Joyas ocultas de los museos de Euskadi

 

MUSEO MARÍTIMO-Historia de un naufragio
Entrada general: 6 €. Entrada reducida: 3,5€.

naufragio

Los rostros del ‘Rescate de La txalupa Josephita’, cuadro de Anselmo de Guinea.

 

El Museo Marítimo esconde un tesoro diferente al que ansiaban los corsarios. En vez de oro, contiene un lienzo, pintura y algo de papel arrugado. El director, Jon Ruigomez, cree que el cuadro de Anselmo de Guinea ‘Rescate de La txalupa Josephita’ y la crónica histórica del naufragio conforman una de las piezas más singulares de su colección. Relatan el trágico accidente que sacudió al pueblo de Ondarroa el 2 de julio de 1899, después de una noche de terrible galerna. El yate Goizeko Izarra surcaba las olas cuando su vigía distinguió un mástil roto. «Una txalupa destrozada… se ven hombres alrededor… uno… dos… tres… cuatro», describe la crónica con una agonía exaltada. Cuando alcanzaron el barco a la deriva, encontraron a los náufragos exhaustos, sangrando de las manos, sujetos al mástil y atados a trozos de tablas. Habían soportado cinco horas de vendaval y dos de sus compañeros habían perecido: un muchacho de 14 años y un recién casado de 24.
El barco salvador pertenecía a Ramón de la Sota, uno de los hombres más influyentes de Bilbao. Su amigo, Anselmo de Guinea, contactó con los supervivientes para pintar sus rostros y no dejar que nadie los olvidase. En aquellos años todavía se cantaba un rezo durante los días de tormenta, «tú sabes dar, mar de Bizkaia, a unos honor, y a otros el honor y el último sueño».

 

MUSEO VASCO- Bizkaia vista desde donde transitan las gaviotas extraviadas
Entrada general: 3€. Entrada reducida: 1,5 €.

Bizkaia en 3D..1
Muy pocos poseen el don de la visión espacial. Nuestras referencias geográficas suelen ser vagas y no siempre corresponden a la realidad. La línea del metro de Bilbao, por ejemplo, distorsiona el paisaje que separa la estación de Moyua y la de Plencia y deforma la noción de los valles y de las lomas que conforman el paisaje de nuestra tierra. Casi podríamos pensar que el camino desde Etxebarri hasta Gorliz sigue una línea recta. La maqueta que atesora el Museo Vasco en la tercera planta es una visita obligatoria para aquellos que no se aclaren con los mapas y que hayan olvidado cómo se ve nuestro hogar desde el cielo.
Esta representación mide 18 m de largo por 11 m de ancho y exagera la escala vertical para potenciar visualmente los relieves y evitar lo que los expertos denominan ‘el efecto de aplanamiento’ de los mapas tridimensionales. Su debilidad es quizá la falta de actualización. Uno solo imagina los efectos que se conseguirían hoy en día con las tecnologías digitales y 3D de las que disponemos. Esta maqueta fue construida a la vieja usanza, de la mano Antonio González con la colaboración de Mario Montorio y Pedro Eguia. Cada chapa de madera es una curva de nivel que corresponde a una altura real de 5 m y todo el mapa se divide en dos partes que fueron ensambladas por primera vez en 1970. Gracias a unas pasarelas de cristal, los visitantes pueden caminar por donde habitualmente sólo transitan las gaviotas extraviadas.

 

MUSEO DE ARTE SACRO- El escalofrío de la Virgen
Entrada general: 3€. Entrada reducida: 1,5 €.

El escalofrío de la Virgen2

La Virgen de la Soledad fue tallada para verse desde abajo, como un paso en andas.

El directo del Museo, Juan Manuel González Cembellín, confiesa que suele mirar las cámaras de seguridad cada vez que un visitante se acerca a la ‘Virgen de la Soledad’, de Francisco Asorey. «Los cálices y las pinturas no generan mucha curiosidad, pero cuando alguien pasa cerca de esta escultura, se para. Es una regla que no falla», relata Cembellín, que apareció en el programa ‘Todos los apellidos vascos’. Esta pieza procesal, diseñada para verse desde abajo, se inauguró en 1931 y no gustó nada. «Entonces la iglesia tenía un gusto muy rancio. Querían dramatismo, pero un dramatismo empalagoso», explica el especialista. Más allá de la simbología religiosa, la obra de Asorey se aleja de todo convencionalismo artístico. La rudeza de la textura, las pinzeladas bastas y la estética primitivista le otorga un aura ominosa que todavía hoy sigue inquietando a los espectadores.
La escultura de Francisco Asorey –uno de los grandes escultores gallegos del siglo pasado– no ha perdido su fuerza emocional, «a algunos les encanta, otros la aborrocen y salen espantados», reconoce Cembellín. Cuando el artista presentó esta virgen en 1931, la bautizó poéticamente como Nai de Door (Madre del dolor), quizá adivinando los años que pasaría a oscuras viajando de almacén en almacén, sin que nadie vislumbrase su extraña belleza.

 

MUSEO FOURNIER- Baile de cartas
Entrada gratuita.

 

Cartas de cotillón

Las cartas de cotillón, un capricho de la clase adinerada del siglo XVIII.

 

Un museo tan inusual como el Fournier, dedicado a un hobby tan extravagante como la colección de naipes, siempre entrañará excentricidades. Quizá una de sus piezas más curiosas sea la baraja musical, pasatiempo preferido de la clase adinerada del siglo XVIII. Una partitura del tamaño de una carta, en cuya parte superior izquierda se muestra el palo y el número correspondiente. Un capricho de Félix Alfaro Fournier, nieto del fundador de la casa de naipes y coleccionista insaciable de barajas. En 1970, durante una subasta, adquirió la valiosísima colección de un inglés que decidió vender toda su repertorio de cartas. Entre ellas, se encontraba esta baraja, que incluía un libro de instrucciones con el tipo de baile denominado Cotillón y que variaba según el naipe. No se sabe el precio que invirtió en esta baraja de coleccionista, pero cuando observas las cartas uno casi puede imaginarse esas ridículas veladas de risas melodiosas y vinos derrochados.

Itziar Ruiz de Erentxun, responsable del Museo Bibat, recuerda que en aquella época las cartas eran un exquisitez, «ya estuvieran hechas con papel o elaboradas con plata o pan de oro, cualquiera no podía tener estas cartas, eran un artículo lujo». Y su música no parece haber muerto. El grupo vitoriano Bóreas Cámara grabó recientemente el disco Pack of New Cotillons, compuesto por las 51 piezas que conforman esta baraja.

 

AQUARIUM de Donostia- El nacimiento de un tiburón vasco
Entrada general: 13 €. Entrada reducida: 9 € Niños: 6,5 €

Alitan

Un alitán a punto de nacer en el Aquarium.

 

Si uno pasea por el Aquarium de Donostia podrá ver tiburones y rayas nadando a su alrededor. Encontrará caballitos de mar, medusas y los feísimos rodaballos a ras de suelo. Pero Xabier Lasaga nos recomienda, entre visita y vista, una especie muy poco conocida. “Una de nuestras joyas es sin duda el acuario donde puede verse cómo nace el triburón Alitán en directo”, se enorgullece. Los biólogos se refieren a esta especie como “Scyliorhinus stellaris”, aunque comúnmente se les llame alitanes. A pesar de no ser muy populares, estos pequeños escualos suelen habitar las aguas frías de nuestros fondos costeros y constituyen una de las cuatro especies de tiburones que posee el acuario (toro, pintarrojas, alitanes y toias). Se les distingue por su piel áspera, amarillenta y adornada con pintas circulares de color pardo oscuro.
Los alitanes adultos nadan en el gran tanque del Ocenario, atravesado por un túnel de 360º de visión, que alberga gran variedad de especies cantábricas y atlánticas. Allí se reproducen de manera natural y colocan los huevos que, después, los biólogos recogen y depositan en un tanque especial. En ese tanque, los visitantes observan a los pequeños tiburones alimentarse y, finalmente, eclosionar. Si el espectador es afortunado quizá se tope con las crías recién nacidas, que no alcanzan los 15 cm de longitud. Nada que ver con los gordos y temidos tiburones toro que patrullan el Oceanario.

 

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