{"id":5467,"date":"2025-04-11T10:00:00","date_gmt":"2025-04-11T08:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/?p=5467"},"modified":"2026-03-19T16:21:59","modified_gmt":"2026-03-19T15:21:59","slug":"lo-de-siempre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/lo-de-siempre\/","title":{"rendered":"Lo de siempre"},"content":{"rendered":"\n<p>Entr\u00f3 en la cantina empujando la pesada puerta con sus dos manos y camin\u00f3 hasta la barra arrastrando los pies. Pr\u00e1cticamente se desplom\u00f3 en una de las banquetas. <em>\u00bfLo de siempre, se\u00f1orita? S\u00ed, Mart\u00edn, lo de siempre<\/em>. Agarr\u00f3 la taza entre sus manos y mir\u00f3 el contenido con sus grandes ojos negros, la mirada cansada, m\u00e1s de lo habitual seg\u00fan Mart\u00edn, que la miraba de reojo mientras terminaba de secar una copa.<\/p>\n\n\n\n<p>El lugar estaba tranquilo, lo normal un jueves por la tarde. Dos clientes en la barra <em>\u00bfLe relleno el vaso, Don Pedro?<\/em>, un grupo de tres jugando a las cartas en una mesa <em>est\u00e1s jugando chueco, Carlitos. \u00a1Ni modo, compadre!<\/em>, una del Chente sonando de fondo <em>te mir\u00e9, con tu melena al viento y tu mirar<\/em>. Resopl\u00f3, pasando el trapo por la barra, c\u00edrculo a c\u00edrculo hasta llegar frente a ella, y levantando la cabeza la mir\u00f3. <em>Parece triste <\/em>\u2014pens\u00f3, intentando encontrar en el abismo de sus ojos el motivo de su des\u00e1nimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Normalmente, cuando Mariana se sentaba en esa misma banqueta de esa misma cantina a esa misma hora, lo hac\u00eda acompa\u00f1ada por la misma sonrisa de siempre, la que Mart\u00edn ve\u00eda mientras le serv\u00eda el mismo caf\u00e9 de siempre. Esa misma sonrisa que hac\u00eda que se le achinasen los ojos, le salieran hoyuelitos en sus cachetitos y se le viera entre los estirados labios un trocito de sus paletas. <em>\u00bfLo de siempre, se\u00f1orita? S\u00ed, Mart\u00edn, lo de siempre<\/em>, y as\u00ed todos los d\u00edas, desde hace dos a\u00f1os, desde siempre. Pero hoy su voz no le sonaba a Mart\u00edn como si los \u00e1ngeles le susurraran al o\u00eddo, como si los pajarillos m\u00e1s bellos cantaran, como si se encendiera cada vela de su alma. Hoy su voz sonaba ronca, \u00e1spera, apagada. Dud\u00f3. <em>\u00bfDebiera preguntarle? <\/em>\u2014pens\u00f3\u2014 <em>no quisiera incomodarla<\/em>. Se gir\u00f3. Sec\u00f3 otro vaso. Volte\u00f3 la cabeza. <em>Mijo, ya me marcho. Adi\u00f3s, Don Pedro<\/em>. Lo mir\u00f3. Mariana lo mir\u00f3. Sus ojos estaban en los suyos. Mariana lo estaba mirando. <em>Reacciona, Mart\u00edn <\/em>\u2014pens\u00f3. Carraspe\u00f3. Abri\u00f3 la boca. <em>Mart\u00edn, le dejamos las cartas en el caj\u00f3n, \u00bfs\u00ed? Gracias, Carlitos<\/em>. No quedaba nadie en la cantina. Solo ella. <em>Reacciona, Mart\u00edn, carajo<\/em>. El trapo en la barra. Un c\u00edrculo. Otro c\u00edrculo. Otro. Y otro. <em>Reacciona, Mart\u00edn, reacciona<\/em>. Abri\u00f3 la boca. La cerr\u00f3. Lo estaba mirando. <em>\u00bfVa a cerrar? No, tranquila, no se apure<\/em>. Asinti\u00f3. Sonri\u00f3. \u00bfSonri\u00f3? Se acerc\u00f3 un poco. S\u00ed, estaba sonriendo, no cab\u00eda duda, pero la sonrisa no hab\u00eda llegado a sus ojos. Segu\u00edan fr\u00edos, impasibles, apagados.<\/p>\n\n\n\n<p>Estaba enamorado de ella. Locamente enamorado desde el primer d\u00eda que entr\u00f3 en la cantina dos a\u00f1os atr\u00e1s. Lo recordaba bien. Las siete de la tarde de un 28 de mayo, jueves. El bar no estaba muy lleno, apenas cinco clientes, incluyendo a Don Pedro, que le\u00eda el peri\u00f3dico en la esquina <em>Cruz Azul ganar\u00e1 la liga, \u00bfme oye, mijo? S\u00ed, Don Pedro<\/em>. La puerta se abri\u00f3 y entr\u00f3 ella, Mariana, vestida con su uniforme de limpiadora, su pelo en un chongo, los andares cansados, pero sus ojos negros brillantes, achinados. <em>\u00bfQu\u00e9 tomar\u00e1? Caf\u00e9 solo, por favor<\/em>. Lo cautiv\u00f3. Nunca en su vida hab\u00eda visto Mart\u00edn una criatura tan bella, hab\u00eda escuchado una voz tan suave, hab\u00eda rozado unas manos tan dulces <em>le sobran dos pesos, se\u00f1orita. \u00a1Ay! \u00bfD\u00f3nde tengo la cabeza? <\/em>Nunca en sus veinte a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, con veintid\u00f3s, observaba a Mariana mientras colocaba las sillas sobre las mesas. Mismo uniforme, mismo chongo, pero distinto. Igual pero distinta. <em>\u00bfDebiera preguntarle? S\u00ed, debiera. <\/em>Coloc\u00f3 la \u00faltima silla m\u00e1s despacio de lo normal, arm\u00e1ndose de valor, se alis\u00f3 la camisa con las palmas de las manos, pas\u00f3 sus dedos por su oscuro cabello y gir\u00f3 en sus talones soltando el aire que ten\u00eda atorado en los pulmones.<\/p>\n\n\n\n<p>Dej\u00f3 la taza sobre el platillo. <em>\u00bfCu\u00e1nto le debo, Mart\u00edn? Nada, se\u00f1orita, invita la casa. <\/em>Arque\u00f3 una ceja. El color del atardecer iluminaba el lado derecho de su rostro. <em>\u00bfPor qu\u00e9? Porque est\u00e1 usted triste<\/em>. Se le cayeron los ojos al suelo, a los zapatitos negros que siempre llevaba, ahora desgastados por el uso. No pod\u00eda mirar a Mart\u00edn, que la observaba en silencio, jugando nervioso con el trapo que le colgaba del cintur\u00f3n. Cuando por fin levant\u00f3 la mirada, el rostro del muchacho se ilumin\u00f3. <em>Gracias, Mart\u00edn<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Se conform\u00f3 con esas dos palabras, un agradecimiento y su nombre pronunciado por los labios m\u00e1s bellos que hab\u00eda visto, pero se pas\u00f3 la noche entera pensando en qu\u00e9 ser\u00eda aquello que callaban, en qu\u00e9 ser\u00eda aquello que sus ojos gritaban, pero sus labios escond\u00edan, en qu\u00e9 ser\u00eda aquello que la despojaba del brillo que emanaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Mariana volvi\u00f3 ese d\u00eda, y al siguiente, y al otro tambi\u00e9n. <em>\u00bfLo de siempre, se\u00f1orita? S\u00ed, Mart\u00edn, lo de siempre<\/em>. La miraba, como el que intenta descifrar un acertijo, con los ojos achinados escondidos tras un vaso. <em>Mijo, \u00bfest\u00e1 sordo? Le ped\u00ed un caf\u00e9. Disculpe, Don Pedro<\/em>. En la mesa del fondo, los muchachos aplaud\u00edan y vitoreaban mirando a la televisi\u00f3n. Mart\u00edn hab\u00eda tenido la genial idea de poner el partido de f\u00fatbol, la final de copa, y el bar se hab\u00eda llenado media hora antes de que empezara. Pero la alegr\u00eda, los v\u00edtores, las canciones y las palmas que inundaban la cantina no hab\u00edan siquiera salpicado a Mariana, que miraba como ausente las pompas de la espuma de su caf\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfHabr\u00e1 enfermado do\u00f1a Remedios? <\/em>Imposible, Mart\u00edn hab\u00eda visto a la madre de Mariana esa misma ma\u00f1ana en el mercado. <em>Naranjas, limones, cilantro, buenos d\u00edas, do\u00f1a Remedios, buenos d\u00edas, Mart\u00edn, az\u00facar y canela<\/em>. Dej\u00f3 un plato de cacahuates en la mesa de los muchachos. <em>Gracias, compadre. \u00bfQui\u00e9n gana? \u00a1Nosotros!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Entre comanda y comanda, Mart\u00edn miraba a Mariana, a veces cercior\u00e1ndose de que pesta\u00f1eaba porque se le figuraba una escultura de lo quieta que estaba. <em>Se le enfriar\u00e1 el caf\u00e9<\/em>. Le respondi\u00f3 dando un t\u00edmido sorbo al ya tibio caf\u00e9. Mariana odiaba que el caf\u00e9 se entibiara, pero le faltaban fuerzas para pedirle a Mart\u00edn que se lo recalentara. Su cabeza daba vueltas, igual que la cucharilla que hab\u00eda clavado en ese desagradable brebaje, de ac\u00e1 para all\u00e1 y de all\u00e1 para ac\u00e1, intentando buscar la soluci\u00f3n al problema que la atormentaba.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1GOL! \u00bfGanamos? \u00a1S\u00ed, ganamos! Mart\u00edn, tequila para todos. \u00bfPara todos? S\u00ed, para todos, y ap\u00fantemelo<\/em>. Veinte vasitos, una botella de tequila, varios saleros y tres limones que Mart\u00edn distribuy\u00f3 con cuidado en cada mesa, esquivando a los aficionados, que se abrazaban, saltaban y coreaban como locos. <em>T\u00f3mese uno, Mart\u00edn. Estoy trabajando. \u00bfY eso qu\u00e9 importa? Bueno, pero uno no m\u00e1s<\/em>. El calor del tequila le abras\u00f3 la garganta, pero sonri\u00f3. <em>Se\u00f1orita, para usted tambi\u00e9n<\/em>. <em>No, gracias. Mart\u00edn, ll\u00e9vele uno<\/em>. Obedeci\u00f3, pero cuando lleg\u00f3 a su lado, cuando su brazo roz\u00f3 su hombro, Mariana mene\u00f3 la cabeza y \u00e9l asinti\u00f3 sin darle m\u00e1s vueltas.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos se marcharon a la hora de celebraci\u00f3n. <em>Adi\u00f3s, Mart\u00edn. Adi\u00f3s, adi\u00f3s, gracias, adi\u00f3s<\/em>. Resopl\u00f3 aliviado, pasando la escoba por debajo de las mesas, recogiendo cacahuates perdidos, papeles, monedas, c\u00e1scaras de lim\u00f3n y migas de pan. En el bar quedaban a\u00fan algunas personas, varios ancianos y Mariana. Ay, Mariana\u2026 <em>Mart\u00edn, pon la m\u00fasica ahora que los muchachos se fueron. S\u00ed, don Manuel<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Mart\u00edn tard\u00f3 una canci\u00f3n en terminar de barrer, otra en recoger los vasos y fregarlos y otra en limpiar las mesas. Mir\u00f3 a Mariana y por poco tropieza con una de las sillas. Mariana, con los ojos fijos en las parejas que ahora bailaban, sonre\u00eda. Sonre\u00eda de verdad, le brillaban los ojitos, y Mart\u00edn sonri\u00f3 tambi\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos los mi\u00e9rcoles, un grupo de ancianos se reun\u00eda en el bar para bailar. Mart\u00edn los conoc\u00eda a todos porque eran amigos de su abuela Margarita, que falleci\u00f3 el mes anterior, pero sus amigos mantuvieron la tradici\u00f3n, aunque a falta de una pareja de baile tuvieron que incorporar a do\u00f1a Carmela, la madre de la frutera, de Manuela. <em>\u00a1Ay, esta me encanta! Deme la mano, Isabel<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Mart\u00edn subi\u00f3 el vol\u00famen y se detuvo unos segundos mirando a Mariana. Roberto Carlos empez\u00f3 a cantar <em>acaricia mi ensue\u00f1o\u2026 <\/em>Mariana se balanceaba de lado a lado ligeramente, casi imperceptible. Mart\u00edn miraba el movimiento de su cuerpo y como por un embrujo, el mundo se difumin\u00f3 a su alrededor, dej\u00e1ndola s\u00f3lo a ella frente a sus ojos. Mart\u00edn se vio a s\u00ed mismo separ\u00e1ndose de la barra, dando un paso, y otro paso, y otro paso hasta quedar delante de Mariana <em>y si es m\u00edo el amparo\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Una mano apareci\u00f3 frente a su rostro y siguiendo el camino desde la punta de sus dedos sus ojos llegaron pasando por su brazo hasta los de Mart\u00edn que temblaba ligeramente <em>\u00bfBaila? <\/em>Arque\u00f3 una ceja. <em>Por favor, h\u00e1game el honor, se\u00f1orita <\/em>y se levant\u00f3, dejando que la \u00e1spera, aunque agradable mano de Mart\u00edn envolviera la suya. Se aferr\u00f3 a su hombro, como si al soltarlo todo a su alrededor se fuera a desmoronar <em>todo, todo se olvida\u2026 <\/em>y comenzaron a bailar, despacio, sus cuerpos desliz\u00e1ndose por el suelo como dos almas.<\/p>\n\n\n\n<p>La mano de Mart\u00edn se posaba en su cintura como si fuera de cristal y sent\u00eda en su cuerpo el revolotear de cien mil millones de mariposas, que se multiplicaban cada vez que los ojos tristes de Mariana lo miraban. Subi\u00f3 la mano hasta una de sus mejillas sonrojadas, la cual roz\u00f3 con el reverso de sus dedos, y dibuj\u00f3 despacio el mapa de sus pecas, desde la peque\u00f1ita justo debajo de su mejilla izquierda hasta la de forma de elote detr\u00e1s de oreja derecha <em>al viento las campanas dir\u00e1n que eres m\u00eda\u2026 <\/em>Sonri\u00f3. Sonri\u00f3 porque su piel no era tan aterciopelada como hab\u00eda pensado, porque no ol\u00eda solo a vainilla sino tambi\u00e9n un poco a caf\u00e9, a limpiacristales y a sudor, porque ten\u00eda una mancha en el cuello de la camisa, porque se le hab\u00edan salido unos cabellos del chongo. Sonri\u00f3 porque Mariana era, con todas sus imperfecciones, a\u00fan m\u00e1s perfecta de lo que \u00e9l hab\u00eda imaginado.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfPor qu\u00e9 me mira, Mart\u00edn? <\/em>Mariana arque\u00f3 una ceja <em>porque es usted perfecta<\/em>. Se sonroj\u00f3. Nunca nadie le hab\u00eda dicho que era perfecta. En realidad, nadie le hab\u00eda dicho nunca algo que no fuera una \u00f3rden, algo que tuviera m\u00e1s de dos s\u00edlabas. Siempre era <em>Mariana, limpie, Mariana, recoja, Mariana, compre<\/em>. Lo mir\u00f3 a los ojos, buscando un \u00e1pice de mentira en sus negras pupilas, pero por mucho que mirara, no lo encontraba. Solt\u00f3 una risita nerviosa <em>no exagere, Mart\u00edn, <\/em>pero \u00e9l en vez de re\u00edrse frunci\u00f3 el ce\u00f1o <em>no exagero, se\u00f1orita <\/em>as\u00ed que se le llenaron los ojos de l\u00e1grimas. Mart\u00edn se asust\u00f3 <em>\u00bfpor qu\u00e9 llora? <\/em>y Mariana mene\u00f3 la cabeza sonriendo <em>porque usted siempre es bueno conmigo<\/em>. Mart\u00edn desliz\u00f3 su pulgar por debajo del ojo izquierdo de Mariana <em>la noche que me quieras\u2026 <\/em>retirando una l\u00e1grima solitaria que amenazaba con empaparlos a los dos, acerc\u00f3 su rostro involuntariamente al de ella <em>las estrellas celosas\u2026 <\/em>hasta que su aliento se mezcl\u00f3 con el de ella. Mariana lo mir\u00f3 <em>y un rayo misterioso\u2026 <\/em>y aunque un temblor le recorri\u00f3 el cuerpo, dej\u00f3 que los labios de Mart\u00edn envolvieran los suyos <em>luci\u00e9rnaga curiosa que ver\u00e1 que eres mi consuelo\u2026 <\/em>Se besaron mientras la canci\u00f3n se difuminaba en el fondo, las manos de \u00e9l apretando el rostro de ella, las de ella sobre la espalda de \u00e9l <em>\u00bfrecuerda cuando \u00e9ramos j\u00f3venes, Isabel? Claro que s\u00ed, Miguel<\/em>. Pero cuando abri\u00f3 los ojos, Mart\u00edn no estaba en medio de la cantina, aferrado al cuerpo de Mariana, sino detr\u00e1s de la barra, observando c\u00f3mo ella se secaba las l\u00e1grimas disimuladamente. Pesta\u00f1e\u00f3 dos veces y pas\u00f3 su lengua por sus labios, encontrando en ellos la ausencia del sabor de Mariana.<\/p>\n\n\n\n<p>Le entr\u00f3 p\u00e1nico cuando ella se levant\u00f3 pues a\u00fan no estaba seguro de si lo que hab\u00eda visto era un sue\u00f1o o no <em>Mart\u00edn, nos vamos, mijito, cu\u00eddese, pasen buena noche, do\u00f1a Isabel<\/em>. Mariana dej\u00f3 la cucharilla del caf\u00e9 sobre el platillo y lo empuj\u00f3 hacia la barra <em>dile algo, Mart\u00edn <\/em>y despu\u00e9s cogi\u00f3 el abrigo que hab\u00eda colgado en la banqueta <em>\u00a1reacciona, carajo! <\/em>deslizando sus brazos lentamente por dentro de las mangas. Pero \u00e9l no se movi\u00f3, ni siquiera cuando ella se lami\u00f3 el labio inferior para retirar una mancha de caf\u00e9, record\u00e1ndole el beso que hab\u00eda cre\u00eddo tener <em>mu\u00e9vete, Mart\u00edn<\/em>. Pero \u00e9l no se movi\u00f3 <em>\u00bfCu\u00e1nto le debo, Mart\u00edn? Lo de siempre, se\u00f1orita.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Lo de siempre\u2026 <\/em>ella asinti\u00f3 <em>lo de siempre\u2026 <\/em>dejando cuarenta y dos pesos sobre el mostrador <em>lo de siempre\u2026 <\/em>para despu\u00e9s girarse hacia la salida <em>lo de siempre\u2026 <\/em>y desaparecer en la soledad de la noche <em>lo de siempre\u2026<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Entr\u00f3 en la cantina empujando la pesada puerta con sus dos manos y camin\u00f3 hasta la barra arrastrando los pies. Pr\u00e1cticamente se desplom\u00f3 en una de las banquetas. \u00bfLo de siempre, se\u00f1orita? S\u00ed, Mart\u00edn, lo de siempre. 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