Literatura, pasos (hacia la meta)

Fotografía de Lara Zudaire

Fotografía de Lara Zudaire

Abrimos con una cita: “la literatura es el país de la imaginación, y las historias, en cualquier forma que se presenten, son reflexiones sobre la vida” Paula Fox, escritora americana y, ¡qué casualidad!, abuela de Courtney Love.

El principio fue en la infancia (y fue el verbo, la palabra). Fue la historia narrada, fue una vez que Martín estaba subido a la higuera y pasaban los visitantes que no se apercibían de su presencia. Y fue así que pasó también el diablo disfrazado y Martín oyó que hablaba de una capa que hacía invisible, o de un tesoro escondido (puede que esté mezclando dos cuentos distintos, dos cuentos tradicionales recogidos por Barandiarán o Azkue). Martín escribe una bonita y literaria carta (en inglés) a su profesor en Manchester (véase el artículo Collected letters of Ian Pople and Martin), y cuenta cómo observaba a los visitantes en el (idílico) valle de Oma. El punto de partida, los primeros pasos hacia la meta, hacia la (meta) literatura.

La literatura es alguien que coge un libro y se lo lee. O más pragmático, en un mundo donde las habichuelas no son mágicas (así fue como lo dijo Javier Calvo) la literatura es un tipo que compra un libro y se lo lee. La literatura es alguien que observa la vida y lo escribe (porque entre otras cosas si no está escrito, no ha sucedido). La literatura son dos, la que escribe algo y el que lo lee (con sus variaciones de dos elementos tomados de dos en dos). La literatura es filosofar (deinde), después de vivir (primum).
Antes de escribir, el autor, casi siempre, leyó. Libros, libros, libros. Y luego los olvidó. Como dice Pierre Bayard en su clasificación de los libros: están los libros desconocidos (la inmensa mayoría), los conocidos por referencias (en otros libros, por amigos), los ojeados y los olvidados. Estos, los olvidados, son, con el tiempo, todos los leídos (salvo en lectores excepcionales, Funes el memorioso y similares).

Después el autor escribió sus libros, muchas veces sobre su tema favorito, el tema del que más entiende porque le ha dedicado su vida, porque el tema es él, el escritor que lee y escribe. Y a los lectores nos gusta. Nos zambullimos en ese mundo paralelo de los libros, que nos susurran y nos acunan, y donde un libro lleva a otro y un autor trae a otro del brazo y las citas se encadenan y nos envuelven en su red de palabras.

Sí, pero, En este largo camino (hacia la meta-literatura), similar al de Groucho Marx (desde la nada a las más altas cotas de la miseria) cerramos con otra cita: “las palabras son redes a través de las cuales toda verdad escapa”. Paula Fox, escritora americana, abuela de Courtney Love.

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Javier San Salvador del Valle Zarrabeitia

¡En Bilbao! Nací en Bilbao, en 1955. Estudié Ingeniería de Telecomunicaciones en Madrid y llevó 32 años trabajando de ingeniero de producción en Euskal Telebista. No tengo Facebook o Twitter. Sí que mantengo desde hace unos años dos blogs: “Duroderroer” con pequeños textos sobre todo y sobre nada, y “Voy cruzando el río” donde anoto libros que leo y comento algunas películas.

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Comments

  1. iñigoiñigo says

    Este verano estuve en Moguer, en la casa donde pasó su infancia Juan Ramón Jiménez. En la primera planta, nos dejaron un rato solos en su biblioteca y descubrimos el sello de “leído” en muchos de sus ejemplares .Un inventario.

    A partir de un momento, uno se olvida de lo leído, de lo estudiado. Es muy difícil olvidarse de lo amado, pero no lo es tanto olvidarse específicamente de por qué amamos determinado libro. Frágil es la memoria. Hay muchas palabras, demasiadas. Palabras revoloteando que a menudo no salen, pero que sabemos que podrían ser el principio de nuevas historias.

    Marcar en los libros de uno leído. Recurrir a un sello para saber de lo que hemos comido. Esta navidad me regalaron un sello. Oficialmente llevo tres o cuatro libros desde entonces. El resto de mi biblioteca permanecen ajenos, soy un desmemoriado y los miro con hambre.

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