{"id":5465,"date":"2025-04-11T10:00:20","date_gmt":"2025-04-11T08:00:20","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/?p=5465"},"modified":"2026-03-19T16:19:44","modified_gmt":"2026-03-19T15:19:44","slug":"isla-paraiso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/isla-paraiso\/","title":{"rendered":"Isla Para\u00edso"},"content":{"rendered":"\n<p>El viento azota sin piedad las hojas de sus \u00e1rboles y alborota el agua que le rodea, pero ninguna voz se alzar\u00e1 para presentar queja, ya que no hay habitante alguno que resida en la isla. Ese trozo de tierra, cuyo t\u00edtulo de propiedad sigue a d\u00eda de hoy en debate, entre dos pa\u00edses vecinos, ha visto tiempos mejores. Ha celebrado fiestas y alguna boda, sin embargo, ahora se encuentra abandonado. Durante la mitad del a\u00f1o pertenece al pa\u00eds de una de sus orillas vecinas, y en la otra mitad a la otra orilla, generando gran confusi\u00f3n a la pobre isla que ya no sabe ni en qu\u00e9 idioma comunicarse con sus bichos.<\/p>\n\n\n\n<p>Las gaviotas revolotean y chillan a su alrededor, sin piedad desmoronan la paz y la tranquilidad del d\u00eda. A la isla nunca le gustaron los p\u00e1jaros, sus ruidos le asustan y le recuerdan a una pel\u00edcula de Hitchcock. A pesar de que siempre prefiri\u00f3 a los seres humanos, ahora se tiene que conformar con que sus \u00fanicos residentes tienen alas y no brazos.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque la imagen sea desoladora, la isla tiene la fortuna de contar con turismo. Es algo diferente al habitual, ya que no aparece de d\u00eda o al atardecer, cuando las ciudades brillan como modelos para las c\u00e1maras de los visitantes, sino que aparecen al ocaso, cuando solo transitan los amantes o los que algo ocultan.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras el d\u00eda duerme, la isla disfruta del turismo. Suele empezar con una mano morena, que es la primera que posa su palma en la isla, con jadeos por el esfuerzo y el brillo de alegr\u00eda en la mirada por hallarse en tierra. Esta noche no es la excepci\u00f3n, una mano color oscura, casi negra, se posa en uno de los bordes y se arrastra hasta subir el cuerpo entero a la isla, quedando en una pose similar a la de los cuerpos dibujados por G\u00e9ricault.<\/p>\n\n\n\n<p>La isla se regodea porque sabe el nombre que estas personas de tez morena le han puesto: le han llamado <em>Isla Para\u00edso<\/em>. En cuanto recibe a su visitante, la isla trata de que el viento se lleve sus hojas secas y que las ramas de los \u00e1rboles produzcan una alegre canci\u00f3n al hacer chocar sus hojas. A la isla no le importa que sea de noche y el visitante no lo pueda apreciar. Ella intenta hacer honor a su apodo con todo su esplendor.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, hoy al igual que siempre, los intentos de la isla por mostrar su hermosura quedan apagados cuando las l\u00e1grimas del turista tocan su tierra. El visitante gimotea palabras incomprensibles, en un idioma extranjero. No existe ninguna canci\u00f3n de hojas que logre sacar una sonrisa al turista y eso hace que el trozo de tierra se siente m\u00e1s solo que nunca.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie se ha molestado en ir a donde la isla para explicarle lo que ocurre, por qu\u00e9 sus \u00fanicos invitados lloran durante su estancia y luego la abandonan sin mirar atr\u00e1s. Pero, su tierra ya es vieja y est\u00e1 llena de ra\u00edces sabias. La isla observa cada noche c\u00f3mo de una orilla se asoman dos figuras humanas que se lanzan dubitativas a la fr\u00eda agua nocturna. Los espera impaciente para poder ofrecerles treinta minutos de pausa antes de llegar a su destino final: la otra orilla del r\u00edo, donde se encuentra el pa\u00eds vecino. Sin embargo, en rara ocasi\u00f3n llegan todas las figuras que se engullen en el agua a tocar la isla.<\/p>\n\n\n\n<p>Pocos afortunados llegan a la isla deseada. La que les proporciona el descanso necesario para llegar al otro lado. La denominaron <em>Isla Para\u00edso <\/em>por ser lo m\u00e1s parecido a un para\u00edso en ese momento de agotamiento f\u00edsico. Los pocos afortunados, que podr\u00e1n presumir de sus dotes de nataci\u00f3n para el resto de sus vidas, descansan, menos tiempo del que necesitan, en ese para\u00edso terrenal con forma de isla deshabitada.<\/p>\n\n\n\n<p>Nuestro visitante de hoy se ha zambullido con otra forma humana en el agua, pero ha llegado solo. Sus sollozos intentan llamar a alguien que nunca m\u00e1s le responder\u00e1. La isla est\u00e1 harta de los llantos, as\u00ed que decide interceder, por primera vez. Encarga como enviado especial a un saltamontes espa\u00f1ol, ya que la isla se encuentra en la mitad del a\u00f1o que pertenece a dicho pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>El verdoso bicho se posa suavemente en la oreja del visitante y le pregunta en una voz suave, para que se mezcle entre sus pensamientos: \u201c\u00bfQu\u00e9 ocurre amigo? \u00bfQu\u00e9 te ha provocado estos llantos?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Una cara morena asombrada se asoma entre las manos, que se hab\u00eda escondido, y busca la procedencia de esa suave voz, pero al no encontrarla se vuelve a esconder para seguir con su melod\u00eda de sollozos. El saltamontes le vuelve a preguntar con la misma suavidad. Esta vez el visitante se convence de no estar solo en la isla, pero al no ver a nadie decide no asustarse. Asume que el cansancio le ha acabado produciendo un arrebato de locura, por lo que responde pausadamente a la voz en un espa\u00f1ol sorprendentemente bueno para haberlo aprendido hace unos meses: \u201cQuer\u00eda cruzar nadando con mi-mi-mi\u2026, pe-pero\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Los llantos vuelven a acechar y la conversaci\u00f3n se interrumpe, el saltamontes aguarda silenciosamente a que el turista contin\u00fae. \u201cEra nuestra \u00faltima oportunidad, necesit\u00e1bamos cruzar para tener oportunidades, trabajo. Mi familia gast\u00f3 todo su dinero para nosotros y como no lo consigamos, bueno como no lo consiga\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Sus sollozos podr\u00edan despertar sentimientos hasta a la piedra m\u00e1s dura de la isla, por lo que todos los elementos y bichos, residentes de la misma, escuchaban atentamente el relato del visitante. El sabio saltamontes ten\u00eda miedo de que sus preguntas hicieran m\u00e1s mal que bien al turista, pero su curiosidad era superior, por lo que se sorprendi\u00f3 a s\u00ed mismo cuando de su boca sali\u00f3 la siguiente pregunta: \u201c\u00bfY qui\u00e9n es la persona que has perdido?\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Las l\u00e1grimas parec\u00edan que quer\u00edan responder al saltamontes porque comenzaron a salir con aun mayor intensidad, pero la voz rota del visitante fue la que realmente respondi\u00f3: \u201cMi hermano, mi hermano peque\u00f1o. Solo ten\u00eda quince a\u00f1os y yo ya tengo veintisiete, deber\u00eda haberme hundido yo. Me di cuenta demasiado tarde que no nadaba detr\u00e1s de mi\u2026 demasiado tarde\u2026\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Parec\u00eda que una rabia comenzaba a consumir al turista y se incorpor\u00f3 de golpe, tirando de su hombro al saltamontes. Una piedra, que descansaba pl\u00e1cidamente en una de las orillas, tuvo que ser el saco de boxeo del visitante. Una vez agot\u00f3 su rabia volvi\u00f3 a caer al suelo entre llantos.<\/p>\n\n\n\n<p>El saltamontes se volvi\u00f3 a acercar lentamente y le pregunt\u00f3 con extrema suavidad: \u201cY \u00bfa d\u00f3nde pretendes ir?\u201d. Los llantos se pararon por un momento y se escuch\u00f3 una d\u00e9bil respuesta: \u201cA Francia. Conozco gente ah\u00ed y nos van a\u2026 me van a ayudar.\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>La \u00faltima frase parece remover algo en su interior, porque el turista se levanta de golpe con una mirada resolutiva y dice firmemente: \u201cMe tengo que ir de esta <em>Isla Maldita<\/em>, por m\u00ed y por mi hermano.\u201d Tras lo cual salta al agua y su figura desaparece poco a poco en la oscuridad de la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>Hoy es una noche especialmente triste para la isla, ya que nunca le hab\u00edan llamado <em>Isla Maldita<\/em>. Siente que las olas del r\u00edo, que golpean sus orillas, son m\u00e1s molestas de lo habitual. Le resulta insufrible el silencio que reina en su terreno. Ya no ve esperanza. Ya no ve ninguna posibilidad de volver a ser \u00fatil de manera alguna.<\/p>\n\n\n\n<p>Toma una decisi\u00f3n clara: hundirse. Les pide a sus rocas que se desprendan, para que no puedan protegerla de las aguas que intentan colarse en su superficie. A los bichos les ordena marcharse lo antes posible, para que no vivan el mismo destino que ella. Por \u00faltimo, se despide de los \u00e1rboles y de cualquier planta que un d\u00eda tom\u00f3 la mala decisi\u00f3n de vivir ah\u00ed, porque ellos no se pueden desprender y deber\u00e1n vivir el mismo final que la isla.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed poco a poco, sin que nadie se diera cuenta, culpando al cambio clim\u00e1tico, es como la <em>Isla Para\u00edso <\/em>desapareci\u00f3 entre las aguas. Los turistas buscaron otras v\u00edas para cruzar la frontera, pero ya eran muy pocos los aventureros que se atrevieron a lanzarse al agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya poca gente recuerda esta isla. Pero hay un saltamontes, que vaya a donde vaya, cuenta su historia. El bicho verde vive una curiosa vida, porque pasa la mitad del a\u00f1o en Espa\u00f1a y la otra mitad en Francia. En ambos pa\u00edses difunde el cuenta de una isla que ha recibido muchos nombres: para los romanos fue <em>Puasu<\/em>, para los franceses <em>Faussans <\/em>o <em>\u00cele de l\u00b4Hospital<\/em>, para los vascos <em>Konpantzia<\/em>\u2026 El saltamontes termina su relato contando que, a pesar de que su nombre m\u00e1s conocido es <em>Isla de los Faisanes<\/em>, para \u00e9l siempre ser\u00e1 <em>Isla Para\u00edso<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El viento azota sin piedad las hojas de sus \u00e1rboles y alborota el agua que le rodea, pero ninguna voz se alzar\u00e1 para presentar queja, ya que no hay habitante alguno que resida en la isla. 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