{"id":62,"date":"2014-05-14T00:40:22","date_gmt":"2014-05-13T22:40:22","guid":{"rendered":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/?p=62"},"modified":"2014-07-30T12:32:55","modified_gmt":"2014-07-30T10:32:55","slug":"sangredemisangre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/laespiral.deusto.es\/eu\/sangredemisangre\/","title":{"rendered":"Sangre de mi sangre (o veinte formas de escribir un cuento)"},"content":{"rendered":"<p>&nbsp;<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/DSCN0459.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-large wp-image-151\" alt=\"\" src=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/DSCN0459-1024x768.jpg\" width=\"1024\" height=\"768\" srcset=\"https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/DSCN0459-1024x768.jpg 1024w, https:\/\/laespiral.deusto.es\/wp-content\/uploads\/2014\/05\/DSCN0459-300x225.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/a>Es f\u00e1cil (<i>relativamente<\/i> f\u00e1cil) escribir un cuento fant\u00e1stico al estilo tradicional, e incluso un relato fant\u00e1stico moderno\u00a0 o posmoderno. Hay que conocer ciertas normas, por supuesto, normas no escritas, pero que se pueden deducir despu\u00e9s de una lectura atenta de Poe, Maupassant, Lovecraft, colecciones de relatos de fantasmas, Kafka, Borges, Cort\u00e1zar, Cristina Fern\u00e1ndez Cubas o Stephen King. Se puede (se debe) empezar, por ejemplo, por plantear al lector una situaci\u00f3n conocida, descrita con una t\u00e9cnica realista, para producir en \u00e9l una falsa sensaci\u00f3n de seguridad \u2013todo depender\u00e1, en este momento, de si el lector sabe que est\u00e1 leyendo un relato fant\u00e1stico o no, porque eso cambia completamente su horizonte de expectativas-.<\/p>\n<p>Digamos, por ejemplo, que dos hombres de mediana edad charlan amigablemente sentados uno enfrente del otro en una mesa de una cafeter\u00eda. Visten como hombres de negocios, o sea, como oficinistas, traje, camisa, corbata, zapatos, relojes demasiado grandes, pelo demasiado peinado, sonrisas demasiado amplias. \u00bfSe encuentran al principio del relato? No, cuando el relato empieza ya est\u00e1n sentados a la mesa, aunque no hace mucho tiempo: todav\u00eda no est\u00e1n tomando nada. Hablan, \u00bfde qu\u00e9?, de cualquier cosa, de sus mujeres, o de mujeres que no son sus mujeres. De deportes. De trabajo, pero no de trabajo en sentido serio o profundo; m\u00e1s bien ese tipo de conversaciones superficiales y t\u00f3picas que consisten mayoritariamente en quejas de los jefes y de los compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>No debe, este <i>introito<\/i>, extenderse m\u00e1s all\u00e1 de las dos o tres p\u00e1ginas (esa es mi opini\u00f3n y mi gusto, por lo menos) sin que se a\u00f1ada un primer elemento sobrenatural o fant\u00e1stico que sacuda al lector de su zona de confort. Ese primer elemento puede adoptar, en este caso, la forma de un camarero sin cara. No es que no se describa la cara, no: es que textualmente se dice que el camarero no tiene cara, que en el lugar donde deber\u00eda estar su cara hay un vac\u00edo, una indefinici\u00f3n, un agujero de significados que no es necesariamente un agujero estrictamente hablando. (Desde el punto de vista de la respuesta del lector, es muy diferente no describir su cara que decir que no tiene cara: en el primer caso, el lector rellenar\u00e1 el hueco con una cara de camarero est\u00e1ndar, una mezcla <i>ad hoc<\/i> de los camareros que ha conocido en su vida; en el segundo caso, el lector no se atrever\u00e1 a contradecir al narrador, que ha dicho que el camarero no tiene cara, y por lo tanto no pondr\u00e1 ninguna cara donde el narrador ha dicho que ninguna cara puede aparecer).<\/p>\n<p>A pesar de no tener cara, el camarero se comporta con una dignidad exquisita: \u201c\u00bfQu\u00e9 tomar\u00e1n los se\u00f1ores?\u201d. \u201cUn caf\u00e9 con leche\u201d, dice uno de ellos. \u201cYo lo de siempre, Lucas\u201d, dice el otro, que as\u00ed demuestra, delante de su interlocutor pero tambi\u00e9n delante del lector, que sabe lo que va a tomar. (Digamos, por otra parte, que ninguno de los dos personajes parece haber notado, o haberse sorprendido al menos por el hecho de que el camarero no tenga cara. Esta es una t\u00e9cnica muy habitual en los relatos modernos y posmodernos, que todav\u00eda hoy consigue notables resultados).<\/p>\n<p>En el tiempo que el camarero tarda en volver, se establece uno de esos silencios inc\u00f3modos que se producen casi en cualquier conversaci\u00f3n entre dos personas que no est\u00e1n completamente a gusto el uno con el otro. Uno de los personajes (\u00bfNo ser\u00eda mejor darles nombre, para acabar con esta indefinici\u00f3n? No, contesto, porque este es un relato fant\u00e1stico moderno o posmoderno, y es corriente en los relatos modernos y posmodernos que los personajes se llamen A., K., X, Y, Z o directamente que no se llamen), uno de los personajes, dec\u00eda, se hab\u00eda quedado a mitad de una frase cuando fue interrumpido por el camarero, y ahora duda si retomarla, o si eso le parecer\u00e1 mal al otro, como un intento de acaparar la conversaci\u00f3n o de convertirse en el centro de todas las atenciones.<\/p>\n<p>As\u00ed que no dice nada, y los dos se quedan en silencio, mirando al resto de los personajes que hay en la cafeter\u00eda. (Puede aprovecharse tambi\u00e9n aqu\u00ed para describir a algunos de ellos, con dos o tres retazos f\u00edsicos y alguna insinuaci\u00f3n psicol\u00f3gica; estos personajes secundarios no jugar\u00e1n ning\u00fan papel en la trama y no volver\u00e1n a aparecer de hecho en el relato, pero pueden servir para entretener al lector mientras vuelve el camarero, y para despistarlo de la l\u00ednea principal, consiguiendo as\u00ed que el relato parezca m\u00e1s pluridimensional de lo que en realidad es).<\/p>\n<p>Pero ya no hace falta: ya vuelve el camarero sin rostro, que posa delante de uno de los hombres una taza de caf\u00e9 con leche (un azucarillo y una chocolatina rectangular que si el hombre no tiene cuidado de apartar ahora mismo, cuando vaya a comerla m\u00e1s tarde se la encontrar\u00e1 totalmente derretida). Delante del otro hombre \u2013el que ha dicho \u201cLo de siempre, Lucas\u201d, conviene aclararlo por si lector se ha perdido el detalle-, el camarero pone tambi\u00e9n una taza, pero vac\u00eda, y despu\u00e9s la llena sirviendo, de una jarra met\u00e1lica sin tapa, un l\u00edquido espeso como chocolate pero de un color rojo vivo, como sangre. Se corre el riesgo, en este momento, de que alg\u00fan lector abandone la lectura pensando que le hemos vendido un cuento de vampiros cuando le hab\u00edamos prometido un relato fant\u00e1stico moderno o posmoderno (al margen de modas o t\u00f3picos), pero n\u00f3tese que hemos dicho \u201cun l\u00edquido espeso como chocolate pero de un color rojo vivo, como sangre\u201d, y no \u201csangre espesa y de un color rojo vivo\u201d.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 hace el otro, el hombre del caf\u00e9 con leche, cuando ve la bebida de su compa\u00f1ero? Ser\u00eda f\u00e1cil, si esto fuese un cuento decimon\u00f3nico, anticipar su reacci\u00f3n: \u201cHorrorizado y asqueado contempl\u00f3\u201d, dir\u00eda el narrador, o unos t\u00e9rminos parecidos, \u201cc\u00f3mo la humeante taza se llenaba con gorgoteos diab\u00f3licos de aquel repugnante l\u00edquido que dir\u00edase sangre\u201d. En un relato moderno o posmoderno, cabe la posibilidad de que el personaje se horrorice y se asquee, pero tambi\u00e9n la posibilidad de que no se sorprenda en absoluto, de que no haga ning\u00fan caso a lo que su compa\u00f1ero de mesa est\u00e1 bebiendo, o incluso la posibilidad de que se muestre moderadamente sorprendido \u2013al fin y al cabo, no sabe lo que es todav\u00eda, como no lo sabe el lector-.<\/p>\n<p>El hombre del chocolate rojizo bebe un primer sorbo de la taza, y cuando la vuelve a dejar en la mesa su acompa\u00f1ante ve que el l\u00edquido se ha quedado pegado a sus labios. El hombre sonr\u00ede (mostrando unos dientes perfectamente normales y regularmente humanos) y se limpia con la servilleta.<\/p>\n<p>No hemos dicho, hasta ahora, en qu\u00e9 lugar tiene lugar la acci\u00f3n del cuento. En una cafeter\u00eda, s\u00ed, pero \u00bfuna cafeter\u00eda d\u00f3nde? No en Buenos Aires, Londres, Par\u00eds, Nueva York. No seamos t\u00f3picos, no seamos ambiciosos. Conviene m\u00e1s, a un relato fant\u00e1stico moderno o posmoderno, una ambientaci\u00f3n m\u00e1s humilde y realista. \u00bfPor qu\u00e9 no en el Pa\u00eds Vasco? \u00bfPor qu\u00e9 no situar la acci\u00f3n en una cafeter\u00eda o un bar del Casco Viejo de Bilbao? Seguramente conseguiremos as\u00ed sorprender al lector, porque no es habitual que un relato fant\u00e1stico tenga lugar en un escenario t\u00edpicamente costumbrista, una taberna mal iluminada donde los hombres mayores beben <i>txikitos<\/i>, los m\u00e1s j\u00f3venes toman <i>kalimotxo<\/i> mientras juegan a ver qui\u00e9n se emborracha m\u00e1s r\u00e1pido o las familias con ni\u00f1os comparten un chocolate con churros en invierno.<\/p>\n<p>Naturalmente, corremos un cierto riesgo \u2013otra vez- al situar la acci\u00f3n en el Pa\u00eds Vasco, porque no faltar\u00e1 quien diga que eso <i>regionaliza<\/i> nuestro relato (solo el centro es universal, la periferia es\u2026 perif\u00e9rica), ni quien pretenda hacer una lectura simb\u00f3lica del texto, triangulando, de una forma bastante burda, Pa\u00eds Vasco, sangre y terrorismo, y suponiendo que hay, por debajo del relato fant\u00e1stico, otro relato pol\u00edtico subyacente que lo explica y lo ampl\u00eda. Para evitar este peligro, convendr\u00e1 no hacer referencias a la ideolog\u00eda o a los or\u00edgenes sociales de los personajes, de manera que quien quiera hacer esa lectura se vea sumido en la confusi\u00f3n y la ambig\u00fcedad. (Lo que conlleva, a su vez, el peligro de que alguien nos acuse de equidistancia, de mezclar a los verdugos y a las v\u00edctimas, de proponer una paz sin vencedores ni vencidos; todo ello son, naturalmente, lecturas <i>a posteriori<\/i> que ni sancionamos ni negamos).<\/p>\n<p>Mientras plante\u00e1bamos estas cuestiones, no menores para la estructura y significaci\u00f3n del relato moderno o posmoderno, el bebedor de chocolate sangriento ha terminado su taza, y como de la nada ha aparecido de nuevo el camarero sin rostro, \u201c\u00bfQuiere otra taza el se\u00f1or?\u201d, ha dicho, y la ha llenado sin esperar respuesta con el mismo l\u00edquido viscoso y brillante de la primera vez. Entre tanto, la conversaci\u00f3n de los dos personajes ha continuado en un tono de cordialidad insulsa sobre temas absurdos e intrascendentes (esto es de la mayor importancia, porque cualquier tema profundo que los dos personajes traten en su dialogo ser\u00e1 propuesto, inevitablemente, como el Tema del relato).<\/p>\n<p>-\u2026Y es ya la tercera vez, la tercera, que tengo que llevar el coche al taller este a\u00f1o. \u00bfTe lo puedes creer? \u2013dir\u00e1, por ejemplo, uno de ellos.<\/p>\n<p>-\u00bfLa tercera, en serio? \u2013el otro.<\/p>\n<p>-La primera vez lo llev\u00e9 porque al pasar de segunda a tercera (no de primera a segunda, ni de tercer a cuarta, no, solo de segunda a tercera) hac\u00eda un ruido como \u201c\u00f1eeeec, \u00f1eeeec\u201d\u2026<\/p>\n<p>-\u2026Eso va a ser la caja de cambios.<\/p>\n<p>-\u00a1Eso pensaba yo! Pero en el taller me dijeron que no, que la caja de cambios estaba bien y que pod\u00eda ser un problema con el embrague\u2026<\/p>\n<p>No hay l\u00edmite (dentro de la moderaci\u00f3n) para la extensi\u00f3n de estos di\u00e1logos triviales. Ser\u00e1 importante hacer notar ahora que el aspecto del hombre del chocolate ha cambiado en los \u00faltimos minutos. No ser\u00e1 peor que sea su amigo, el hombre del caf\u00e9 con leche, quien lo note, haci\u00e9ndoselo saber al lector a trav\u00e9s de un h\u00e1bil cambio de perspectiva o focalizaci\u00f3n: \u201cEl hombre del caf\u00e9 con leche mir\u00f3 entonces a su acompa\u00f1ante. \u00bfTen\u00eda antes este aspecto ceniciento y enfermizo? \u00bfY esas ojeras marcadas y profundas? \u00c9l habr\u00eda jurado que no, que el hombre con quien se sent\u00f3 a la mesa hac\u00eda ya casi una hora era un hombre jovial, vigoroso, en la flor de la vida. Ahora lo miraba y le parec\u00eda\u201d, etc.<\/p>\n<p>Vuelve ahora a hacer acto de presencia el camarero (nunca le o\u00edmos llegar ni vemos de d\u00f3nde viene), nuevamente con la jarra met\u00e1lica. \u201c\u00bfOtra taza, se\u00f1or?\u201d. Y nuevamente la llenar\u00e1 sin esperar respuesta. \u201c\u00bfEst\u00e1s seguro de que quieres otra taza?\u201d, preguntar\u00e1 el hombre del caf\u00e9 con leche con su mejor intenci\u00f3n, gan\u00e1ndose una mirada furibunda del camarero (hasta donde un hombre sin cara puede mirar furibundamente) y un gesto de agradecida y estoica tristeza de su interlocutor que, efectivamente, empezar\u00e1 a sorber otra vez el l\u00edquido, volver\u00e1 a mancharse los labios, volver\u00e1 a sonre\u00edr y a limpiarse con la servilleta, el camarero ya ha vuelto a marcharse aunque otra vez no hemos visto ni cu\u00e1ndo, ni hacia d\u00f3nde.<\/p>\n<p>Convendr\u00e1 hacer notar al lector, en este punto, que los ocupantes de la cafeter\u00eda son diferentes a los anteriores. Una vez m\u00e1s, esto carece de cualquier importancia para la trama, pero a\u00f1ade verosimilitud. Quiz\u00e1s no est\u00e9 de m\u00e1s a\u00f1adir que dos de los reci\u00e9n llegados est\u00e1n hablando en euskera en una mesa cercana, volviendo a insinuar as\u00ed una lectura pol\u00edticamente contextualizada del relato que, sin embargo, nunca llegar\u00e1 a materializarse completamente.<\/p>\n<p>El aspecto del hombre sigue deterior\u00e1ndose visiblemente. Ya es algo tan evidente que no hace falta la intermediaci\u00f3n del personaje, puede ser el propio narrador omnisciente en tercera persona quien lo haga notar: \u201cSus p\u00f3mulos se marcaban como los de una calavera, y sus ojos, apagados y sin brillo como los de un pez podrido, temblaban mirando de un lado para otro sin conseguir fijarse en ning\u00fan punto en concreto. Incluso su voz, que una hora antes era viril, profunda y hasta engolada, se hab\u00eda ahora quebrado hasta convertirse en un gorgoteo incomprensible\u201d.<\/p>\n<p>-\u00bfEst\u00e1s bien? \u2013pregunta el hombre del caf\u00e9 con leche, que ya no puede contenerse por m\u00e1s tiempo.- \u00bfQuieres que nos vayamos a casa? Tu mujer\u2026<\/p>\n<p>-Mi mujer\u2026 -es todo lo que acierta a decir el otro hombre, o por lo menos es todo lo que acierta a comprenderle.<\/p>\n<p>-Voy a pedir la cuenta.<\/p>\n<p>Pero ya est\u00e1 aqu\u00ed nuevamente el camarero. \u201c\u00bfTen\u00eda ahora los rasgos de la cara m\u00e1s definidos que antes, o era impresi\u00f3n suya?\u201d, se preguntar\u00e1 otra vez el personaje del caf\u00e9 con leche, descargando as\u00ed al narrador de la responsabilidad de afirmarlo tajantemente.<\/p>\n<p>(Pero se acerca ya el final, se acelera el ritmo del relato, no conviene dejarse llevar por digresiones a partir de ahora).<\/p>\n<p>\u201c\u00bfOtra taza, se\u00f1or?\u201d, pregunta por tercera vez el camarero, y por tercera vez llena la taza sin que nadie le d\u00e9 permiso. \u201cTr\u00e1iganos la cuenta, por favor\u201d, dice el hombre del caf\u00e9 con leche. \u201cEnseguida, se\u00f1or. Pero quiz\u00e1s su amigo quiera terminarse antes su consumici\u00f3n, \u00bfno cree?\u201d. El tono de estas palabras es innegablemente amenazador. El otro hombre se lleva la taza a la boca, le tiemblan tanto las manos que es un milagro que no se le caiga o se le vierta el contenido. Tiene los ojos vac\u00edos, los dientes le sobresalen caballunos, la chaqueta que antes se adaptaba a su cuerpo ahora parece bailar encima de un mu\u00f1eco de alambre.<\/p>\n<p>Apoya la taza en los labios (en lo que queda de labios) y bebe.\u00a0 Se hace un silencio insoportable, m\u00e1s insoportable por la presencia, cada vez m\u00e1s densa, del camarero con su jarrita met\u00e1lica. \u201c\u00a1Amigo! \u00a1\u00a1\u00a1Amigo!!!\u201d, grita el hombre del caf\u00e9 con leche. (Acabar\u00e1 el relato y todav\u00eda no sabremos su nombre). Pero es in\u00fatil: el cuerpo de su amigo est\u00e1 ah\u00ed, pero su amigo ya no est\u00e1 ah\u00ed. La taza cae rodando al suelo; los relojes vuelven a avanzar; los ojos del hombre muerto siguen abiertos, mirando, mirando, mirando, y su boca sigue manchada de algo que aunque no es sangre, se parece demasiado a la sangre como para ser una coincidencia.<\/p>\n<p>El hombre del caf\u00e9 con leche se levanta, entonces, tambale\u00e1ndose (se ha olvidado ya de su intenci\u00f3n de pagar la cuenta), y se dirigir\u00e1 a la salida, tropezando, a lo mejor, por el camino con una silla y tir\u00e1ndola al suelo (no se oir\u00e1 ninguna risa a su espalda, esto es extremadamente importante), y solo cuando sale a cielo abierto anochecido y el aire fr\u00edo entra en sus pulmones es consciente de que est\u00e1 feliz de estar vivo, de que la sensaci\u00f3n que le atraviesa es la alegr\u00eda porque es otro el muerto y no \u00e9l, la satisfacci\u00f3n por haber pedido un caf\u00e9 con leche y no la misma bebida sanguinolenta que su compa\u00f1ero. Y as\u00ed se va a casa, se va a casa no sabe c\u00f3mo, y cuando llega hace el amor con su mujer y ella le pregunta, \u201ccari\u00f1o, \u00bfest\u00e1 todo bien?\u201d, porque sin darse cuenta se ha echado a llorar con la cara escondida en el hueco de su cuello.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; Es f\u00e1cil (relativamente f\u00e1cil) escribir un cuento fant\u00e1stico al estilo tradicional, e incluso un relato fant\u00e1stico moderno\u00a0 o posmoderno. 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