No puedo más.
Llámame masoquista o, mejor, narcisista.
Condúceme silenciosamente al borde de un barranco
y, una vez allí, grita que me vas a dejar caer.
Recoge mis cenizas y entiérralas bajo un árbol
situado en el rincón más desconocido del planeta
para que nadie se percate de mi perenne ausencia.
Fuiste tú quién me impugnó toda una vida a luchar contra el monstruo
y yo sin darme que cuenta que era el propio monstruo,
quien me estaba enseñando a batallar.
Fuiste tú quién se asombraba de mis intrusivos pensamientos,
siendo tú también quién los alimentaba.
Aquí me tienes.
Por fin, como siempre has querido.
De frente y con el pecho alto.
Rogándote “mátame”.
Ni Judas cometió tal acto de traición como acabas tú de hacer.
Toda una vida de contracción,
pero, por una vez, has tomado una decisión coherente.
Has elegido el mejor momento para revelarte:
cuando sabías que me iba a doler más,
cuando sabías que lo tenía todo por perder.
Quien no tiene nada, nada es lo que puede perder.
Yo nunca he tenido nada, hasta que lo tuve.
Una pena no darme cuenta antes de quién eras,
de que, después de llevarme demasiado tiempo interiorizando
cómo batallar contra el monstruo,
obvié el detalle verdaderamente crucial:
aprender a reconocerlo.
Incluso fallé en pensar que yo podía llegar a serlo.
De nuevo, era el propio monstruo quien me estaba culpando,
mientras sujetaba una pistola con su brazo izquierdo
y rezaba para que no me rindiera,
que yo era más fuerte que todos mis pensamientos y miedos.
En eso tenías razón.
Siempre lo he sido.
Me he obligado a serlo.
Puede que a veces que me hayan consumido
aquellas noches de delirio, insomnio y descontrol,
aunque al final siempre voy yo por delante de ellos.
Tardaré más o menos, pero siempre me supero
y, como voy a ritmo, nunca voy demasiado tarde.
Aquí me tienes.
Por fin, como siempre has querido.
De frente y con el pecho alto.
Rogándote “má-ta-me”.
He podido con muchas cosas y créeme que también puedo
caminar siendo la muerte quien tengo detrás corriendo.
Quizás, ya no tendré tu apoyo.
Ni podré seguir aprendiendo cómo luchar contra el monstruo.
Sin embargo, ya no me hace falta.
Ya no me haces falta.
Si bien en el precipicio,
tengo más libertad volando que con el monstruo a mi lado.
Rocío Celis Cano
Latest posts by Rocío Celis Cano (see all)
- De monstruos y Judas - 17 abril, 2026


Deja una respuesta