Cuando los pájaros extrañan el canto

4. Altxorra-El tesoro

Foto de Pilar Palacios

En un jardín fragante, donde la Luna platea las flores y el viento se hace eco de la fuente siempre constante, solemne y paciente, se estira un manzano. Sobre sus ramas, en el nido, duermen los pájaros entre hojas y plumas, y colgando por debajo, temblorosas, se columpian manzanas de rojo maduro.

En este jardín crecen flores sencillas, se dan  vilanos, margaritas y adelfas que azulean. Más allá del árbol, en el fondo, hay una mesa en madera de roble, y rodeándola, cuatro sillas en silencio. Es un jardín coqueto, en el que los grillos cantan a la luna, le piden atención ahora y cariño para luego. A la fuente, provocadas por el ruido del chorro contra el cuenco de piedra, acuden las abejas distraídas y en noches como esta, se despiertan las estrellas con luz encendida.

Duermen todas las criaturas de sol, excepto una. Se trata de un pájaro extraño, casi subversivo, que ignorando las perezas de sus compañeros pájaros, finge que duerme de pie en su rama. Tiene las alas apretadas contra el pecho e inclina la cabeza. Se pregunta: ¿por qué?, ¿por qué ya no canta? Antes lo hacía desde el amanecer  al atardecer, y a determinada hora, se quedaba quieto, sentado en la silla. Como si algo o alguien lo redujese hasta agotarlo. Luego venía el duermevela, y entre sueños, le oía cantar. Era en esos momentos, cuando sabía que él era pájaro también, que cantaba sin importar el qué, o el cómo. Cantaba porque era su naturaleza. Pero ya no, ya no canta. ¿Por qué ya no canta? Los pájaros que no cantan se caen del árbol y quietos en el suelo, se enfrían. Es así. Los pájaros son de sol y de canto y de primavera y de luz brillante y de jardín fragante. ¿Por qué?, ¿acaso se te acabó el trino?, ¿o ya no disfrutas de la blandura fresca de la hierba?, ¿quizá las ramas que picoteas no son lo suficiente tiernas? Cavila de patitas en la rama, abrigado entre sus alas.

Al otro lado, él tiene los ojos cerrados. Ajeno a todo, al jardín, al pájaro, a la fuente. Se sienta repantigado sobre la silla, se funden, pliegue sobre pliegue. La Luna cuelga ociosa en el cielo estrellado. Es grande, grande. Un asteroide inmóvil de línea curva; blanco ojo, blanco espejo, blanca laguna redonda. Su luz toca sobre un cuaderno de orejas negras y gastadas, que pende sobre la mano tranquila de él. Luego llena el jardín, la mesa, las sillas, la carta sobre la mesa. Todo lo cubre.

Quiere el viento correr bajo las flores. Se hincha, sopla y levanta sus colores. Rachea tan fuerte que los grillos dejan de cantar; la corte de la reina regresa a la colmena y aquí y allá, chocan y se precipitan una o dos manzanas del árbol. Algunos pájaros dan respingos de frio entre sueños, y los polluelos se acurrucan en el nido, pico contra pico. Él en cambio, no siente las uñas frías del viento. Él, se sienta como lo hacen las estatuas y al ser de fibra porosa, deja que el viento encaje sus agujas.

Ya es pasada la media noche, y la quietud se asoma al jardín. Pasa como una madre por todas las habitaciones, y va apagando las luces, diciendo: Tranquilos, id a dormir. Descansad sin miedo, yo me quedo despierta y vigilo que nada os suceda, os lo prometo. Entonces, todos obedecen, excepto la fuente charlatana, ella nunca duerme ni calla. Y de esta manera, se quedan las dos las horas previas al amanecer, y son como dos amantes que esperan al día, charlando y bebiendo la una de la otra.

Viene el Sol por el este y la luna se pierde al oeste. “Hola Sol. A dios Luna, volveremos a vernos”.  El sol, tímido en su nacimiento, trae consigo calor de pábulo que envuelve a las bestezuelas del jardín. Más tarde, se incendia de rojo anaranjado, y derrama su luz sobre la superficie de las manzanas, que tornasolan y la hacen rebotar a otros rincones. El sol pica agradable sobre la piel del jardín, que va despertando.

Amanecen todas las criaturas de sol, excepto una. Se trata del pájaro extraño, casi subversivo, que ignorando la viveza de sus compañeros pájaros, duerme profundo de pie en su rama.

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Julen Urbina Álvarez

Desde hace unos años formo parte del taller literario que se celebra en Deusto los miércoles. Me gusta leer y también disfruto con la escritura.

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Comments

  1. OihanaOihana says

    Un poema precioso, Julen; me parece descubrir por primera vez un jardín, la noche que pasa como una mujer apagando las luces, fijarme en el brillo de las manzanas, en las poses de los pájaros… ¡vaya…!

  2. iñigoiñigo says

    Tienes que ser hijo, nieto, o hermano de Rubén Darío.

    Escrito cuidado y exquisito, pero también natural como los los tiempos de una flor.

    • Julen says

      Gracias Iñigo.

      Qué bueno tocar de cerca a Darío. Ahora debo trabajar para diluir su esencia en mis escritos; y de mientras

      seguir madurando con naturalidad.

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