No me gusta el chocolate blanco porque no lo considero chocolate, o puede que no me guste porque mientras el resto de niños disfrutaban comiéndolo, yo me quedaba mirando.
Por esa misma razón tampoco me gusta el fútbol; en general, los deportes no me interesan. Siempre he preferido quedarme jugando con las niñas. Aunque eso tampoco estuviese muy bien visto.
Lo que tampoco me gusta es que las diferencias entre los dos sexos estén tan marcadas. Parece como si cada persona estuviese diseñada para tener unos gustos determinados en función de su género; y en caso de no tenerlos, va a ser etiquetado con adjetivos que ni siquiera deberían ser utilizados como insultos.
Me gustan los atardeceres, las contradicciones y los gatos.
También adoro ese momento del día, los sábados por la tarde, en el que miras por la ventana y ves el cielo lleno de colores. Se respira paz. E incluso parece que tu entorno se vuelve silencioso para dejarte escuchar el ruido de la vida.
Me encanta la noche, aunque también me provoca ansiedad. Me recuerda a los últimos minutos de un episodio en los que puede pasar cualquier cosa. En mi opinión, un día se puede salvar o arruinar por completo en función de cómo acabe.
Además, de noche todo se ve peor, más silencioso y deprimente. Pero también es verdad que no hay mejor sensación que la de irse a la cama sabiendo que al día siguiente tienes una buena razón por la que levantarte.
Me encantan las montañas rusas, por eso hay veces en las que me gusta tanto la vida.
El café y las conversaciones, ambos me gustan cargados, de ideas, de sentimientos… pero con muy poco azúcar.
Yo me gusto y me aborrezco, a partes iguales. Y, en cierto modo, me gusta no gustarme, porque para mí la vida es aprender a entenderse, y si a los 18 años me comprendiese, creo que ya hubiese recorrido una gran parte del camino.

 

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Hegoi

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Se me da fatal intentar describirme, pero tengo que rellenar estas líneas de alguna forma, allá vamos. Soy un niño 18 años que aún no sabe bien qué hacer con su vida, así que mejor no me preguntes. Acabé en el taller de literatura de rebote, sin saber cuál era mi lugar en una clase así, si es que tenía alguno. Leo, sobre todo en verano; y de vez en cuando escribo, pero poco, y lo poco que escribo no lo suelo enseñar, así que persona que está leyendo esto: siéntete privilegiada. No me gustaría acabar como Hemingway, aunque no me importaría vivir rodeado de gatos.
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  • - 16 mayo, 2018

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