Cartas desde el sudeste asiático I

Xin chào Vietnam

Fue al pisar el aeropuerto de Tan Son Nhat cuando conocí a Enric, un catalán que lleva dos años en Tailandia y que durante un mes piensa recorrer Vietnam con Scott, un australiano un tanto nómada que conoció en Tailandia. Con ellos he pasado algo menos de una semana. Seis días que han dado para mucho.
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Llevo casi dos semanas en el sudeste asiático, y a día de hoy escribo desde Camboya, sobre la que os contaré más adelante. Como vengo diciendo, tuve la suerte de conocer a Enric nada más pisar el aeropuerto. Le identifiqué instantáneamente por su mochila con el escudo de un equipo de Barcelona. Le propuse compartir un taxi a la zona de mochileros de Ho Chi Minh llamada Pham Ngu Lao y él sabía de un autobús que conectaba el aeropuerto con esa zona, por lo que ganó esa opción.
Después nos encontraríamos con Scott, que ya lleva cuatro meses en Saigon, lo cual supondría una gran ayuda para saber cómo hacer las cosas por aquellas tierras. Su idea era recorrer Vietnam en moto; desde el sur hasta el norte. En Vietnam el medio de transporte más utilizado es ese de las dos ruedas; por eso, y a pesar de que jamás había cogido una moto en mi vida, me uní a su plan por unos días, ya que luego tiraría por mi cuenta.
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Pagué unos seis millones y medio de Dongs, (unos 220 Euros) por una Honda Dream de 100 CC que, con el permiso de Alberto Granado, he bautizado como La Poderosa II. Montado en ella y junto a Scott y Enric conduciendo sus respectivas motos, fui desde Ho Chi Minh hasta Vung Tau. Tras pasar un par de noches allí, me separé de ellos y volví a Saigon, donde tuve que pernoctar de nuevo si quería llegar a la capital de Camboya lo antes posible.
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Por ahora, me ha dado para ver que Vietnam mola. Mola, y mucho. Además, cada uno puede confeccionarse el Vietnam que quiera. ¿Quieres hacer como que no has salido de casa? – Hay Vietnam para ti. Cutre y fuera de lugar, pero haberlo haylo. Duele encontrarse con cafeterías o hamburgueserías multinacionales teniendo en la esquina de enfrente un garito con sillas de plástico donde tomar un rico iced cofee  acompañado de la ruleta rusa de las diarreas que acarrea el hielo con el que lo sirven o unos suculentos noodels en cualquier sitio, servidos por una señora que no parará de asentir, sonreír y decir cosas en Viet a pesar de que uno no entienda una mierda. El juego está en ser un vietnamita más o al menos morir en el intento. (Tranquila ama, es una forma de hablar)

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Jon Hervás

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