple.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto, echo de menos el leng\u00fcetazo del perro, su refrendo absoluto. Gatete rezuma narcisismo, ingratitud y galbana. Pero en solo unos d\u00edas, siento que me muevo por la casa con m\u00e1s cuidado. Nos hace m\u00e1s delicados, y es posible que nos ayude a sobrellevar nuestro ego\u00edsmo sin culpa, a la vez que enaltece la independencia, y su ejercicio. Por otro lado, con el gato, como con los ni\u00f1os, el juego siempre anda cerca. Esto hay que aclararlo. Si me despertase en un mundo solo de perros y de gatos, echar\u00eda de menos a mis semejantes. Porque me gusta tambi\u00e9n peinarlos, jugar con ellos, acariciarlos; a algunos, me gusta olerles y marcarlos; o salir juntos de paseo; comparto con ellos la palabra y, sobre todo, la duda, que nos humaniza.<\/p>\n\n\n\n<p>Al contrario que nuestros hijos, descansa saber que el gato Henry no se va a insertar en la sociedad; para \u00e9l no hay \u00abun d\u00eda de ma\u00f1ana\u00bb. Sole y yo, tumbados sobre la cama, le miramos jugar en la penumbra, dar saltos. Es como si deposit\u00e1semos en \u00e9l nuestro cansancio, y el gato lo reciclara para nosotros. Echa a correr; de pronto, se detiene en medio de su carrera, no sabemos si fascinado o esc\u00e9ptico. Sole y yo descansamos. Mirar a otros para no mirarse a uno mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>Es un t\u00edo elegante, y eso nos obliga a todos en casa. Nos vendr\u00e1 bien, est\u00e1bamos descuid\u00e1ndonos. El discurso sobre la delicadeza no acababa de cuajar del todo en \u00c1lvaro y Le\u00f3n, y ahora, gracias a Henry, toma forma.<\/p>\n\n\n\n<p>Se me olvidaba. Tiene los ojos azules y es de pelaje blanco, salvo las orejas y la cola, rayadas y ligeramente horneadas, del color de la costra de la crema catalana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tenemos un gatito desde hace una semana. La otra tarde, pas\u00e1bamos por la casa que est\u00e1 al borde de la curva, de camino a Barriopalacio. Fue Edelmiro el que nos lo ofreci\u00f3, y cuando nos quisimos dar cuenta, Le\u00f3n le hab\u00eda puesto el nombre de Henry y su hermano mayor asent\u00eda entusiasmado. 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