El hombre que quiso matarme, de Shuici Yoshida

Reforzar las similitudes entre un autor desconocido al gran público (si hablamos de Occidente) y otro mundialmente conocido siempre puede resultar una gran estrategia de marketing o una estafa para el lector a la hora de comprar el libro. En este caso no se engaña a nadie cuando en su contraportada se cita a la crítica que lo compara, guardando las diferencias, al novelista sueco de la saga Millennium Stieg Larson. Estamos hablando de Shuichi Yoshida, el Larsson japonés como se interroga The Wall Street Journal, quien se dio a conocer globalmente a partir de 2007 al hacerse con el Mainichi Publishing Culture.

Si entendemos la saga Millennium como una reformulación más elaborada de la novela negra clásica, incidiendo en el carácter taciturno y profundo de sus personajes, Yoshida con El hombre que quiso matarme no se queda atrás. No obstante, y aquí sí que percibimos diferencias, Larsson, además de profundizar en sus personajes, como Yoshida, aunque este primero estilizándolos intencionadamente y el escritor nipón reforzando el carácter verosímil de éstos, busca ahondar en los males de la sociedad sueca respecto a la mujer. En la primera de sus novelas, captamos un claro alegato que denuncia la violencia de los hombres hacia las mujeres, en su segundo tomo, las mujeres vuelven a ser víctimas, en este caso de la opinión pública y los medios, en su resolución en el tercer volumen, se ahonda en el maltrato por parte del estamento judicial hacia la feminidad.  La novela de Yoshida también contiene violencia hacia la mujer, tanto por los hombres como por los medios, no así por la Justicia, sin embargo, la mirada del japonés resulta mucho más caleidoscópica, más interesada en reflejar el estancamiento moral de una sociedad japonesa fallida en sus aspiraciones tanto personales como colectivas a la hora de ser plantearse el simple hecho de ser feliz.

Masao Yamamoto

El relato se sitúa en el año 2001. Si deslizamos nuestra mirada hacia el panorama cinematográfico japonés de los últimos años de los noventa y principios de la primera década del siglo XXI, encontramos un seguido de filmes que tratan de advertir a la sociedad japonesa sobre el declive de sus propios jóvenes, siempre como resultado de la incapacidad de evolucionar de sus propios progenitores. Ahí tenemos por ejemplo la macabra reelaboración de Teorema (1968) de Pasolini encarnado en Visitor Q (2001) del siempre alocado Takashi Miike. Aunque uno de los puntos primordiales en esta decadencia juvenil vendrá de la mano de Internet, quien se originará como un chivo expiatorio que les propondrá la oportunidad de abrirse a nuevas vidas. Series de animación como Serial Experiments Lain (Ryutaro Nakamura, 1998) o películas como Suicide Club (Sion Sono, 2002) o Todo sobre Lilly (Shunji Iwai, 2001) se inmiscuyen en estos nuevos derroteros que lleva a vivir una segunda oportunidad, un resquicio donde abrirse camino y huir de un mundo putrefacto abocado a la violencia.  De eso tratará en parte El hombre que quiso matarme. La estructura de su narración no nos aporta ninguna novedad. Viviremos a partir de un seguido muy amplio de personajes que participan de la narración como avanza el cultivo, la culminación y las consecuencias del asesinato de una joven. La novela se moverá bajo los parámetros de la literatura negra contemporánea, dejando siempre un hilo de misterio y atrapando inteligentemente al lector. No por ello dejará de ofrecernos, casi como si la trama policíaca fuera un mero pretexto, un macguffin que diría Hitchcock, un retrato de la sociedad nipona abarcando todo tipo de estereotipos pero desarrollando su personalidad hacía terrenos verosímiles. Así pues, esta novela, sin atreverse a juzgar, se limitará a mostrarnos un seguido de males endebles del momento, tales como la arrogancia de los jóvenes que han tenido la vida hecha, las consecuencias emocionales del abandono de una criatura, la malsana necesidad de mentir para sentirse realizado con uno mismo, el nivel que ha alcanzado el poder del dinero y la sexualización que lleva a cabo, la desesperación de unos padres incapaces de comprender las motivaciones de sus hijos, el estancamiento laboral, el cerrarse en uno mismo, el uso de la violencia hacia los mayores con fines económicos, la manera de autorreafirmarse mediante el valor de lo material, la manipulación y la preocupante falta de empatía de los medios y el entorno de las víctimas y, sobre todo, la necesidad de construirse una nueva vida con medios, como la red, que hasta entonces no habían sido utilizados para resetear y empezar de nuevo.

Así pues, El hombre que quiso matarme, sin rechazar un solo momento el entretenimiento, busca ahondar en algo mucho más personal, más esencial que la resolución de un simple asesinato, trata de mostrar cuales han sido los motivos de éste, cual es la realidad de un momento convulso, qué males achacan a la sociedad japonesa y qué opciones o esperanzas les quedan para luchar contra una mentalidad establecida.

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Luis Suñer

Luis Suñer

Graduado en Humanidades para hacerme rico, máster en crítica de cine por los cocodrilos caimán y muerto de hambre en general.
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