Los cuatro deseos (a Paule)

Si no está entre los cuentos de las mil y una noches, lo deberían
incluir. O quizás tenga algo que ver con la transmigración de las almas. Es
la idea de que de cuatro deseos que una persona de alma limpia deja sin
cumplir en vida, al menos uno se cumplirá después de su muerte; y no solo
eso sino que redundará en beneficio de otras personas de alma limpia.
Requisito indispensable por ambas partes: el alma limpia, honesta o
íntegra; puede que un poeta dijera prístina.

El primero de los cuatro deseos es, era, aprender a tocar el ukelele.
Aclaro que me estoy refiriendo a la más cercana a mi corazón (the closest
to my heart). Y también aclaro que cuando digo “deseos” no aludo a
ensoñaciones, fantasías o vagas intenciones sino a proyectos que estaban
ya de alguna manera en marcha. Y el ukelele ya lo tenía. Alguien podría
quizás aportar más datos del cómo y del por qué. El ukelele, uno de los
instrumentos musicales más simpáticos, y que parece que combina bien
con una chica. La nostalgia del futuro me ha llevado a buscar en Youtube.
Recomiendo escuchar (cito, pag 62 “…las canciones bonitas, los bailes, las
risas…”) a Katie Norregaard interpretando versiones con ukelele de temas
de “La La Land”

El segundo deseo era tirarse de un avión en paracaídas. También era
un deseo en proceso de cumplimiento. En su último cumpleaños su
hermana le regaló un “vale por un salto”. Eso de tirarse al vacío era una
constante de la plus chère à mon coeur. Lanzarse sin miedo como alegoría
de experimentar, conocer de primera mano esto y lo otro. Tal vez todo
empezó cuando con doce o trece años se montó en el Dragon Khan de Port
Aventura y, enganchada, repitió cuatro o cinco veces, hasta que hubo que
irse. En adelante no cejó de viajar en (cito pag 101) “el Dragon Khan de la
vida”.

El tercer deseo era viajar a Italia. Lo expreso así como si fuera un
titular, pero hay que detallar. Ya había estado en Italia un par de veces
(cito, pag 13 “en algún lugar de la provincia de Bolonia”), en este caso se
trataba de un viaje a la Costa Amalfitana de la più vicina al mio cuore
acompañada por su novio. Billetes de avión y reservas de alojamiento ya
tramitadas. También tenía un encargo, traer una piedra de recuerdo. Estoy
viendo esa piedra esperando en la playa. Una piedra pulida por los siglos,
de color gris oscuro con una veta ocre en forma de rayo.

El cuarto deseo era publicar un libro. También en este caso nire
bihotz bihotzekoa había hecho los deberes, el texto estaba esperando en
una carpeta y también en formato digital circulando entre sus amigos. Solo
hacía falta un pequeño impulso y el cuarto deseo se convertiría en realidad.
Y se convirtió. Y como (cito pag 50 “…no se puede tener cáncer de alma”)
tenía el alma limpia, tenía el alma fieramente humana (gracias Blas);
también se ha empezado a cumplir la última parte, el efecto positivo,
balsámico, en las personas de alma igualmente limpia, honesta, integra,
prístina. Y me parece que seguirá pasando (léase desde pag 13 “Es guapo”
hasta pag 260 “Vivir”).

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Javier San Salvador del Valle Zarrabeitia

¡En Bilbao! Nací en Bilbao, en 1955. Estudié Ingeniería de Telecomunicaciones en Madrid y llevó 32 años trabajando de ingeniero de producción en Euskal Telebista. No tengo Facebook o Twitter. Sí que mantengo desde hace unos años dos blogs: “Duroderroer” con pequeños textos sobre todo y sobre nada, y “Voy cruzando el río” donde anoto libros que leo y comento algunas películas.

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