{"id":5687,"date":"2026-04-17T10:00:34","date_gmt":"2026-04-17T08:00:34","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/?p=5687"},"modified":"2026-04-16T08:13:44","modified_gmt":"2026-04-16T06:13:44","slug":"ambicion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/ambicion\/","title":{"rendered":"Ambici\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<p>La arena engull\u00eda todo el horizonte. El relieve del paisaje solo consist\u00eda en peque\u00f1as dunas adornadas escasamente por matorrales secos. Mir\u00e9 a mi camello, sin saber si ser\u00edamos capaces de llegar a nuestro destino. Una risa nerviosa sacudi\u00f3 la tranquilidad de la escena: apenas me quedaba agua. La desesperaci\u00f3n se apoder\u00f3 de m\u00ed. No en vano hab\u00eda sido avisado de que el camino era traicionero y, a\u00fan as\u00ed, me limit\u00e9 a re\u00edr furtivamente, pensando que alguien como <em>yo<\/em> podr\u00eda superar una prueba tan trivial.<\/p>\n\n\n\n<p>Empec\u00e9 a recordar, para poder olvidar la extrema sed, por qu\u00e9 hab\u00eda comenzado mi peregrinaci\u00f3n: ambici\u00f3n. La necesidad de tener m\u00e1s me acompa\u00f1a desde que tengo uso de raz\u00f3n, y cuando descubr\u00ed la historia de una ciudad perdida en el tiempo de grandes riquezas, sab\u00eda que deb\u00eda llegar ah\u00ed. Merec\u00eda el reconocimiento de mi comunidad por haberla encontrado yo y <em>solo yo<\/em>. No pod\u00eda parar aqu\u00ed, no despu\u00e9s de todo lo que hab\u00eda logrado y todos los sacrificios de mi camino.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Me imagin\u00e9 la ciudad: calles pavimentadas con anchos caminos, un gran r\u00edo transcurriendo, monta\u00f1as protegiendo sus costados\u2026 Hab\u00eda o\u00eddo que en las entra\u00f1as de esta gran ciudad se congregaban cientos, incluso miles de comerciantes, que los edificios eran maravillas perdidas, con torres que abrazaban el cielo, puentes de hierro y puertos que recib\u00edan a las m\u00e1s grandes eminencias. La naturaleza se doblaba al hombre, y \u00e9ste era el \u00fanico se\u00f1or que reinaba.<\/p>\n\n\n\n<p>El gru\u00f1ido del camello me despert\u00f3 de mi enso\u00f1aci\u00f3n, devolvi\u00e9ndome a la desoladora realidad. Sus quejas cada vez se me hac\u00edan m\u00e1s molestas\u2026 si no lo necesitara, ya lo hubiera matado. Tal vez as\u00ed el desenlace del viaje llegar\u00eda antes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>De repente, la monoton\u00eda del desierto rompi\u00f3 con un largo y desgastado camino, que parec\u00eda haber sido fruto de un mejor tiempo. En un principio pens\u00e9 que la falta de agua ya me estaba traicionando, y que en poco tiempo todo mi viaje acabar\u00eda, pero a medida que la silueta se iba dibujando cada vez m\u00e1s cerca una desmesurada alegr\u00eda se apoder\u00f3 de m\u00ed, pues si hab\u00eda un camino, habr\u00eda un lugar. Pero lo que m\u00e1s feliz me hizo fue saber que ten\u00eda raz\u00f3n, que s\u00ed que hab\u00eda algo y que mi b\u00fasqueda no era en vano. Beb\u00ed un peque\u00f1\u00edsimo sorbo de mi cantimplora como recompensa y decid\u00ed armar mi campamento para pasar la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>El fr\u00edo me despert\u00f3 en mitad de la madrugada. Mir\u00e9 el cielo despejado lleno de estrellas y sent\u00ed la insignificancia de toda mi vida. Todo iba a acabar, y nadie se acordar\u00eda de m\u00ed: las arenas se llevar\u00edan todo aquello que me hab\u00eda hecho una vez humano. Una dolorosa soledad se apoder\u00f3 de m\u00ed. Mir\u00e9 a mi lado, iba a morir con la \u00fanica compa\u00f1\u00eda de un animal asqueroso. Intent\u00e9 volver a dormir, pero la sensaci\u00f3n de pesadumbre y los ruidos que hac\u00eda el camello me lo dificultaron terriblemente.<\/p>\n\n\n\n<p>Ma\u00f1ana lo matar\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Los rayos del sofocante Sol me despertaron. El hedor de mi propio cuerpo me asque\u00f3 y me record\u00f3 mi lamentable condici\u00f3n. Deb\u00eda seguir el camino, ten\u00eda que llevar a alg\u00fan lado, tal vez a esa ciudad prometida. Comenc\u00e9 a caminar, con la lengua tan seca que jurar\u00eda sentir la propia arena rasparla, reflexionando si deber\u00eda consumar mi idea homicida. Por un lado deseaba liberar mi ira, el maldito animal con cada resoplido parec\u00eda burlarse de mi desgracia. Por el otro, la carga que llevaba la bestia, entre la que se encontraban mis raciones de comida, me ser\u00eda imposible de llevar solo. Lo dejar\u00e9 vivir por ahora.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Tras unas horas de camino, decid\u00ed tomar otro sorbo, esta vez un poco m\u00e1s largo, de mi cantimplora. Seguramente ser\u00eda el \u00faltimo trago as\u00ed, ante lo cual la misma asquerosa risa se apoder\u00f3 de m\u00ed. El camino parec\u00eda extenderse mucho m\u00e1s de lo que hab\u00eda supuesto, y estaba lleno de guijarros y piedrecillas que no hab\u00edan logrado ser arrastradas por el desierto. Fue entonces cuando sent\u00ed que el insensato que construy\u00f3 un camino en medio del desierto se re\u00eda de sus caminantes: delante se me present\u00f3 una bifurcaci\u00f3n. Lo \u00fanico que quedaba era un peque\u00f1o cartel, en el camino derecho, por lo que decid\u00ed seguirlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Al acercarme al cartel, en el cual no se apreciaba m\u00e1s que un azul desgastado, resopl\u00e9. Todo lo que hab\u00eda caminado, \u00bfPara qu\u00e9? Para seguir un camino que perfectamente podr\u00eda llevar a la nada. Descargu\u00e9 mi rabia propinando un golpe al camello, aunque lo \u00fanico que logr\u00e9 fue destrozarme el pu\u00f1o, mientras los gemidos del camello continuaban mi tortura. Seguir\u00e9 hasta el final, <em>mi <\/em>final.<\/p>\n\n\n\n<p>Tras un par de horas caminando, ya entrado el mediod\u00eda, el calor se me hizo insoportable, y decid\u00ed acabar la cantimplora. Sab\u00eda que solo quedaba continuar caminando. A la distancia apareci\u00f3 una cadena de monta\u00f1as, a las que mi camino llevaba. La impactante visi\u00f3n me record\u00f3 a la historia que hab\u00eda escuchado e inevitablemente una radiante alegr\u00eda se apoder\u00f3 de m\u00ed. Tendr\u00eda que caminar varias horas, posiblemente sin dormir, pero sab\u00eda que llegar\u00eda a esas monta\u00f1as.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La noche ya hab\u00eda entrado, las horas parec\u00edan d\u00edas. Me guiaba gracias a la tenue luz de un farolillo. El mareo y los sofocos por falta de agua se hab\u00edan vuelto hac\u00eda ya tiempo en dos compa\u00f1eros indeseados de mi viaje. La fatiga tambi\u00e9n se estaba haciendo notable, y s\u00f3lo me quedaba esa esperanza que me hab\u00eda dado durante este \u00faltimo tramo. Me estaba aproximando a la base de la monta\u00f1a, donde mi camino pasaba a convertirse en un interminable zigzag hasta el pico de la misma.<\/p>\n\n\n\n<p>Solo quedaba un \u00faltimo empuj\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando llegu\u00e9 a la base, el Sol comenzaba a salir. La subida, pese a no ser muy grande, se me eterniz\u00f3 por el cansancio. Fue entonces cuando el camello del diablo se tropez\u00f3 con un pedrusco y cay\u00f3, parti\u00e9ndose una pata. Decid\u00ed dejarlo ah\u00ed, que sufriera una muerte dura y lenta mientras yo llegaba a la cima, mi digna recompensa me esperaba. No cog\u00ed nada de las alforjas del animal, pues ten\u00eda la corazonada de que en poco tiempo encontrar\u00eda aquella ciudad, la muestra de las bondades del irrefrenable progreso humano.<\/p>\n\n\n\n<p>Casi arrastr\u00e1ndome, y a\u00fan con los ataques constantes de la arena y el Sol, logr\u00e9 llegar. La vista que me esperaba al otro lado fue el detonante que acab\u00f3 con la poca cordura que quedaba. Con los berridos del camello como acompa\u00f1ante, mi cabeza se hab\u00eda convertido en un torbellino de frustraci\u00f3n, ira y desesperaci\u00f3n. Ante m\u00ed estaba la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p>La ciudad, o lo que quedaba de ella, no era ning\u00fan valle verde, solo era m\u00e1s desierto. El \u00fanico motivo por el que puede saber que anta\u00f1o hubo civilizaci\u00f3n fueron los decr\u00e9pitos puentes de metal, o lo que quedaba de ellos, y que decoraban un paraje desolador. La famosa torre de cristal que debi\u00f3 haber desafiado al cielo, parec\u00eda haberse transformado en unos cimientos corro\u00eddos y da\u00f1ados por el inclemente paso del tiempo. Antes de desplomarme, vi que a un lado de la carretera se manten\u00eda, orgulloso y como muestra de tiempos mejores, un cartel, mucho mejor mantenido que el anterior. Anunciaba gloriosamente el nombre de la ciudad: BILBAO.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La arena engull\u00eda todo el horizonte. El relieve del paisaje solo consist\u00eda en peque\u00f1as dunas adornadas escasamente por matorrales secos. 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